VENEZUELA Y EL VIRUS DEL COMUNISMO

Por: Eduardo Flores

 

El comunismo es la peor de las pandemias, es la ideología que ha generado más muertes a nivel mundial, ha puesto en jaque decenas de democracias y modelos económicos. Según la RAE, una pandemia es una “enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región”, en este sentido, el comunismo clasifica como una pandemia, es una enfermedad que se extiende y se expande atacando toda una región, tal cual como sucede en Latinoamérica, y como ha iniciado su llegada al viejo continente con su entrada vigorosa a la madre patria, España.

 

La enfermedad es la izquierda, un cáncer que una vez hace metástasis parece imposible de frenar y evitar su propagación, un cáncer que contamina todo lo que toca y se convierte en una amenaza de muerte, en dolor, agonía y sufrimiento; en humillación, coacción y condicionamiento. Rompe todo individuo e institución en pro de un aparente beneficio colectivo. Primero el Estado, segundo el Estado y tercero el Estado, y luego, si queda algo, en forma de migajas y miserias darlo a los demás, a la sociedad.

 

En Venezuela el virus llegó para quedarse, apareció en aquella generación del 28 y se consumó a finales de la década del 50. Posterior a ello, se insertó a nivel constitucional en 1961 tras la promulgación de la nueva constitución, consecuencia del pacto de punto fijo y el inicio del bipartidismo formado por Acción Democrática y Copei, partidos de centro izquierda, o socialistas ligeros que le abrieron las puertas y recibieron con gran algarabía al virus, para luego radicalizarse y llevarnos al comunismo con la aparición de Hugo Chávez a finales de los años 90 e inicios de los 2000.

 

Hoy en Venezuela el virus se expandió, tras 60 años de inCUBAción y ahora, lo tenemos en todas sus fases, vertientes, colores y modelos, lo tenemos entre nosotros, conviviendo con el cuidadano, estando presente en la sociedad y ahora, más que nunca, continúa haciendo de las suyas, con gran rapidez y efectividad, superando todo récord y produciendo un ambiente enrarecido, una anormalidad absurda que tenemos que enfrentar en el día a día. Sí, el venezolano promedio actúa por inercia, de manera automática y se adapta a cualquier cantidad de tragedias que se le vayan presentando, es decir, el venezolano, ya no vive, sobrevive por instinto.

 

Como Venezuela no ha podido deshacerse del virus, estamos en un periodo de oscurantismo sin par en la historia, los servicios no funcionan o son inexistentes, la economía no para de caer y nuestra moneda no tiene valor alguno. Ni hablar de la educación y la salubridad, totalmente decadentes. Este es el reino de la miseria, Venezuela es un país perdido, donde solo se lucra, crece y avanza quien está dentro de los negocios más rentables que propone el Socialismo del Siglo XXI, que son: ser “opositor”, ser del régimen o ser narcotraficante, lo que muchas veces converge. En otras palabras, lo único que da lucro y remuneración de manera incluso exorbitante es estar en el sistema, el sistema político de izquierda conformado ahora por MADURO (PSUV) y GUAIDÓ (MUD).

 

Este virus jamás se debe subestimar, pasar por alto o darle la ley de la ventaja; jamás se le debe dejar avanzar y que pase sus primeras fases -si Latinoamérica tiene ojos, que vea-, al virus hay que erradicarlo de raíz, liquidarlo y eliminarlo, solo así se podrá crecer.

 

Es nuestro deber el advertir lo peligroso y letal que puede ser, es nuestra labor prevenir a todos nuestros pueblos hermanos sobre el verdadero virus que acaba con todo a su paso.

Foto: CCNesnoticias