PRINCIPIOS BIOÉTICOS Y BIOJURÍDICOS APLICABLES AL COVID-19 

Por: Camilo Noguera Pardo

 

Miembro de número de la International Network of Biolaw y del Instituto Colombiano de Estudios Bioéticos;

Director y fundador de la Revista Colombiana de Estudios Hispánicos;

Director académico del Centro para el Desarrollo Humano Integral de la U. Sergio Arboleda

El COVID-19 ha planteado desafíos a los sistemas de salud, en particular, y a la protección de los derechos fundamentales y deberes ciudadanos, en general. Los sistemas jurídicos de usanza y los modelos éticos tradicionales empiezan a resultar insuficientes para dilucidar órbitas de acción y construcción de políticas públicas efectivas para el futuro inmediato. Empero, surgen disciplinas y campos de estudio con capitales teóricos importantes para consultar y, por ende, para dirigir esfuerzos gubernamentales y acuerdos internacionales en pro de la especie humana. Dos de estos discursos son la bioética y el bioderecho.

 

Desde sus inicios, la bioética se enfocó en revisar las consecuencias del avance (muchas veces irreflexivo) de la tecnociencia. Hoy la bioética, más allá de sus distintas concepciones, es una disciplina y campo de estudio que examina las implicaciones de las biociencias y las biotecnologías en la vida humana, animal y vegetal. Para esto ha creado marcos conceptuales que buscan orientar la acción de la investigación clínica y biotecnológica, y sus resonancias en la vida toda, desde modelos de razonamiento, modelos de justificación, modelos de argumentación, principios de acción y hasta comités de revisión y deliberación (comités bioéticos). Luego de algunas décadas, la literatura científica mundial tiene un capítulo bioético deslumbrante para consulta universal. Para el caso concreto del COVID-19 y la crisis sanitaria global, la bioética tiene mucho que decir. Aquí sintetizo dos de sus principios, que pueden ser ruta de acción clínica e institucional:

 

1) Principio de defensa de la vida física. Este principio exige, como imperativo ético, el respeto a la vida corpórea, así como su defensa y su promoción. Según este principio, es inadmisible, por ejemplo, que los sistemas de salud se reserven el derecho de admisión a pacientes con determinadas características, tal y como lo aconsejó Frits Ronsendaal, jefe de epidemiología de la Universidad de Lieden, Holanda, el pasado 27 de marzo. Según Rosendaal, es un error admitir a personas viejas en las unidades de cuidados intensivo. Pues bien, el principio de defensa de la vida física no admite tal razonamiento y exige, al contrario, que todos los enfermos sean atendidos, aun cuando no todos puedan tener los mismos recursos clínicos. El principio de defensa de la vida física no valora a unas vidas más que otras, es decir, abraza el valor de la vida humana sin preferencias de ningún tipo.

 

2) Principio de sociabilidad y subsidiariedad. Este principio establece, con base en la  encíclica Quadragesimo anno, de Pío XI, 1931 y, por ende, en la doctrina social de la Iglesia Católica (de ahí que haga parte del corpus de la bioética personalista) que toda persona se autorrealiza participando del bien de sus semejantes. Este principio enaltece la labor de los médicos, puesto que la comprende como una belleza moral, propia de la naturalidad antropológica derivada de la sociabilidad de la especie humana. En consecuencia, el personal médico e incluso el gobierno y toda su articulación institucional tienen la obligación, no la opción, de enfocar todos sus esfuerzos en asistir la vida y, por ende, encauzar por ese camino la sanidad de un país.

 

El bioderecho, por su parte, va más lejos. Como disciplina y campo de estudio posterior a la bioética, suple una carencia de esta: la falta de fuerza vinculante en sus principios. Concretamente, el bioderecho busca juridificar principios bioéticos, generar nuevos principios, y resolver nuevos problemas siguiendo nuevas rutas conceptuales. El bioderecho, entonces, es una nueva rama del derecho que abre plexos normativos, identifica categorías de daños antijurídicos y dota de valor constitucional derechos subjetivos individuales (bioderechos). En este sentido, y ante la eclosión mundial del COVID-19 y de futuras pandemias, el bioderecho ofrece luces para la acción de los Estados. Es el caso, por ejemplo, del principialismo. Desde esta epistemología, el bioderecho estipula privilegiar el principio de dignidad sobre cualquier otro principio. En terminología jurídica, esta directriz implica que los Estados favorzcan, indefectiblemente, el derecho fundamental a la vida sobre, por ejemplo, derechos económicos, sociales y culturales. De manera que, según la formulación biojurídica principialista, ningún Estado podría ignorar las alertas tempranas que comunidades científicas hacen sobre los apremios que sufrirá la especie humana, en relación con su supervivencia. Dicho de otra manera, los dirigentes políticos deben ordenar la mayor parte de sus recursos hacia la protección de los derechos fundamentales, como expresiones positivas protectoras de la dignidad humana.

 

Una versión abreviada de este artículo fue publicada en el diario El Tiempo, el 3 de abril de 2020.