NÚÑEZ: DEMÓCRATA CRISTIANO

Por: José Hofmann Delvalle

 

El autor de éstas líneas, quien no sólo es ideológicamente demócrata cristiano, sino que viene desarrollando un trabajo académico sobre el tema, llama la atención sobre la calidad de Rafael Núñez como precursor de ésta línea de pensamiento en Colombia, la cual pese a que ha carecido de un Partido Político significativo con tal nombre, enmarcó también la acción gubernamental de otros estadistas como Mariano Ospina Pérez.

Éste es el fragmento de un escrito de su autoría sobre el Regenerador, el cual ha aparecido en otra publicación, a citar al final del presente escrito:

"Rafael Núñez no sólo planteó rectificaciones al modelo de Estado liberal; también previó las amenazas que lo acechaban, así como su incapacidad e impotencia para resolver la cuestión social en colectivos industrializados".

En efecto, durante su estancia en Europa como cónsul en Liverpool, Rafael Núñez se dedicó a ser un observador atento de los conflictos sociales que existían en países como Francia, Inglaterra y Alemania, logrando determinar que el problema social en las sociedades modernas, no podía resolverse mediante las fórmulas propias del liberalismo ortodoxo. Al respecto, el Regenerador afirmó con claridad meridiana:

“El inmenso problema económico que diariamente crece, no ha podido ser resuelto por los economistas. Sus dogmas han tenido durante medio siglo  decisiva influencia en los parlamentos, en la prensa y en la cátedra; y si ellos han contribuido a la supresión de la esclavitud, por ejemplo, en cambio ha hecho surgir o permitido que surjan, los proletarios de las fábricas, quienes son más infelices que los antiguos esclavos (…) si el desamparo y la prostitución de la generalidad no son mayores, débase a la intervención de la autoridad pública (…) El mismo parlamento británico ha debido prescindir de los dogmas del liberalismo, en más de una ocasión para poner dique al amenazador alud social actual”. (Núñez, 174).

Esta preocupación por el asunto social, diferenciaba a Núñez, ya no sólo de sus contemporáneos liberales radicales, sino también de los conservadores.

Ante ese panorama, Rafael Núñez indica que se necesita un Estado fuerte, no sólo para imponer el orden a nivel meramente jurídico-institucional, también para garantizar un estado de cosas justo como respuesta eficaz al marxismo que ya entonces hacía su aparición en la escena pública, fenómeno este al que el ilustre cartagenero describía como una ‘hidra mitológica’ de mil cabezas, pues entendía el peligro inmenso que entrañaba para el orden democrático.

Ahí es donde se encuentra el pensamiento de Rafael Núñez con la Doctrina Social de la Iglesia, novedad en ese entonces proveniente de las todavía recientes encíclicas del papa León XIII, toda vez que, al lograr proteger las garantías individuales, el liberalismo como doctrina política “en sus posibilidades está cumplido. Lo que ahora se necesita es una política de reconstrucción (…) para reconciliar las fuerzas contenedoras de la industria y la vida social”. (Núñez, 196).

Esta preocupación por el asunto social, diferenciaba a Núñez, ya no sólo de sus contemporáneos liberales radicales, sino también de los conservadores.

Esto como quiera que ambas colectividades históricas, abrazaban de manera irrestricta el liberalismo clásico como pensamiento económico, lo cual les llevaba a considerar que el Estado no debía intervenir en el proceso económico.

Rafael Núñez, quien se empina y desde las alturas de su inteligencia, hace formulaciones no de manera sectaria para ninguna de las colectividades, sino para la nación entera

En efecto, las diferencias entre liberales y conservadores, únicamente se reducían a las discusiones que marcaron el devenir político del Siglo XIX entre el federalismo y el centralismo, la laicidad y el catolicismo, así como el alcance del poder presidencial y las libertades individuales, pero jamás abarcaron el ámbito social. La totalidad de los dirigentes de la época, consideraban que la "Mano Invisible" el mercado, pregonada por Adam Smith, solucionaría por sí misma las necesidades de la población y garantizaría el desarrollo del país.

Aquí aparece el último aspecto del pensamiento de Rafael Núñez, quien se empina y desde las alturas de su inteligencia, hace formulaciones no de manera sectaria para ninguna de las colectividades, sino para la nación entera y que de manera sorprendente, son plenamente válidos para entender y abordar las realidades de la Colombia de hoy: las contradicciones económicas no pueden ser indiferentes al Estado, como quiera que las mismas son el caldo de cultivo para el florecimiento del socialismo y con él la destrucción de las instituciones democráticas. Es indispensable, en consecuencia, que la acción gubernamental se disponga a solucionar los problemas socioeconómicos de la población, inspirado en un marco teórico no proveniente de las categorías del marxismo, sino de la Doctrina Social de la Iglesia.

Estos postulados expuestos en el presente artículo, tienen plena aplicabilidad en la Colombia de hoy para hacer de la nuestra una tierra de orden y progreso, demostrando la vigencia del pensamiento de Rafael Núñez[1].

 

 

[1] Este artículo es un resumen del artículo original publicado en la Revista Colombiana de Estudios Hispánicos, Vol. III.