RAFAEL "WENZEL" NÚÑEZ MOLEDO

Por: Mario Andrés Huertas

 

En este mismo medio Jonathan Fernando Delgado Medina ha planteado, en “De José Eusebio Caro a Don Miguel Antonio Caro: Un Legado Nacional”, que en la historia de la Regeneración, Caro se impuso sobre Núñez. No sé si pueda rebatir dicha tesis, pero me atreveré a plantearle al columnista, a manera plutarquiana, que se me permita hablar de la otra cara de la moneda. Los lectores tomarán su decisión.

 

Rafael Wenceslao Núñez Moledo nació un 28 de septiembre de 1825 en Cartagena y moriría allí mismo un 18 de septiembre de 1894. La circularidad entre su nacimiento y su muerte es de una singularidad como tantos hechos que rodearon la vida de este misterioso personaje que hizo de El Cabrero su cuartel, guarida, y refugio. De ahí, que seguramente haya pensado que “a esta ciudad le debo el haber muerto y el haber vivido muchas veces”.

 

Nada en la vida de Núñez puede explicarse sin La Heroica cuyo espíritu histórico se define por algunos nombres como: Pedro de Heredia, Blas de Lezo y Pablo Morillo, quienes, delineando una serie de acontecimientos, hicieron de la arquitectura de esta metrópolis, auténticamente romántica en todo el sentido que le quepa a esta palabra, un hito inexcusable para comprender la historia nacional.

 

Su vida familiar se definió entre un cierto abolengo provincial y mucho de aire marcial. Dolores Moledo y Francisco Núñez García fueron los padres de este silencioso, distante y melancólico niño que ha sido descrito por muchos novelistas como débil, enfermo y apagado; explicado así, y en gran medida, que haya desarrollado más su vida interna dedicándole muchísimo tiempo a la lectura, al pensamiento y a la reflexión.

 

Surgiendo así, una atracción muy temprana por la poesía, en especial, francesa y española cuyos exponentes como Hugo, Lamartine, Chateaubriand y Zorrilla, según muchos escritores, serían la inspiración para que naciera, a su manera, un bardo llamado Wenzel, a quién los nicaragüenses tienen en tan buena estima por su estrecha relación con Rubén Darío. Para nosotros los colombianos, su mayor poema tiene música propia y es nuestro Himno Nacional.

Núñez no quería, como toda alma noble, ser un hombre común, un hombre normal. A pesar de su frágil figura, Wenzel había nacido, como dijo cierto escritor italiano, con la enfermedad de la grandeza.

Prematuro en muchos aspectos de su vida, incluyendo el académico, a los 15 años ya era bachiller y cinco años después recibiría el título de abogado.

 

Precisamente, el año de 1840 fue decisivo en su vida porque al estallar la Guerra de los Supremos se alistó como voluntario en los ejércitos rebeldes del general Francisco Carmona donde conocería a su ínclito secretario que resultaría siendo nada más y nada menos que: Manuel Murillo Toro. Esta misma conflagración lo pondría en la línea de fuego frente a su propio padre quién defendía, por su parte, al gobierno del presidente José Ignacio de Márquez.

 

Como joven abogado, Núñez fue una promesa que cumplió más allá del título, pues, hizo del derecho apenas una forma de subsistencia económica sin ser el epicentro de su existencia. Como vamos viendo, a medida que su alma crecía con el paso de los años, el que sería conocido como "el solitario de El Cabrero" veía florecer en su alma la poesía, la política y, después, el periodismo. Era, para estos años, el estadista en ciernes.

 

Wenzel, o el demonio interno de Núñez, fue tomando rápidamente posesión de un alma atormentada, ambigua, contradictoria que buscaba de manera desordenada el sentido último de su vida. Pero, no cualquier sentido. Núñez no quería, como toda alma noble, ser un hombre común, un hombre normal. A pesar de su frágil figura, Wenzel había nacido, como dijo cierto escritor italiano, con la enfermedad de la grandeza.

 

Estos años de turbulencia interna se vieron reflejados cuando hizo del amor una fuga y una serie de actos que lo harían, a los ojos de sus enemigos, un canalla con las mujeres. Y a pesar de ser conocido como "el feo Núñez" fue correspondido en muchas ocasiones. Cuenta la leyenda negra que fruto de ese amor fue su primer hijo que abandonó fugándose a Panamá en donde conocería posteriormente a Dolores Gallego, cuñada del mismísimo José de Obaldía, quién sería su primera esposa y la puerta de acceso a la política regional.