¿TIENE FUTURO EUROPA?

Por: Ricardo Angoso

 

La crisis del Brexit, unida a la del coronavirus en la actualidad, ha dejado a Europa sumida en un estado de incertidumbre que tiene mucho ver con la crisis de identidad de una Unión Europea (UE) fuertemente cuestionada en muchos países, como en Hungría, Polonia y la República Checa, e incapaz de hacer frente con energía a asuntos fundamentales como la inmigración ilegal, que es una cuestión que cada vez preocupa más a sus ciudadanos. Las crisis, decía el físico Einstein, ofrecen grandes posibilidades a los países y a las personas y Europa ahora debería aprovechar la salida del Reino Unido -que nunca estuvo en la UE realmente, puesto que nunca aceptó sus normas- para un verdadero rearme programático de su proyecto en el corto y en el largo plazo, abandonando, de una vez por todas, sus visiones cortoplacistas y muchas veces egoístas que se resuelven más en funciones de los provincianos intereses provincianos de las grandes potencias y en detrimento del proyecto colectivo que deberían aunar las aspiraciones de los 27 socios.

 

Pero también se echa en falta músculo político y más ambición para dotar a la UE de un ejército europeo capaz de hacer frente a los desafíos internacionales, al menos a escala regional, y una verdadera diplomacia europea capaz de tener un voz conjunta en el mundo frente a unos Estados Unidos cada vez menos protagónicos en el planeta, toda vez que se retira de algunos escenarios estratégicos, como Oriente Medio e incluso Europa, con la que cada vez muestra más distancia al menos en la coordinación de sus acciones exteriores, tal como quedó claro cuando presento su plan de paz para el conflicto palestino-israelí.

 

LOS LÍMITES TERRITORIALES DE LA UE

Para comenzar, uno de los grandes asuntos que tiene que definir el proyecto europeo es sus límites territoriales, toda vez que la UE tiene que hacer frente todavía al desafío que representa la integración de los Balcanes, numerosos países de esa región, como Albania, Macedonia del Norte, Montenegro y Serbia siguen llamando a la puerta de la organización y la UE les ha dado largas hasta ahora. Incluso el presidente francés, Emmanuel Macron, ha vetado en una cumbre de la UE, celebrada en octubre de 2019, la apertura de negociaciones con Albania y Macedonia del Norte -con Serbia y Montenegro continúan por ahora- porqe considera que ambos países no cumplen los requisitos para ser miembros de la UE, algo que disgustó a muchos miembros de la UE y a Los presidentes de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y del Consejo Europeo, Donald Tusk. "Estoy profundamente decepcionado, es un grave error histórico", resumió Juncker tras ese veto francés, resumiento el malestar que había entre muchos miembros de la UE por la decisión de Macron. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Luego están los casos de Bosnia y Herzegovina y Kosovo, países que también han expresado sus aspiraciones por pertenecer a la UE y que, por ahora, tendrán que esperar a las futuras integraciones de Montenegro y Serbia y a que Macron retire su veto a las dos naciones balcánicas en la lista (Albania y Macedonia del Norte). Bosnia y Herzegovina es un caso realmente complejo dada su situación política y económica. En primer lugar, es un Estado que nunca ha funcionado realmente como tal y donde una de sus dos entidades constituitivas, la República Srpska, que ocupa el 49% del país y tiene el 35% de su población, siempre ha mostrado más su interés en unirse a la República Serbia que continuar formando parte de Bosnia y Herzegovina y amenaza permanentemente con celebrar una consulta sobre este asunto, aparte de que tanto serbios como los croatas -que están integrados junto con los bosniomusulmanes en la Federación de Bosnia y Herzegovina, que ocupa el 51% del espacio bosnio- nunca han tenido ningún interés en que la administración funcione.

 

Y, en segundo término, pero no menos importante, Bosnia y Herzegovina es un desastre administrativo y político porque los Acuerdos de Dayton, que fijaron el funcionamiento del Estado y la administración, dividieron el país en dos entidades, diez cantones, dos parlamentos y 137 municipios, de tal forma que es tal la descentralización y el número de compentencias de los distintos niveles del gobierno, que la gobernabilidad y el funcionamiento de la misma administración es nulo. A este caos político y administrativo, hay que añadir que la situación económica es caótica, con un desempleo casi cercano al 30% y un poder adquisitivo de la población bajisímo, lo que ha provocado una crisis demográfica, pasando la población bosnia de 4,5 millones del año a 3,5 o menos en el monento actual, generando el obvio descenso de la población.

 

Kosovo es otro embrollo u otra patata caliente que tiene la UE en sus manos. En primer lugar, todavía hay cinco países de la UE - Eslovaquia, Grecia, España, Rumanía y Chipre- que no han reconocido la independencia de la que en tiempos fuera una provincia de Serbia y no parece que ser reconocimiento vaya a ser próximo, por lo que cabría suponerse que estos países vetarían la hipótetica entrada este territorio en club europeo. Kosovo, debido a que Rusia bloquea su ingreso en las Naciones Unidas debido a su presencia en el Consejo de Seguridad de este organismo supranacional, sigue gozando del reconocimiento de las grandes potencias, entre las que destacan Alemania, Francia, Estados Unidos y el Reino Unido, pero sigue sin superar ese escollo, el reconocimiento por parte de esas potencias europeas que se niega a reconocerla y la definitiva normalización de sus relaciones con Serbia.

