TRAS LA PANDEMIA, IMPUESTOS...

Por: Jonathan Delgado

 

Una cosa es segura y es que la pandemia del COVID-19 expuso a la administración pública y la dejo mal parada, le pasó la cuenta de cobro de años de ineficiencia y cobro de impuestos -costosos e injustificados-, valorizaciones sometidas a ausencias de reglas técnicas serias y viables, para nada sostenibles, y como si fuera poco, demostró que nuestro aparato productivo, el de verdad, es débil y requiere de ayudas serias por parte del Estado colombiano para sostenerse.

No es para menos, los empresarios a duras penas logran subsistir por sí mismos, ni que decir de los microempresarios y de las personas naturales que se han visto perjudicadas por la pandemia, es una realidad.

Esto me lleva recordar una frase de Murray N. Rothbard que señalaba que: “Es fácil ser notablemente compasivo cuando otros son obligados a pagar los costos de “la compasión””. Se le exige el pago de impuestos a los empresarios, se les demanda sostener sus nóminas laborales sin producir y los amenazan tras del hecho con multarlos si no aseguran la permanencia de sus empleados; adicionalmente, salen a pedirles colaboración económica para soportar la pandemia… pobre sector productivo del país, explotado y anegado.

A lo anterior se le puede sumar las personas naturales que viven del día a día, a los que se les impone la obligación de permanecer en sus casas, pero a los "gurús" de la planeación se les olvida el pequeño detalle de que muchos en el país y en Bogotá viven del “rebusque”. Como quien dice: “muéranse de hambre, pero no de coronavirus”.

Conforme avance el virus el contagio continuará, es inevitable. Entonces surgen preguntas como: ¿Por qué razón el sector productivo del país debe pagar tan altos impuestos y -en el caso de Bogotá- por qué los ciudadanos deben pagar el predial?, los romanos eran sabios y ellos señalaron siempre que en derecho: “nadie está obligado a lo imposible”.

Ahora bien, llevamos casi dos meses anulados económicamente, a lo que se le suma que en días anteriores varias zonas de la ciudad fueron declaradas en alerta. ¿Cómo se pretende reactivar la economía?, ¿cómo se pretende asegurar el empleo?, ¿cómo se pretende mantener el pago de normal impuestos? Es definitivamente ilógico, injusto e irresponsable.

Por lo demás, cobrar impuestos en este momento es un atentado serio a la libertad y a la estabilidad social, Friedman premio Nobel de economía señalaba que, “los derechos de la propiedad no son únicamente una fuente de libertad económica. También son la única fuente de libertad política”, y si se atacan a los únicos agentes que generan empleo en el país y cuentan con una propiedad, equivale a condenarlos al hambre y la miseria. Bien reza el dicho,  “tener casa no es mucha riqueza, pero no tenerla es mucha pobreza”, por eso es menester crear alivios tributarios serios para todos los estratos, sin excepción; unas exenciones que sean viables, porque de repente, por pagar un impuesto inoportuno, el Estado puede este dejando a un colombiano sin su puesto de trabajo o quebrado.

Le llegó el momento a la administración pública de aplicar el “derecho económico”, de apartarse de los planes personalistas y los intereses burocráticos, es necesario que los servidores públicos recuerden que “la esencia de una libertad del lado de las personas, es la libertad de apartarse de las formas tradicionales de pensar y de hacer cosas” como lo señalaba Ludwing Von Mises. Llegó la hora de actuar distinto, de la eficiencia y el servicio.

La Justicia social hoy significa romper con el marxismo y el keynesianismo, pensar en ser más amigables con el empresario y el trabajador, que no necesitan más impuestos, tampoco subsidios, basta con que se les garantice unas reglas del juego claras, y no se les hurte el fruto de su esfuerzo.