¿QUÉ PASA CON LA PRIMERA INFANCIA?

Por: Laura Coll Rullán

En estos momentos el gobierno colombiano mantiene la medida de aislamiento preventivo obligatorio, pero a la vez está planeando el proceso de apertura económica. Hay múltiples sectores que están a la espera de los permisos para salir a trabajar y que cumplen con los protocolos establecidos por el Estado. Como bien afirma el presidente, se trata de recuperar la vida productiva, no la vida social. Efectivamente, creo que se ha dado el tiempo suficiente para tomar las medidas pertinentes y dotar a los centros de salud. Ahora ha llegado el momento de la responsabilidad ciudadana y del autocuidado porque el virus no va a desaparecer, tenemos que aprender a convivir con el SARS-CoV2 (COVID-19), por lo menos hasta que haya una vacunación masiva.

La Ministra de Educación, María Victoria Angulo, ha recalcado las medidas que se adoptaron bajo el Decreto 660 del 2020; entre ellas la flexibilizar el calendario escolar. Hace un llamado a reflexionar sobre el número de alumnos por grupo, la higiene, los horarios, el transporte y los materiales pedagógicos en cada uno de los centros educativos. De las dinámicas sanitarias de los municipios dependen las medidas a tomar, por eso será fundamental la comunicación entre las Secretarías de Educación del país y el Ministerio. Se estima que a partir de agosto se iniciará el año escolar bajos el modelo de alternancia, es decir, de clases semipresenciales. En la educación superior se activarán los laboratorios y talleres de prácticas, eso sí, con todos los protocolos pertinentes. Lo que sigue en el limbo es la educación infantil.

Cabe recordar que la primera infancia es el momento en el cual los niños desarrollan su sistema inmune, más específicamente, las respuestas inmunológicas se desarrollan en los tres primeros años de vida. Cuando los niños y niñas ingresan al jardín, la probabilidad de contraer una gripa o cualquier tipo de virus incrementa significativamente. Aunque creamos que el virus sólo afecta a los adultos mayores, hemos podido observar que, en algunos casos, tiene serias implicaciones en niños menores de 5 años.

Creo fielmente que tener a los alumnos menores de 7 años sentados frente a una pantalla más de 2-5 horas es lo peor que podemos hacer.

En el Reino Unido, y más recientemente en New York, han asociado el virus con el síndrome de Kawasaki que provoca la inflamación de los vasos sanguíneos y afecta los órganos. Aunque los pocos casos mortales se relacionan con otras afectaciones, es importante tomar en serio los síntomas: dolor abdominal, diarrea, vomito, fiebre persistente, conjuntivitis, sarpullido, entre otros. De aquí que una de las medidas preventivas tomadas por el gobierno fuera acertadamente el cierre de los centros educativos. Me refiero a este síndrome no con la intención de difundir pánico entre las familias, ni mucho menos, sino como un llamado de atención a toda la comunidad. Creo que no hay un argumento más valido por el cual los jardines Infantiles no pueden abrir todavía, y muchísimo menos ponerlos a funcionar sin unos protocolos adecuados que garantice el bienestar de nuestros niños y niñas.

Aún con la conciencia de las precauciones sanitarias que debemos tomar frente a la primera infancia, a los docentes nos preocupa fuertemente que el progreso de nuestros alumnos se estanque o se pierda. Hemos dicho hasta el cansancio que los primero años de vida son fundamentales para el desarrollo cognitivo, por este motivo muchos jardines, a trancas y a barrancas, han tomado la decisión de implementar el telestudio. Creo fielmente que tener a los alumnos menores de 7 años sentados frente a una pantalla más de 2-5 horas es lo peor que podemos hacer. Si bien el uso de las TIC ha sido la mejor herramienta para los más mayores, para los más pequeños es casi una locura, sobretodo si no han tenido un previo acercamiento a las TIC.

Hay que tener en cuenta que los padres necesitan una flexibilidad horaria y tanto los docentes como los empleadores tenemos la responsabilidad de ayudarlos. No podemos dejar que los padres, que están hasta el cuello con el teletrabajo y con los oficios del hogar, tengan que asistir a las clases de sus hijos. Es una alternativa que de por sí presenta múltiples dificultades, como bien lo he mencionado anteriormente, y que no está respondiendo a las necesidades actuales. Los maestros debemos indagar un poco más sobre la situación de cada familia para diseñar un plan de trabajo conjunto.

Debemos buscar la forma de capacitar a los cuidadores para que puedan ejercer un rol de acompañamiento temporal en la estimulación de sus hijos y evitar que se estanque el desarrollo cognitivo de los niños y niñas. Se puede enviar algunas actividades a las familias, ya sea la planeación escrita o un video, con guías e instrucciones sumamente claras y sin saturarlos de contenido. Esas actividades deben estar principalmente enfocadas a fortalecer los lazos afectivos y a liberar el estrés del confinamiento, por lo tanto, se debe priorizar todo tipo de juegos.

Hago un fuerte llamado a salir un poco del currículo y a enfocarnos en el autocuidado físico y mental de las familias. Aprovechemos y reforcemos los valores, la cultura ciudadana, el yoga, la meditación, etc. Hay que agradecer el esfuerzo tan grande que están haciendo todos los docentes por su incansable lucha para mejorar nuestra sociedad. Personalmente creo que la mejor enseñanza que nos puede dejar la pandemia es que el egoísmo ya no es una opción. Tenemos que practicar la cultura ciudadana, la disciplina, el autocuidado y sobretodo el cuidado del otro.