UNA TAREA PENDIENTE

Por: Laura Coll Rullán

 

Licenciada en Pedagogía Infantil de la Pontificia Universidad Javeriana

Magister en Política, Gestión y Dirección de Organizaciones Educativas de la Universidad de Valencia

 

Como decía Einstein, “la crisis es la mejor bendición que puede sucederle a las personas y los países, porque la crisis trae progresos”. Pues bien, esta crisis traerá un progreso enorme al sistema educativo que conocemos actualmente, eso sí, tenemos que enfocarnos en ver esto de una manera holística, identificando las necesidades sociales actuales y comprobar si el sistema responde a ellas. De esta manera podemos ver la crisis como una oportunidad de mejora.

Los jardines infantiles y los centros escolares son el mayor foco de propagación del virus, así lo menciona el ministro de salud el Dr. Fernando Ruiz Gómez y como lo problemas nos llevan a buscar soluciones, hemos trasladado temporalmente nuestras sedes escolares a las aulas virtuales. Gracias a las múltiples plataformas no tendremos que aplazar los cursos escolares, es una solución inmediata, pero no podemos estar encerrados para siempre.

En estos momentos debemos evaluar si el currículo responde a las necesidades actuales de los estudiantes. Nos hemos dado cuenta de la importancia de las TIC, tanto en el campo pedagógico como laboral, y lo atrasados que estábamos en su implementación. Dado que el confinamiento va para largo y que nuestra vida social cambiará, la educación deberá adaptarse, en principio incluyendo la tecnología y más adelante reflexionando sobre los protocolos, la cantidad de alumnos que se podrá tener en las aulas y hasta la forma en la que deben desplazarse e interactuar los agentes educativos.

Esto es un trabajo que nos concierne a todos, empezando por los colegios que deben evaluar la madurez digital de su centro escolar para hacer los ajustes necesarios, seguido del Ministerio de Educación Nacional (MEN) que ha de evaluar si las políticas públicas que rigen la maya curricular responden a las necesidades actuales, entre ellas las digitales, y de no ser así, realizar los ajustes pertinentes. No vendría nada mal una buena coordinación entre el Ministerio TIC y el MEN.

Por otro lado, Ya no hay un profesor pendiente de que los estudiantes estén tomado notas en clase, que llame la atención cuando están distraídos, o que confisque el celular. Los docentes ya no estarán en el recreo para resolver las dudas. Ahora el papel de los estudiantes debe ser más activo, pues son ellos los que manejarán su propio tiempo, quienes van a tener que desarrollar su habilidad para resolver los problemas y ahora sí, deberán aprender a aprenden.

A corto plazo, nos encontramos con varios retos; primero que los docentes y estudiantes tengan acceso a internet; segundo que los alumnos hayan desarrollado las habilidades TIC mínimas para acceder a las clases virtuales (manejo de la interfaz, navegador, acceso a plataformas, etc.); tercero que se otorgue el material académico pertinente; cuarto, evitemos caer en las clases magistrales tradicionales; quinto, y más importante, que nuestros alumnos sean capaces de autorregular su propio aprendizaje. Si bien hemos avanzado en los tres primeros, todavía falta en los dos últimos.

Los docentes tenemos que empezar por el principio si queremos que el aprendizaje en nuestros alumnos sea real y a largo plazo, no podemos dar por sentado que todos los estudiantes son independientes y que tienen todas las herramientas. Tampoco podemos esperar que los padres sean los responsables absolutos de este proceso, ni que vigilen constantemente a sus hijos, cuando están trabajando más ahora que antes del confinamiento. Es el momento de trabajar juntos para dotar a nuestros estudiantes de responsabilidad, autonomía y enseñarles habilidades metacognitivas.

Hay que guiar a nuestros alumnos para que aprendan a aprender, que cada persona es diferente y no aprendemos de la misma forma. Debemos ofrecer herramientas de apoyo que les permitan investigar y estar motivados, demos un par de clases de neuroaprendizaje y veremos como se potencializa el rendimiento de nuestros alumnos. Por último, hago un llamado a los docentes y directivos para que no volvamos a caer en las clases magistrales, que el hecho de usar una video llamada no es innovar.  En estos momentos es cuando se pone a prueba nuestra creatividad y nuestra capacidad de resolver problemas.