LA URGENCIA DE UNA NUEVA DERECHA EN COLOMBIA

Por: Jair Peña Gómez 

 

La derecha en Colombia recibió un disparo mortal por un bando que consideraba aliado.

 

No fueron Petro, López, Santos o Robledo quienes acabaron con la esperanza de consolidar un proyecto de país donde las libertades civiles y económicas fueran respetadas, donde el modelo de libre mercado aunado a una institucionalidad fuerte lo llevara por la senda del desarrollo, donde un Gobierno limitado pero eficiente supiera responder a las necesidades de una nación que aún no encuentra la fórmula para la superación de la pobreza -y que sigue dejándose seducir por los cantos de sirena del más rancio socialismo-, donde los valores morales y una sociedad vigorosa hicieran frente a la corrupción e ineptitud de tantos y tantos gobernantes, de tantos y tantos licitantes, de tantos y tantos burócratas, de tantos y tantos cómplices.

 

No fue la izquierda liberal-progresista quien privó a la derecha colombiana de gobernar con suficiencia e inteligentemente, el golpe vino de un bando aliado; no se le puede llamar traición, pues “soldado advertido no muere en guerra”, dicen, pero cuando no se trata de un soldado sino de un batallón sin unidad de mando la situación se hace compleja. Iván Duque nos advirtió que era de extremo centro (cualquier politólogo sabe que tal cosa no existe), él mismo disparó el arma y quien yace moribunda es la derecha colombiana.

Qué profundo daño le hizo Álvaro Uribe al país apoyando a Santos y qué débil favor eligiendo a Iván Duque, "el ungido", quien parece no escuchar a nadie distinto a sus opositores. Su altísima impopularidad se debe primero a su probada ineptitud para gobernar, y después, a dar la espalda a la decena de millones de votantes que lo colocaron en la Casa de Nariño.

 

En aras de la claridad, quien escribe no es un antiuribista, por el contrario admira y  respeta al expresidente Uribe, y sabe que él es el primero en ser consciente de que es hora de dar un paso al costado.

El Centro Democrático parece y perece impotente a la hora de revertir los hechos, agoniza. El Partido Conservador es un cadáver insepulto que ni suma ni resta, y del cual lo único rescatable es su doctrina. Cambio Radical (el más liberal de los tres) es un foco de corrupción que hiede, y del que echan mano las administraciones de turno sólo cuando se "requiere", es decir siempre. ¡La derecha colombiana está huérfana!

Existe la urgencia de una nueva derecha en Colombia, una derecha que no rehuya a los debates de fondo, una derecha que no le tema a la corrección política, una derecha informada y pensante, una derecha que sepa hacer frente a la dictadura de las minorías y a la homogeneización de la prensa liberal-progresista. El país necesita escuchar alternativas reales al consenso de lo que Álvaro Gómez Hurtado llamaba El Régimen, ese "sistema de compromisos y de complicidades que está dominando la totalidad de la vida civil", el país necesita que se enriquezca el debate público, el país necesita que se rompa de una buena vez con el miedo al disentir, a pensar distinto.

Esa nueva derecha, por supuesto, requiere alejarse de la falsa o de lo que Santiago Abascal denominó en España "la derechita cobarde". Se precisan líderes (no figuritas), personas que dirijan y aglutinen las energías nacionales para que pueda convertirse en una posibilidad seria la conformación de un movimiento político. Quien debe estar en cabeza de dicho movimiento es sin duda Rafael Nieto Loaiza, un conservador genuino, que defiende las instituciones republicanas, el Estado de derecho y comprende la importancia de una economía libre. No obstante debe creérselo, es menester que se desmarque de Álvaro Uribe Vélez y del Centro Democrático, que sí, con gratitud, pero sabiendo que si no abandona el barco que se hunde, se hundirá con él la posibilidad de hacer frente a la centro-izquierda que se tomará el poder en 2022.

De esa nueva derecha deben ser partícipes Samuel Hoyos Mejía, Miguel Gómez Martínez, José Miguel Santamaría, Ruben Darío Lizarralde, Vanesa Vallejo, Camilo Noguera Pardo, Cristian Rojas (ilustre desconocido y probablemente el ideólogo conservador más importante de la actualidad), y así como ellos, muchos otros, todos los colombianos que puedan y quieran aportar a la restauración política del país.

Apostilla: evitar fanáticos de extrema derecha e infiltrados es indispensable, el movimiento debe ser de derecha conservadora-liberal, es decir, humanista, civilista, patriota y republicana, lejos de los fanatismos de los filofascistas y neonazis que, aunque parezca ridículo, abundan en Colombia.