¿POR QUÉ SERÉ SIEMPRE DE DERECHA?

Una reflexión sobre el capitalismo, el rol del Estado, la libertad y la religión.

Columna dedicada a mi padre Óscar Montoya

Por: Mateo Montoya

Últimamente, nosotros los centennials (personas nacidas a partir de la última década del siglo XX) hemos escuchado frases como “las nuevas generaciones no son berracas”, “los jóvenes de hoy se quejan mucho”, “la vida era más difícil antes y uno no se quejaba”; y la verdad es que quienes las dicen tienen toda la razón, como mi padre. Pero ¿por qué él dice esas frases? Óscar Abraham Montoya Castiblanco nació en un pequeño municipio llamado Salgar, ubicado en el departamento de Antioquia, el 18 de junio de 1952. Él fue el tercero de los diez hijos que tuvo mi abuela Teresa Castiblanco.

Las dos primeras décadas de mi padre fueron muy duras: fue abandonado en un amparo de niños, luego en un cuasicampo de concentración llamado las Granjas del Padre Luna, vivió un pequeño tiempo en las calles, tuvo que desertar en quinto de primaria para trabajar, huyendo del maltrato intrafamiliar y ya contaba con 2 hijos y una esposa los 18 años. Sin embargo, a pesar de todos esos condicionantes, que para un centennial serían detonantes de una crisis existencial, mi padre consiguió ser contratado, sin saber nada de coser, en una empresa de confección llamada Valpiny, de la cual ya no queda nada.

Allí aprendió, sin saberlo, el arte de la especialización de un oficio descrito por el padre del capitalismo, Adam Smith, pues mi padre se convirtió en uno de los mejores confeccionistas en su lugar de trabajo, llegando incluso a ser solicitado en otras empresas. La calidad del trabajo de mi padre era indudable, ya que tenía una familia que lo inspiraba. Posteriormente, para 1969, él decidió invertir lo que ahorró resultado de su empleo y creó su propio negocio: una sastrería llamada Moda PlayBoy, después renombrada como Moda y Diseños Óscar Montoya, la cual opera a día de hoy (50 años). De ahí que, como primera enseñanza de mi padre, sé que el capitalismo da oportunidades a todo el mundo, sin excepción, para salir adelante.

Si bien el Estado debe garantizar ciertas cosas como los derechos, los servicios públicos y cubrir las fallas de mercado; entre menos se meta con uno, mejor.

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Además, mi padre jamás fue beneficiario de un programa de ayudas del gobierno, lo cual significa que todo lo que han conseguido, como tener un negocio, poseer una casa propia junto a su camioneta y pagar a sus cuatro hijos toda la educación incluyendo la universidad, ha sido “apunta de aguja e hilo”. De hecho, las dos únicas veces que Don Óscar [tal y como lo conocen todos los vendedores de textiles en la Carrera 9na en La Candelaría] ha tenido que ver algo con el gobierno diferente al pago de impuestos han sido un desastre.

Por un lado, el sistema de la Unidad de Poder Adquisitivo Constante (UPAC) dejó en la calle a toda mi familia y, por el otro, la administración Petro buscó expropiar nuestra nueva casa con fines de construcción de Viviendas de Interés Social (VIS). Por ello, como segundo aprendizaje de mi padre, sé que, si bien el Estado debe garantizar ciertas cosas como los derechos, los servicios públicos y cubrir las fallas de mercado; entre menos se meta con uno, mejor.

Ahora bien, nada de esta historia habría sido posible sin dos factores trasversales en la vida de mi padre, los cuales son las dos últimas lecciones. En tercer lugar, sé que para que uno escoja su oficio y pueda desarrollarse, es vital la libertad pues, como dice mi papá: “Prefiero ser pobre pero libre”; y, cuarta, gracias a la educación que recibí, sé que hay Alguien más grande que todos nosotros, Quien nos dio un propósito a cada uno: Dios. Una vida sin Él no tiene sentido.

Dicho todo esto, entiendo por qué mi padre dice esas frases, ya que indudablemente la Colombia que hoy día vemos es un mejor país que el que vivieron nuestros padres y, de lejos, nuestros abuelos. Las oportunidades, la urbanización, la educación, los derechos, la esperanza de vida y la alfabetización han aumentado considerablemente a pesar de que muchos ignoren el avance social. Si bien el gobierno fue fundamental en dicho progreso social desde una perspectiva macroeconómica, bajo la óptica microeconómica nuestros padres fueron los que convirtieron este país en un lugar mejor gracias al amor por sus hijos.

Por ello, esta columna no solo es un instrumento mediante el cual le doy la razón a mi padre, sino también un homenaje en su día. Gracias a él puedo decir por qué siempre seré de derecha, debido a que me inculcó la incuestionabilidad de capitalismo, la baja intromisión del Estado, la libertad y sobre todo a Dios como el eje central de mi vida. Por eso y por mucho más, ¡Gracias, padre! Feliz día.

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