DE JOSÉ EUSEBIO CARO A DON MIGUEL ANTONIO CARO:

UN LEGADO NACIONAL

Por: Jonathan Delgado

 

"Lo inédito es lo mejor que yo he escrito, y lo que más fama debe acarrearme".

Carta a R. J. Cuervo, 18 de enero de 1883, en Epistolario.

 

El contexto histórico de la familia Caro es complejo, pues su escenario humanista gravitó según varios autores y biógrafos, en los románticos del siglo XIX de Colombia, quienes se encontraban separados por cuestiones filantrópicas en dos grandes grupos, el primero de ellos fue denominado los “Gólgotas”, y dentro de sus exponentes se encontraban personajes como José María Samper, Manuel Ancízar y Manuel María Madiedo; paralelamente y en segundo lugar, no menos importante,  algunos se refieren a los “Románticos Republicanos”, donde encontramos a hombres como don Justo Arosemena, José Manuel Groot y José Eusebio Caro; tal y como lo indica Gerardo Andrade González en “El pensamiento filosófico de José Eusebio Caro”, lo que si queda evidenciado es que de una u otra manera,  el fundamento de la identidad nacional de Colombia, se inicia con la aparición de estos nobles hombres.

En el caso de Don José Eusebio Caro hay que destacar que logró lo impensable, contrastó con mucho éxito las ideas de la escolástica muy bien fundamentado por pensadores como Suárez, Balmes y Donoso Cortés, este último seria influjo en varias obras del constitucionalista y gran expositor alemán Carl Smith como lo expone Gabriel Moreno González en su ensayo: “Donoso Cortés en Carl Schmitt. La influencia del filósofo extremeño en el decisionismo político del jurista alemán”.

José Eusebio Caro consiguió con gran maestría cuestionar los argumentos materialistas de Bentham,; Darwin y Kant, un logro sin precedentes para un pensador criollo, tal vez el precursor del constitucionalismo mestizo, demostrando dos percepciones del mundo, el “naturalismo mecánico” frente al “naturalismo cristiano”, y gracias a esa labor intelectual encontró un “modo” permanente en la forma de ser de cultura hispano-colombiana, una interpretación de la esencia permanente de Dios, como fin y verdad en la tierra de Bolívar.

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Pero como todo buen hombre, contemplo su entorno, y la realidad de los iusnaturalistas, y como intelectual era conocedor de la obra Schelling, Oken, Steffens, respaldo intelectual suficiente que alimento la genialidad del humanista, quien prefabricó con gran maestría conceptos sobre temas como la vida individual, social, y de la vida como especie, engranándola con una justa relación necesaria con el tiempo y el espacio, algo nada minúsculo para un pensador posneogranadino.

Lo anterior marcó su pensamiento político, sentó las bases de asuntos tan sensibles como lo eran el poder y el ejercicio del mismo, y muestra la ostentación de quien lo tiene y quien lo ejerce, adicionalmente caracterizó el modo de ser y el de ocupar espacios por parte de los sujetos.

Quizás mis breves y anodinos comentarios no resulten más que en eso, un comentario marginal de un legado, parafraseado, gracias al apoyo de algunos autores más juiciosos, pero lo que sí está claro, es que su forma de pensar fue legada a su hijo Don Miguel Antonio Caro. Y, es a este último a quien el país y la obra conservadora nacional le deben tanto, y quien es primogénito legítimo de tal sabiduría de su tiempo, ya que su obra —aún las no propiamente humanísticas—, permitieron descubrir un camino recorrido en su formación grecorromana clásica. En sus escritos las evidencias abundan, entre  reminiscencias, imitaciones, alusiones y citas de escritores que son cumbres del pensamiento de occidente, sus obras literarias así como en sus alegatos jurídicos, discursos políticos o reflexiones religiosas son la prueba intelectual del  influjo de los grandes inmortales. 

Foto: La Vanguardia

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Un poco parafraseando a José Manuel Rivas Sacconi, Caro era el gran restaurador, el regenerador, el refundador, en últimas el reconstituyente legítimo de la República y el constructor  de identidad del país, el bogotano que afirmó con orgullo: "Mi gente es la raza latina", el que jamás se aventuró a salir de Santa Fe, nació el 10 de noviembre de 1843, fue vicepresidente de la república, un escolástico puro en la cátedra, la tarima, la prensa y la política; el artífice, el gran arquitecto intelectual, de una de las mejores Cartas políticas escritas en el mundo, muy por encima de las constituciones de las que hoy son consideradas las naciones poderosas.

Su legado lo ensalza, sobre todo, por ser el mejor exponente del tradicionalismo humanista neogranadino, pues entre sus aportes intelectuales se da una colaboración en la gramática de la lengua latina y una traducción del segundo libro de la Eneida.

En su aspecto misántropo de la vida, mostró cariño por la naturaleza, una aspiración perpetua a la soledad, y su devoción religiosa alimentada por su fe y ejemplo del Pontífice humanista León XIII, su fervor político, aportó el socialismo católico y un ideario hispánico del cual bebieron varios constitucionalistas colombianos. 

 

Al finalizar estas breves palabras no logro imaginarme como serian esas conversaciones entre los restauradores y reconstituyentes de la república: Rafael Núñez y Don Miguel Antonio Caro, donde sin lugar a dudas alguien se vio obligado a conceder.