TECHO Y COMIDA PARA TODOS

Por: Cristian Rojas González

 

“Toda familia en Bogotá tendrá techo y comida durante el aislamiento”, dijo Claudia López el 21 de marzo. Hoy en el sur de Bogotá cientos de indígenas ocupan viviendas de forma ilegal, se registran constantes bloqueos para pedir ayudas alimentarias al Distrito y ondean las banderas rojas. Era previsible. El Estado no puede hacerse cargo de las necesidades de tanta gente, ni hay apoyo de las empresas y la sociedad civil que sea suficiente, mucho menos si se extiende la cuarentena.

Creo firmemente en la función subsidiaria del Estado y en la solidaridad. Por el primer principio, considero que hay circunstancias como las actuales en las que la acción estatal puede ser parte de la respuesta a la crisis y, por el segundo, sé que una sociedad libre es el marco propicio para un compromiso con los más pobres. Pero ese papel del Estado y de la sociedad civil es secundario, la primera respuesta a las necesidades de las personas está en cada una de ellas y en sus familias. No hay Estado benefactor ni sociedad solidaria que pueda responder a los más necesitados, si la inmensa mayoría no se hace cargo de sí misma.

Hoy se entiende que los recursos estatales y los de las iniciativas solidarias se pueden agotar pronto, por esa razón anhelamos que se den las condiciones para la reapertura de la industria, el comercio y toda actividad económica

Aunque eso podíamos saberlo previamente, esta crisis nos lo ha confirmado, nos ha mostrado que lo que necesitamos con urgencia para mejorar las condiciones de cada uno de los estratos socioeconómicos, es el mercado. Hoy se entiende que los recursos estatales y los de las iniciativas solidarias se pueden agotar pronto, por esa razón anhelamos que se den las condiciones para la reapertura de la industria, el comercio y toda actividad económica. Un mercado en funcionamiento permite que las personas y las empresas tengan sus propios ingresos, mientras las actividades de solidaridad y las del Estado también son financiadas. Solo en el mercado se genera la riqueza para las respuestas óptimas y secundarias que buscan satisfacer las necesidades de todos.

Mientras hay intelectuales que no ven esto y sueñan con que el COVID-19 sea la oportunidad para robustecer el Estado de bienestar, confío en que los ciudadanos en general tienen la intuición de que no hay mejor escenario que el de la independencia frente a la providencia estatal. La crisis ha demostrado que lo que necesitamos es una robusta y permanente actividad económica, por eso tras la pandemia lo primero que debemos buscar es que todos participemos de los beneficios de la economía de mercado en tiempos normales y eso nos dé un soporte para épocas de crisis, sin que millones dependan de las ayudas que no llegan porque las carencias nos desbordan.

Si el Distrito no ha podido responder por los más necesitados hoy en Bogotá, menos podrá hacerlo si se ahonda la crisis y nos dirigimos hacia la catástrofe de un desempleo del 20%, según uno de los desenlaces planteados por Fedesarrollo. No habrá tributación que soporte los programas estatales, ni apoyo privado a iniciativas oficiales como “Bogotá Solidaria en Casa”. Con prudencia y prontitud, hay que entender que la mejor manera de que haya techo y comida para todos, es que dejen trabajar.