POR QUÉ ES TAN DIFÍCIL PENSAR COMO CONSERVADOR

Por: Sir Roger Scruton 

 

La política es una cuestión de improvisación cotidiana, y a menudo parece que los principales partidos se guían sólo por el deseo de permanecer en el cargo y no por ninguna filosofía que pueda justificar lo que hacen. Sin embargo, independientemente de la veracidad de esta observación, sabemos que el partido laborista creció desde una perspectiva distinta de la sociedad, y que todavía puede apoyarse en ideas de igualdad y justicia social para justificar lo que está tratando de hacer. ¿Puede el partido conservador hacer lo mismo? ¿Existe una filosofía política que englobe los objetivos y aspiraciones de los que llamamos "Conservadores", y el partido aún se adapta a ella?

Mi opinión es que dicha filosofía existe, y que el partido se ajustaría a ella si tuviera el hábito de pensar las cosas detenidamente. Sin embargo, el pensamiento es un ejercicio inusual y poco práctico para los conservadores.

Esto no es porque sean más estúpidos que sus rivales socialistas o liberales, aunque John Stuart Mill los haya calificado así. Es porque creen que el buen gobierno no se basa en ideas abstractas sino en situaciones concretas, y que las situaciones concretas son muy difíciles de comprender. Las ideas abstractas como la igualdad y la libertad tienen una falsa transparencia, y pueden ser usadas para deducir gratos teoremas al estilo de Jean-Jacques Rousseau o John Rawls. Pero su aplicación plantea la pregunta: ¿para qué o para quién? ¿Qué grupo de personas debe ser más igualitario y cuál debe ser más libre?

Esas no son preguntas que deban ser resueltas en abstracto. Son preguntas de identidad: quiénes somos y por qué tenemos derecho a usar ese mismo pronombre "nosotros" para describirnos.

Para los conservadores, todas las disputas sobre la ley, la libertad y la justicia se dirigen a una comunidad histórica y existente. La raíz de la política, consideran, es el vínculo -el motivo que une a los seres humanos a un lugar- las costumbres, la historia y los suyos. Cuando los socialistas prometen una sociedad más igualitaria están hablando de nosotros; cuando los liberales ofrecen ampliar la lista de derechos humanos, se refieren a los derechos de los que gozamos.

El lenguaje de la política se habla en primera persona del plural, y para los conservadores, el deber del político es el de mantener esa primera persona del plural. Sin él, la ley se convierte en una imposición ajena, no la propia sino la de ellos, como las leyes impuestas por una fuerza conquistadora. Los conservadores no son reaccionarios. Como dijo Edmund Burke, "debemos reformar para conservar" - o, en un lenguaje más moderno: debemos adaptarnos. Pero la adaptación significa supervivencia, y la supervivencia significa una identidad que se mantiene.

Es muy fácil desechar el conservadurismo en nombre de los ideales universales de la Ilustración. Pero los gobiernos son elegidos por un pueblo específico en un lugar específico, y deben atender las necesidades del pueblo, incluyendo la más importante de sus necesidades, que es la necesidad de estar vinculados a sus prójimos en una relación de confianza. Si se deja de mantener un "pueblo específico en un lugar específico", entonces todos los principios políticos serán inútiles, ya que no habrá ninguna comunidad interesada en obedecerlos. Por eso, en todos los debates políticos de la posguerra en nuestro país, los conservadores han hecho énfasis en la defensa del reino, el sostenimiento de las fronteras nacionales y la unidad de la nación. Es por eso que ahora están entrando en un período de desconfianza en sí mismos, ya que la nación se desintegra en sus segmentos históricamente establecidos, mientras que las regulaciones europeas disuelven nuestras fronteras.

El conservadurismo no encaja muy bien con los ideales abstractos. Y para muchos de sus defensores, eso es lo único que el conservadurismo representa, la sospecha de los ideales. Después de todo, el ideal socialista de igualdad ha llevado a la convicción de que el patriotismo es racismo, y que el apego a un modo de vida determinado no es más que una injusta forma de discriminación contra aquellos que no lo comparten. El resultado ha sido una acantonamiento de la sociedad en nombre del "multiculturalismo". Y el ideal liberal de los derechos humanos universales ha conducido igualmente a una degradación del apego, ya que el apego es una forma de discriminación y, por lo tanto, una manera de dar preferencia a los que ya lo comparten.

Los ideales abstractos, según los conservadores, son irremediablemente perturbadores, ya que socavan el trabajo paulatino y constante de la política real, que es un trabajo de negociación y compromiso entre personas cuyos intereses jamás coincidirán.

Sin embargo, al ver la política de esa manera, los conservadores se exponen a la queja de que no tienen una visión positiva, y nada que ofrecernos, salvo el statu quo, con todas sus injusticias y desigualdades, y toda su arraigada corrupción. Es precisamente frente a esta acusación que el verdadero pensamiento debe realizarse. En Cómo ser un conservador, ofrezco una respuesta a esta constante queja, y al hacerlo distancio al conservadurismo de lo que sus críticos de izquierda llaman el "neoliberalismo". El conservadurismo, afirmo, no es cuestión de defender el capitalismo global a toda costa, o de asegurar los privilegios de unos pocos contra los muchos. Se trata de defender la sociedad civil, preservar la independencia de las instituciones, y defender al ciudadano contra el abuso de poder. Su razón de fondo no es la avaricia o el deseo de poder, sino simplemente el apego a un modo de vida.

Si analizamos los grandes temas que enfrentamos hoy en día -la UE, la inmigración masiva, la unión, el extremismo islámico, el medio ambiente- seguramente veremos que el punto de vista conservador identifica correctamente lo que está en juego en este momento: a decir verdad, la supervivencia de nuestro modo de vida. Los conservadores no son muy buenos para articular argumentos, y la censura liberal de izquierda intimida a los que intentan hacerlo. Pero es un defecto de las ideas socialistas y liberales el que puedan ser tan fácilmente articuladas, es una prueba de que evitan la verdadera y dura tarea filosófica, que es la de ver la sociedad civil tal como es, y reconocer que es más fácil destruir las cosas buenas en nombre de un ideal que mantenerlas como una realidad.

Traductor: Jair Peña Gómez

Publicado originalmente en The Guardian: https://www.theguardian.com/commentisfree/2014/sep/10/why-its-harder-to-think-like-a-conservative