UN COSTO EXORBITANTE

Por: Rafael Nieto Loaiza

El presidente anunció la prolongación de la cuarentena. Lo dije en Twitter (@rafanietoloaiza): no estoy de acuerdo con la decisión, creo que hace más daño que bien, pone en hombros de los ciudadanos cargas excesivamente gravosas, restringe derechos y libertades de manera injustificada y no tiene sustento en los datos de salud disponibles. Si en Casa de Nariño tienen información distinta que justifique semejante decisión, no la han hecho pública. 

Duque enfrenta un dilema permanente en el cual no hay solución buena, solo menos mala. En esa encrucijada, ha venido haciéndolo muy bien. Por ello, con todos los merecimientos, los ciudadanos han mejorado muchísimo su calificación del Gobierno.   

 

Decretó el Estado de Emergencia de manera correcta y oportuna y tomó decisiones que, es lo más importante, previnieron que se perdieran muchas vidas, evitaron que la tasa de contagio del virus se disparara y que el sistema de salud pública se desbordara y colapsara y, finalmente, dio tiempo para prepararse y enfrentar de manera adecuada un aumento de los contagios.

 

Las variables relevantes lo demuestran. Aunque la gente se alarma con el crecimiento de las cifras confirmadas de contagio, hay que resaltar que ese dato siempre presenta un subregistro. El grueso de infectados es asintomático o presenta síntomas leves, no es testeado ni va al sistema de salud. Sería ideal que se hicieran muchas pruebas, por supuesto, porque permitiría identificarlos, aislarlos y evitar más contagios, pero debe resaltarse que, por su naturaleza, ese grupo no le genera presión al sistema de salud. El dato importante, en cambio, es el de pacientes COVID-19 en hospitalización y en unidades de cuidados intensivos (UCI). El viernes, había 550 hospitalizados y 130 en UCI. A estas alturas, los COVID-19 estarían ocupando solo el 2,4% de las UCI del país, si se considera que a mediados de abril había 5.462 disponibles. Es probable que la cifra de UCI sea mayor porque desde marzo se están haciendo esfuerzos de ampliación de esas capacidades.

 

Como sea, el 04 de mayo, el MinSalud anunciaba que "adquirió un total de 2.817 equipos ventiladores”. Con esos ventiladores se aumenta en un 40% el número de UCI. Se espera que en total Colombia compre 8.000. Además, en los próximos días el Invima daría visto bueno a la producción local de los ventiladores diseñados por la Universidad de La Sabana, Universidad de Antioquia y la EIA que, por cierto, serán alrededor de un 90% más baratos que los importados y que, además, nos permitirá no depender de las disponibilidades y tiempos de los proveedores internacionales. El punto: no hay datos para pensar que el sistema de salud está estresado. De hecho, clínicas y hospitales se han quejado de la caída aguda de sus ingresos y han empezado a programar consultas y cirugías pospuestas.

El ciudadano tiene derecho a conocer exactamente los motivos por los cuales se prolonga el "aislamiento social obligatorio”. No se puede notificar cada quince días que el confinamiento se extenderá por dos semanas más.

Otra cifra destacable es la de la tasa reproductiva (Ro). Esa tasa mide las personas que un infectado contagia en promedio y es el mecanismo para estimar la velocidad de propagación de una enfermedad. El MinSalud afirmó que "inicialmente una persona contagiaba a 2.5, ahora nos acercamos a 1". Si la Ro se acerca a 1, la propagación del virus se está controlando. Un dato importantísimo que sería deseable que el Ministerio precisara con exactitud.

 

Las tasas de mortalidad por COVID-19 en Colombia son también comparativamente muy buenas. La tasa por número de confirmados en Bélgica es 16.2%, en Francia 14.9%, en Italia 13.9% y en EE.UU. 6.0%. En Colombia es del 4.3%. Acá se han hecho comparativamente pocos test. Si se hicieran más pruebas, la tasa de mortalidad sería aún menor en relación con los contagiados confirmados.

 

Aún más diciente es la tasa de mortalidad por 100 mil habitantes, porque esa no depende de la variable de los confirmados. Ahí estamos aún mejor: en nuestro país es de 0.86 personas fallecidos por cada 100 mil, cuando en Bélgica es de 74.6, España 56.3, Italia 50 y en EE.UU. 23.6.

 

No hay duda de que los contagios seguirán creciendo, de que el futuro depende de la responsabilidad y disciplina de los ciudadanos con las medidas de higiene y distanciamiento social, y de que en algunas zonas del país hay que tomar medidas especiales, como ocurre en el Amazonas, por ejemplo. Serán claves la entrega oportuna y suficiente de equipos de protección al personal médico y sanitario, su testeo permanente, y el seguimiento a las poblaciones más vulnerables como los miembros de la Fuerza Pública y espacios como supermercados, ancianatos, cárceles y transporte público.

 

Pero sí, sin duda, la cuarentena sirvió su propósito: la utilización de camas hospitalarias y de UCI es muy baja, hoy el 97.6 % de las UCI está disponible, la tasa de contagio ha disminuido mucho y las tasas de mortalidad sobre casos confirmados y sobre 100 mil habitantes son muy buenas. Por eso mismo, no parece haber razón suficiente para prolongarla ni un día más.

 

En efecto, lo dije en columna anterior, la extensión de las medidas de emergencia solo puede hacerse justificándolo rigurosamente, de manera clara y precisa, con prueba inequívoca de su urgencia y pertinencia y de la proporcionalidad con el fin que se busca. No puede ser intuitiva o, mucho menos, caprichosa o arbitraria. No puede hacerse “por si acaso”. El ciudadano tiene derecho a conocer exactamente los motivos por los cuales se prolonga el "aislamiento social obligatorio”. No se puede notificar cada quince días que el confinamiento se extenderá por dos semanas más. Y debo insistir en que el Gobierno no ha justificado las extensiones. 

 

Cumplido el propósito de la cuarentena, la suspensión y limitación exorbitante de las libertades ciudadanas no tiene justificación. A la gente no se le pueden cercenar caprichosamente su libertad y su derecho al trabajo, vitales para la vida y la dignidad humanas.