 

DE TURQUÍA A RUSIA

En lo que respecta a Turquía, no ha habido avances fundamentales en los últimos años porque siguen persistiendo las reticencias de varios socios de la UE, entre los que destacan Alemania, Austria y Francia, pero también por la deriva autoritaria del régimen de Recep Tayyip Erdogan tras el supuesto golpe de Estado del año 2016. Desde ese año hasta ahora han sido detenidos, arrestados y sometidos a un trato absolutamente degradante e inhumanos a más de 160.000 turco, amén de otros miles de represaliados y despedidos de sus trabajos por sus simpatías -reales o no- del seguidores del clérigo islamista turco asentado en Estados Unidos Fethulá Gulen.

 

Además, se argumenta desde la UE, que Turquía incumple muchos requisitos para negociar en el futuro su ingreso en la UE y ,concretamente, porque Turquía no cumpliría con un requisito indispensable para los países candidatos -el Criterio de Copenhague- en cuanto a las garantías democráticas, de los derechos humanos y el respeto a las minorías. Luego estaría la cuestión de Chipre, un país miembro de la UE y cuyo territorio es ocupado en un 38%, desde el año 1974, por las fuerzas turcas y un contencioso que Turquía nunca ha querido solucionar, buscando artimañas para no negociar e intentando dilatar un compromiso con Nicosia sine die. 

 

 

 

Aparte de todos estos problemas sobre la mesa a la hora de negociar con Ankara un gran acuerdo con la UE sin que significase el ingreso de Turquía, que sería quizá la mejor de las fórmulas, está también la gravísima situación de los derechos humanos y las pocas o nulas garantías judiciales que tienen los detenidos en ese país. Cuestiones y problemas aparte, tampoco el sátrapa de Ankara, Erdogan, se ha mostrado muy deseoso, más bien diría que últimamente hasta hostil, de ingresar en una UE que fiscalizaría sus movimientos y el permanente vaciamiento de contenidos del Estado de derecho turco.

 

Otro de los asuntos que también tiene la UE encima de la mesa es la redefinición de las relaciones con Rusia tras constantarse, cada vez más, el acentuado desinterés de los Estados Unidos en sus relaciones con Europa y con la OTAN. La UE debería cambiar algunos de sus conceptos estratégicos, como la subordinación de los intereses europeos a los intereses geoestratégicos de los Estados Unidos, algo que está cambiando en los últimos tiempos a merced de un cambio en la actitud con respecto a Moscú sobre todo parte de Alemania y Francia, que han comprendido que la crisis de Ucrania, por poner un ejemplo, solamente se resolverá mediante un acuerdo con Rusia. Sin embargo, este acercamiento no implicaría en el futuro el ingreso de Rusia en la UE, porque su dimensión geográfica, humana y económica desvirtuaría el proyecto y lo desequilibraría políticamente en favor de Moscú.

 

El desafío euroescéptico también está presente en la agenda de UE y es como un "virus" que se está extendiendo por todo el continente, tanto a derecha como a la izquierda. Aunque quizá, esa desafección de la ciudadanía con el proyecto europeo tiene que ver con la excesiva burocratización del proyecto, con la gran distancia entre gobernantes y gobernados y porque la UE se ha alejado de las cuestiones que realmente preocupan a los ciudadanos, tales como la inmigración ilegal, la desigualdad social y la falta de empleo de calidad.

 

IRLANDA DEL NORTE, CATALUÑA Y ESCOCIA

Los casos de Irlanda del Norte, Cataluña y Escocia también presentan un enorme reto para la UE. Irlanda de Norte parece un asunto arreglado hasta el final del plazo del proceso de transición, fijado para el treinta y uno de diciembre del presente año, y después habrá que buscar una nueva fórmula de consenso para el Reino Unido, de tal forma que las fronteras entre las dos Irlandas sigan abiertas al menos para los ciudadanos de ambos lados. Cataluña sigue inmersa en una profunda crisis, marcada por el proceso independentista, que parece ya el viaje hacia ninguna parte, dadas las profundas divisiones que vive la sociedad catalana y ahora el bando independentista, pero seguirá dando hablar y el problema sigue sin ser resuelto por la vía política. 

 

Por último, Escocia sigue a la espera de las elecciones legislativas, que se celebrarán mayo de 2021, y en las que el gobernante Partido Nacional Escocés -SNS en sus siglas en inglés- espera obtener un gran victoria y que le permite y le legitime para convocar una nueva consulta independentista en esta nación, en la que la mayoría de la opinión pública se opuso al Brexit y sueña con regresar a la UE. Londres, mientras tanto se opone a la misma y el contencioso entre las partes está servido, aunque los escoceses ya celebraron una consulta parecida en el 2014, donde el bando independentista perdió por 45% contra 54% por la permanencia en el Reino Unido. ¿Será Escocia independiente y regresará a la UE? El tiempo nos dará la respuesta.

 

 

 

 

 

 

En cualquier caso, volviendo a las reflexiones iniciales sobre el futuro de Europa, creo que estamos en un punto de inflexión donde o se define el proyecto con mayores competencias y contenidos, como la política exterior y el ejército europeo, una definición exacta de los límites territoriales del proyecto y una estrategia de futuro con respecto a nuestros vecinos, que englobe el desafío de la inmigración, sobre todo el proveniente de la otra orilla del Mediterráneo, o, de lo contrario, seguiremos sujetos a este modelo burocrático, ajeno a la ciudadanía, despilfarrador de los recursos de los contribuyentes y sin un polo a tierra a nuestra realidad más mediata, corriendo el riesgo de que el euroescepticismo aumente y el ejemplo británico cunda entre nuestros socios.