REDUCCIÓN DEL CONGRESO

¡Qué doble moral! La izquierda que en años anteriores propuso la reducción del salario de los congresistas como una medida de austeridad y lucha contra la corrupción, ahora no quiere que se reduzca el tamaño del Congreso. Y no lo quiere, entre otras cosas, porque tiene una representación considerable en el Capitolio Nacional. Si sumamos los congresistas de los partidos de oposición e independientes se trata de 38 senadores y 58 representantes a la Cámara.

El Centro Democrático lanzó una propuesta a mitades del mes pasado (abril) para reducir el Congreso en un 50%, no se trata de la misma propuesta de 2014 que buscaba unificar el Congreso en una sola Cámara, sino de disminuir el número de senadores a de 108 a 51, y el de representantes de 172 a 106.

La propuesta tuvo eco mediático pero no el respaldo esperado, distintas voces de la oposición se levantaron en su contra, por ejemplo la de Carlos Lozada alias “tornillo”, senador del Partido FARC quien dijo en entrevista para El Espectador que “ellos (el Centro Democrático) van a buscar las condiciones para quitar esa representación política bajo la tesis de que no hubo conflicto, sino una amenaza terrorista. La representación política que consagró el Acuerdo es el reconocimiento del Estado de la resistencia del movimiento guerrillero”. Lo cierto es que la iniciativa no busca restar la representación política de ningún partido, pues en términos porcentuales mantendrían la misma fuerza.

¿Qué pretenden las FARC?

Que su bancada se mantenga intacta, lo que se traduciría automáticamente en el control de una décima parte del Senado con apenas el 0,36% de los votos. Una auténtica injusticia si se toma en consideración que la organización política -con brazo armado-, no alcanzó el umbral necesario y lograron los escaños a través del acuerdo infame con Juan Manuel Santos.

Por su parte Mauricio Toro, representante de Alianza Verde afirmó: “No se puede pensar que con la excusa de ahorrarle dinero al Estado hay que minar la democracia. Así empiezan, primero con la reducción del tamaño del Congreso y terminan proponiendo una sola Cámara”. El representante verde es partidario de la reducción del salario pero no de la reducción del Congreso. Si bien la propuesta de los verdes en apariencia busca lo mismo -minimizar los gastos de funcionamiento-, en la práctica no tendría el mismo impacto que la propuesta del partido de Gobierno, ya que la mayor parte del presupuesto asignado a los congresistas se destina al funcionamiento de sus UTL (Unidades de Trámite Legislativo).

Tal parece que el discurso populista de reducir los gastos del Estado y la lucha contra la corrupción de la oposición se queda en eso, en discurso, pues está demostrado hasta la saciedad que sus propuestas en el fondo no son más que maquillaje, sin el más mínimo impacto en las finanzas de la Nación.

Alejandro Chacón, vocero del Partido Liberal hizo una contrapropuesta, la revocatoria y/o la renuncia del presidente de la República para unificar elecciones de Congreso y Presidencia. ¡Qué despropósito!, no desde el punto de vista económico, pues en efecto se lograría un ahorro importante en la logística que implican las elecciones, sino en el funcionamiento mismo de la democracia colombiana. Las elecciones deberían ser intermedias, no unificadas, es decir, que el Congreso sea elegido dos años después de Presidencia y viceversa, de tal manera que se garantice el contrapeso político en caso de que las decisiones del Ejecutivo vayan en contravía de los intereses de la nación.

La propuesta del Centro Democrático es acertada, reducir el tamaño del Congreso tendría un impacto real en términos de costos de funcionamiento, y también en lo concerniente a la representación política, es inconcebible que un político pueda acceder al Senado de la República con sólo 20.772 votos, como es el caso de Jorge Guevara de Alianza Verde gracias a la cifra repartidora.

Si se reduce el Congreso los candidatos tendrán que hacer verdaderas campañas políticas, no habrá dinero que baste para comprar votos, por lo que será perentorio recorrer el país, tener un programa serio, conocer las problemáticas de distintos territorios y no concentrarse en exclusiva a responder a los intereses de gamonales y caciques electorales.

Reducir el Congreso ataca tres problemáticas a la vez: la crisis de representatividad, la compra de votos y el excesivo gasto público.