RETOS DE LA DEMOCRACIA CRISTIANA EN EL SIGLO XXI

Por: José Hofmann Delvalle

 

Una de las riquezas o quizás, el elemento más importante y de mayor actualidad de la democracia cristiana, es que sus principales dirigentes en el Siglo XX, fueron ejemplos de probidad tanto en su vida, así como de eficiencia en la gestión de la cosa pública. Dentro de este orden de ideas, era imperativo abordar la biografía de Konrad Adenauer. En esta tarea, me topé con las palabras de José María Aznar en la presentación de una biografía sobre el gran líder alemán.

Sea lo primero anotar que José María Aznar, es uno de los grandes estadistas de nuestro tiempo, como quiera que junto con los jefes de gobierno Adolfo Suárez y Felipe González –desde sus distintas orillas ideológicas-, arbitrados por el Rey Juan Carlos, insertaron a España en el Primer Mundo en menos de una generación. Pero no es solo por sus demostradas calidades de gobernante, sus solas palabras intituladas “Konrad Adenauer. Artífice de una nueva Alemania, impulsor de una Europa unida” pronunciadas en 2015, constituyen una gran pieza de pensamiento político que merecía ser reseñada en medios masivos de la comunicación, dado que resume los grandes desafíos para la democracia de nuestro tiempo. No obstante, pasaron inadvertidas, pues el problema de nuestro tiempo es que quienes dirigen los medios de comunicación son expertos en editar, pero no en señalar contenidos para ilustrar y orientar a la opinión pública. Esa es parte de la crisis política de la hora, pero ese es otro tema.

Así, dentro del mencionado escrito, José María Aznar, uno de los principales representantes del humanismo cristiano en el mundo actual, empieza por señalar directo, claro, sin anestesia ante un público sorprendido “(…) Hoy, Europa se encuentra sumida en una de las crisis más graves de su historia reciente. Y como tantas otras veces, el olvido o la manipulación de la historia están en la raíz de la crisis (…) Al terminar la Segunda Guerra Mundial, estableció unas bases firmes sobre las que hacer descansar su seguridad, su libertad y su prosperidad. Hoy, esas bases no existen (…)”.

La relación entre la seguridad, la libertad y la prosperidad no es conflictiva, sino sinérgica.

La segunda, es lo que José María Aznar denomina ‘buenismo’, la creencia según la cual “(…) no existen amenazas reales a la seguridad más allá de las que los propios Gobiernos occidentales se inventan con no se sabe bien qué oscuras intenciones y que las sociedades tienen garantizado mecánicamente el ir a mejor sin que nadie haga nada para mejorarlas y sin reformas para adaptarse a las nuevas circunstancias (…) Siempre alguien debe sacrificarse (…)”. Como nota al margen, esta actitud parece describir a los jóvenes que participaron en las marchas vandálicas del año pasado.

Para conjurar la difícil situación antes descrita, según Aznar, es preciso reivindicar “(…)  La relación entre la seguridad, la libertad y la prosperidad no es conflictiva, sino sinérgica. Lo que no quiere decir que la formulación de las políticas concretas de seguridad, de libertad y de bienestar que necesitamos sea fácil o evidente. No lo es (…) Juntas y a pleno rendimiento estas tres cosas no componen un espacio social caótico. Muy al contrario, componen un Estado democrático, liberal y desarrollado, un Estado respetado y fiable (…)”.

Dicha comprensión de carácter ontológico, donde se reivindicó, sin complejos, los postulados esenciales de la civilización occidental derivada de la visión cristiana del hombre por un lado, y por el otro, se buscó armonizar los principios de libertad, seguridad, bienestar social, es clave en la comprensión del éxito de la democracia cristiana y sus principales estadistas, entre ellos, Konrad Adenauer.

  

Puntillazo Final. El Presidente, Iván Duque Márquez, al ser un demócrata y un hombre decente, merece entre quienes respaldamos las instituciones, respeto y respaldo decidido.

Foto: Expansión