USURA Y MATERIALISMO, EL VERDADERO VIRUS

Por: Miguel Ángel Lloveras Naranjo

Como es una situación actual, y todos pretendemos dar una respuesta a los interrogantes que nos causan incertidumbre y miedo, para poder tener control sobre los mismos y prevenir que no vuelvan a pasar; creo que es una oportunidad propicia para detenernos y revisar un poco la tarea que estamos haciendo, si estamos haciendo lo que debemos y cuáles son los medios que estamos empleando para eso.

 

El Coronavirus ha sido sólo un detonante de los problemas que estamos llevando como “civilización”. Es llamativo ver cómo estamos doblegados socialmente, no en términos locales y geográficos, sino como situación histórica del hombre. Luego de tantos avances, de tanta genialidad humana, nuestros sistemas de funcionamiento “robustos” se han visto atacados en la médula, pero no por un virus biológico, que reitero es un detonante que manifiesta problemas, sino por algo más complejo y difícil de identificar, que tiene como fundamento al hombre, y que en este artículo me limitaré sólo a dos problemas que veo son cruciales, el materialismo y la usura.

 

Sí, nosotros somos los causantes, así sea de modo remoto, de los acontecimientos que estamos viviendo con la propagación del COVID-19. ¿Crisis económica, miedo, angustia, desesperación, incertidumbre, aislamiento? Pero ¿qué tiene que ver la pérdida de empleo, la pérdida de empresas, del sustento y futuro de tantas familias? Tiene que ver con que hemos fundamentado nuestro desarrollo como sociedad en pilares poco estables, como si fuesen fines en sí mismos, capaces de dar respuesta al hombre en sus circunstancias cotidianas.

 

El primero a tratar es el materialismo, identificado principalmente con el dinero, como si fuera un fin en sí mismo y no como un medio para la creación de oportunidades y de máximo esplendor social. Y el segundo, la usura, el hacer las cosas porque eso me retribuye de alguna forma, dejando que en nuestra sociedad haya muy poca gratuidad en lo que hacemos; si realizamos un favor, esperamos tenerlo de vuelta, como un activo que aún no se ha cobrado, porque todo lo vemos en términos lucrativos, así no sean monetarios; incluso las relaciones humanas, en la misma vida familiar.

 

Estamos donde estamos por las grandes empresas, eso no se le puede desconocer a los empresarios del mundo, solo que, debemos ser conscientes de que hemos convertido un medio en un fin, lo cual ocasiona una gran cantidad de desórdenes y de injusticias. Porque, ¿dónde están las grandes empresas que deberían apoyar a la humanidad en estos momentos (hay muchas y lo están haciendo), no hacen parte de la sociedad, o son entes ajenos?¿No estamos viendo más bien mujeres y hombres que se han puesto las batas y los gorros para salvar tantas vidas y que forman “empresas humanas”?¿Dónde están los emporios que han logrado tanto con nuestro dinero, que han salido adelante porque les hemos dado la confianza?¿No deberían ellos entrar al juego y ayudarnos a estabilizar la economía y la sociedad, como parte de la misma, o sólo se han de limitar a los aspectos monetarios?

 

Y he aquí uno de los temas más importantes, y es la concepción de empresa que estamos generando, centrada en lo material, en lo cortoplacista. ¿Las empresas están para generar dinero, limitando las grandes redes de comunicación y de desarrollo que hemos construido, limitando la grandeza de la humanidad a generar ganancias? ¿No será más bien, que las empresas deben trabajar para la sociedad, para la edificación de un entorno habitable, limpio, en miras a la innovación y al desarrollo de la sociedad, de nosotros como personas individuales? Claro, el dinero es fundamental para construir, para innovar, para crear, no se puede hacer nada sin las herramientas necesarias; pero no podemos poner como fin último para una empresa el capital, debemos poner a la persona en primer lugar.

 

Llevamos así nuestros objetivos a la verdadera innovación, al verdadero desarrollo. Las grandes empresas innovadoras, si desean tener un verdadero impacto en el consumidor, no tienen como primera meta el dinero o cuánto desean ganar, sino la solución de una necesidad en el cliente o consumidor final, luego hacen un planteamiento económico para lograr capitalizar esa necesidad, de modo viable, pero siempre primero la persona.

 

El Materialismo, es el primer virus humano que no hemos sacado de la médula social. No se entiende que el primer rubro para un recorte de gastos o de costos sea el de personal. Craso error, el mensaje que se está dando a nuestros colaboradores, los primeros clientes que hemos de cuidar porque son la cara de nuestro negocio, es que nos interesa más el dinero y los bienes materiales que las personas. Ante este panorama, las personas sólo tienen una opción, asumir que la empresa no los quiere, aunque muchas cosas de bienestar tengan, y esperar a que salga una oportunidad laboral antes de una carta de despido. Así no creo que se construya la confianza, así no pasará lo que pasó con Avianca® en estos días, donde los empleados propusieron tener una licencia no remunerada. Me pregunto: ¿Tiene lógica que los empleados pongan su bienestar por debajo del bienestar de la empresa; haría esto la empresa cuando se cambien los papeles, poner su beneficio propio por debajo de sus empleados?

 

Como cosecha personal, veo que es necesario que salgamos del efecto “Monopoly” en el que nos encontramos, y que en otra ocasión desarrollaré; hay empresas que han sido concebidas para generar dinero a costa de sus empleados, de sus clientes, de sus competidores, sin una competencia sana y colaborativa y, pierden el máximo potencial que pueden llegar a tener, ser el motor de la sociedad, la fuerza de crear cosas inimaginables, de mantener la seguridad y la esperanza de tantas familias que han puesto su confianza en un nombre, en una marca; pero, no sólo a unos pocos, sino a todos los que poblamos este planeta. Sé que muchos empresarios lo tienen claro, pero no sobra decirlo: cuando una empresa contrata a su personal, no contrata máquinas, no contrata sólo a la persona que se ve representada en un carnet; está contratando a una familia entera, está siendo depositaria de sueños, de aspiraciones, de crecimiento personal, marital, familiar, social.

 

Ante todo este planteamiento, qué propongo: Que las empresas sean conscientes de que son motor de la sociedad, que tengan en primer lugar a las personas, quienes les colaboran y quienes les pagan por un bien o por un servicio. Que trabajen y crezcan con su competencia, creando nuevos mercados, abriéndose a nuevas oportunidades de creación y de desarrollo, no limitándose a torpedear la tarea del otro, sino siendo mejor que ella y exigiéndose al máximo, para sobrepasarla con grandeza, no con bajeza. Y por último, que confíen mucho en su personal, porque es el verdadero motor del crecimiento, si se saben queridos, si se saben valorados por lo que son y por lo que aportan. Un colaborador comprometido, ve a la empresa donde trabaja como la esperanza de sus sueños, ilusiones y metas, no como una cámara de tortura de la que hay que salir cuanto antes.