SUPERFICIALIDAD

Por: Jair Peña Gómez

Ayer el Ministerio de Salud entregó la alarmante cifra de 63 muertos en el país a causa del COVID-19. Hace algunas semanas varios medios de comunicación publicaron una carta del expresidente Laureano Gómez, dirigida a un amigo suyo, en la cual le relataba la mortandad producida por la pandemia de la Gripe Española:

«El pánico ha ido creciendo. Los entierros pasan continuamente. El problema se ha agravado por los sepultureros unos están enfermos, otros se han muerto en el oficio, no se consigue quien quiera hacerse cargo de él y según dicen, hay momentos en que más de cien cadáveres esperan regados en los corredores de las bóvedas que los pongan bajo la tierra». 

La relación que quiero destacar no es tanto entre las dos pandemias, sino respecto a la información disponible. En nuestros tiempos tenemos acceso inmediato a la información oficial sobre las cifras de contagiados, muertos y recuperados, cien años atrás eso era impensable, si el Gobierno no conocía el desarrollo de la pandemia más allá de Bogotá, mucho menos el colombiano del común. «Por lo que dicen los periódicos, la epidemia es universal, aunque en el resto del país no se conoce», anotaba el joven Laureano.

Aún así, con la inmediatez informativa de la que disponemos ahora, no hay —probablemente— un parangón en la historia en el que hubiera más desinformación. Abundan las fake news, fenómeno que han estudiado hasta la saciedad sociólogos, psicólogos, comunicadores y filósofos, y en el cual no me detendré, porque más allá de que haya información falsa rondando, es responsabilidad de quien se informa corroborar la veracidad de lo escuchado o leído.

Bastantes personas sin el más mínimo conocimiento de la ciencia han divulgado “noticias” acerca del impacto negativo de la tecnología 5G en la salud humana —cosa que el consenso científico desmiente—, y además afirman que las antenas son las causantes o las detonantes del COVID-19. ¡Hasta dónde llega la ignorancia! Otros dicen, desde sus computadores con sistema operativo Windows, que Bill Gates está detrás de este desastre sanitario y que, busca controlar las mentes de las personas por medio de una vacuna con chip incluido. Por supuesto, todo lo anterior lo leen en blogs “súper confiables” de conspiraciones.

El mundo está en manos de una mayoría que tiene por regla la superficialidad, una mayoría que vive en una cultura y se sirve de ella, pero que no procura adquirirla, una mayoría inánime que es impactada por la información

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Nunca hubo más desinformación ni más confusión, las personas son presas del terror, situación azuzada por medios de comunicación alarmistas y amarillistas que, con tal de vender y obtener rating, no les importa provocar pánico colectivo. Pero todo ello no es fruto de esta primavera, sino que es un proceso que viene ocurriendo de tiempo atrás con la pérdida paulatina de la cultura. 

Cultura, etimológicamente proviene del término cultus (latín), y hace referencia al cultivo, en este caso puntual del intelecto, del conocimiento, del pensamiento… En la actualidad son pocos los que cultivan su mente, y aún más pocos los que cultivan su espíritu, los que tienen un compromiso serio con la verdad, los que no se abstraen de la realidad sino que por el contrario buscan asimilarla y transformarla de manera positiva, conociendo, aprehendiendo y comprendiendo su entorno. Eso significa que el mundo está en manos de una mayoría que tiene por regla la superficialidad, una mayoría que vive en una cultura y se sirve de ella, pero que no procura adquirirla, una mayoría inánime que es impactada por la información a través de la radio, la televisión, la prensa, el internet, etcétera, y que al final no sabe, no entiende nada de nada.

De qué sirve estar interconectados y tener millones de terabytes de información al alcance de la mano si se tiene una actitud pasiva frente a la cultura y frente a la verdad, ambas íntimamente ligadas, vale la pena cuestionarnos. Lo que nos corresponde es aprovechar de la mejor manera la tecnología para informarnos con criterio y a consciencia, lo que implica pensar y repensar las cosas, y no darlas por ciertas porque sí, porque es más cómodo o porque nos da pereza verificar. La verdad es enemiga de la superficialidad.

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