EL NEOLIBERALISMO ES LA TERCERA VÍA... AL SOCIALISMO 

Por: Gilberto Ramírez

 

El hoy presidente Duque afirmaba en el año de 1.999 que: “La Tercera Vía es una nueva visión política necesaria para un país en crisis, porque busca armonizar dos sistemas de gobierno que parecen irreconciliables: socialismo y libre mercado. Es una propuesta seria y estructurada sobre el papel que debe jugar la política en el nuevo milenio.” (El Tiempo, 17 de diciembre de 1.999). Ello lo decía al reseñar un libro (oficio en el que destaca desde entonces) que nada más ni nada menos se titulaba “La Tercera Vía: una alternativa para Colombia”. Sus autores: Tony Blair y Juan Manuel Santos.

Tanto Blair como Santos, al igual que Duque actualmente, hacen parte de la gran mayoría de mandatarios y respectivos áulicos intelectuales que pretenden lograr la cuadratura del círculo al querer combinar el capitalismo y el socialismo. Bajo el lema de “tanto mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario” se nos ha querido convencer desde diversos frentes que un adecuado crecimiento económico solo es posible y, sobre todo, tolerable, si además permite una correcta distribución de la riqueza que disminuya la desigualdad y no tan solo la pobreza.

No otra cosa es lo que pretenden lograr las llamadas “Metas del Milenio” establecidas desde el año 2000, una serie de objetivos a lograr que en su conjunto constituyen aquello que se le ha denominado “desarrollo sostenible”, un acuerdo que desde la Organización de las Naciones Unidas se ha querido promover a sus países miembros como la suma de todo lo deseable, la definitiva agenda de la humanidad para lograr no solo la plenitud de su potencial sino los mínimos para una supervivencia digna.

El problema por resolver no es el de ponernos de acuerdo en lo deseable de dichas metas, sino en aquello que las haría posible. Es precisamente en esto último donde el consenso de muchos políticos pragmáticos, por no decir oportunistas, ha sido el promover todas aquellas medidas que promuevan el necesario crecimiento económico, pero procurando que sea lo suficientemente armónico con la satisfacción de las necesidades de aquellos que con o sin mérito (especialmente estos últimos, que suelen ser los mismos políticos) hayan contribuido al mismo.

Dado que aquello que promueve el crecimiento económico se sabe consiste en el completo respeto y protección de los derechos de propiedad privada, con todo lo que ello supone en la liberación de mercados y privatización de activos, serían muy pocos los gobernantes y políticos que abiertamente se oponen a ello sino fuese porque de apoyarlo sin restricciones se les acusaría de “neoliberales”. Acusación que por más que intenten de evitar personajes como Juan Manuel Santos e Iván Duque, entre otros, es inevitable que se les asigne. Y no precisamente porque sean grandes defensores de las libertades económicas, como los comunistas y demás socialistas de todos los pelambres nos quieren hacer creer. Sino porque aquello que se denomina “neoliberalismo” no es sino la promoción de un Estado del Bienestar amigable (mejor decir, extorsionista) con el capitalismo, al estilo de los tan admirados países nórdicos, justamente lo que personas como Duque o Santos y demás promotores o simples cómplices de la Tercera Vía quisieran lograr.

Aquello que promueve el crecimiento económico se sabe consiste en el completo respeto y protección de los derechos de propiedad privada

El problema de todas estas políticas es que, si usamos la analogía de las “vías” para el desarrollo, para los promotores de la Primera Vía, la Tercera Vía no es sino un atajo a la Segunda y para los de la Segunda Vía es en cambio un atajo para la Primera. Nunca ha existido mayor confusión al respecto como hoy día frente a esta cuestión, más aún desde que las ya tres décadas del colapso de la Unión Soviética sigue haciendo creer a muchos que el socialismo dejo de ser una realidad, cuando no ha dejado de hacer valer sus credenciales a pesar de la inevitable sombra que genera y le persigue en materia de vulneración de todo tipo de libertades, como los casos de China, Cuba, Corea del Norte y recientemente Venezuela, entre otros, siguen demostrando.

Aunque los promotores de la Primera y Segunda Vía parece que simplemente se agazapan en esa única y ancha avenida de la Tercera Vía, a veces con ciertos giros a la izquierda (socialismo) o a la derecha (capitalismo), lo cierto es que resultan solo dando un giro más o menos extenso en oreja para volver a la consabida avenida ya descrita.

El problema es mayor para la defensa del capitalismo y la genuina economía de libre mercado, ya que al ser la Primera Vía ensayada en lograr el desarrollo (y efectivamente la única en lograrlo) fue la primera en valerse de la coacción del Estado para hacer respetar esos mencionados derechos de propiedad antes descritos que, para seguir nuestra metáfora vehicular, serían el equivalente a las “normas de transito” básicas. Es así como los llamados “neoliberales” son simplemente quienes comparten esa ancha avenida de la Tercera Vía con socialistas e intervencionistas de todo tipo, creyendo que por ser los que mejor respetan las “normas de transito” van a llegar primero a su destino. Lamentablemente esa avenida no está hecha para “conservar la derecha”, como las más elementales reglas para transitar recomiendan, sino que conduce a un giro lento y seguro hacia la izquierda… solo que la curva esta tan bien hecha que ni nos damos cuenta en que momento giramos porque pareciese que siguiésemos en línea recta.

No es cuestión de respetar las normas, sino de salirse de la vía: de la Tercera vía.