MINSK,

El discreto estreno de la desconocida capital de Bielorrusia 

 

Como si hubiera estado perdida en un mundo olvidado, la capital de Bielorrusia, Minsk, es una ciudad que apenas se está abriendo al turismo y que hoy recibe a sus primeros visitantes entre un mezcla de curiosidad, sorpresa y discreción tras décadas de estar cerrada a cal y canto. Es una urbe con un indiscutible sello europeo pero también soviético; sus edificios neoclásicos conviven con grandes avenidas repletas de rascacielos de corte estalinista, propios del realismo socialista de los años treinta, cuarenta y cincuenta, principalmente.

Palacio de la República en la Plaza de Octubre, Minsk (Bielorrusia). Foto: Autocaravanas.com 

La sombra de Stalin es todavía alargada en la capital bielorrusa.

Hay edificios y zonas que nos retrotraen a tiempos pretéritos, como el Palacio de la República, situado junto a otros edificios del periodo comunista, y otros, como el emblema arquitectónico de los nuevos tiempos, la Biblioteca Nacional de Bielorrusia (2006), que nos hablan de los cambios, que poco a poco, van llegando a este país tan desconocido como lejano, tan incógnito como enigmático. La ciudad, con algo menos de dos millones de habitantes, es una urbe limpia, absolutamente segura, tranquila, muy limpia y goza de una buena red de servicios para todos los precios y gustos. 

Fundada en el siglo XI, a orillas de los ríos Nyamiha y Svisloch, esta urbe ha estado en manos polacas, rusas, lituanas y más tarde soviéticas hasta llegar a la definitiva independencia de Bielorrusia, en 1991, tras la implosión de la extinta Unión Soviética. Las autoridades bielorrusas acaban de retirar la necesidad de visa a los ciudadanos europeos para los viajes no superiores a los cinco días y los primeros viajeros comienzan a llegar de todas las latitudes, cuyos gastos en sus escasos servicios turísticos serán una buena fuente de ingresos para la exangüe economía local.

 

1. Parque Memorial del Holocausto. Es un parque situado entre las calles Melnikayte y Zaslavskaya de la capital bielorrusa y es el lugar donde los nazis asesinaron en marzo de 1942 a 5.000 judíos -fusilados o asesinados sin piedad a tiros- que habían sido confinados en el gueto de Minsk. En inglés el lugar es conocido como The Pit (El Hoyo), en referencia a una gran tumba donde están los restos de estas cinco mil víctimas inocentes asesinadas durante el Holocausto bielorruso. Es un bello complejo con una escultura impresionante que representa a los asesinados en ese bárbaro acto.

2. Museo Estatal de la Segunda Guerra Mundial. Es sin lugar a dudas una de las principales atracciones de la ciudad. Se trata de una muestra didáctica compuesta por figuras, escenas, documentos, mapas y elementos audiovisuales que nos explican la gesta de los soviéticos, entre los que se encontraban los bielorrusos, por liberar a su país de la ocupación nazi y de los sufrimientos padecidos por millones de habitantes de la antigua URSS durante la que se llamó la “Gran Guerra Patriótica”. La URSS fue el país con más víctimas en la Segunda Guerra Mundial, habiendo sufrido más de veinte millones de muertos y una inmensa destrucción material y económica.

3. Museo de Historia de Bielorrusia. Se trata de un museo donde se muestran algunas colecciones sobre la historia de Bielorrusia junto a materiales relacionados con la fauna y la flora en un recinto quizá algo desordenado, anticuado y necesitado de una amplia remodelación. Tiene un corte de la época soviética indiscutible y rememora el pasado comunista del país, aunque sin dejar de tener su interés por algunas de sus piezas y elementos expuestos.

 

4. Biblioteca Nacional. Es el emblema de la nueva Minsk que emerge de sus cenizas, queriendo superar su pasado paleo estalinista y mostrando al mundo que sobre las ruinas del viejo sistema comunista se puede construir un mundo nuevo. El edifico fue abierto en el año 2006 por dos arquitectos locales -Viktor Kramarenko y Mikhail Vinogradov- y es mostrado y anunciado con orgullo por las autoridades locales, cada vez más necesitadas de la apertura hacia el exterior y de la llegada de inversiones y visitantes del exterior. Tiene un aire de obra faraónica como de los viejos tiempos pese a su aire joven e innovador.

5. Museo del Arte de Bielorrusia. Es el gran museo de las artes bielorrusas y su colección es la más importante del país. En la misma podremos conocer los desconocidos pintores locales, abarcando la muestra una serie de autores que arrancan en el siglo XIX llegando hasta épocas recientes, sin dejar de lado ni pasar por alto el periodo del realismo socialista en este país que antaño fue parte de la difunta Unión Soviética.

 

6. Estatua de Lenín. Hemos incluido esta grandiosa obra escultórica porque es una de las pocas dedicada al fundador de la URSS que quedan en el mundo. Queda a muy pocos metros de la Iglesia Roja, aunque algo escondida, y junto a uno de los edificios bielorrusos del gobierno con un inconfundible estilo estalinista. No pudimos encontrar la fecha en qué fue erigida esta estatua, pero seguramente fue construida después de la muerte de Lenin (1924) y durante el periodo estalinista (1924-1953). 

 

7. La Iglesia Roja. Esta iglesia neo-románica fue diseñado por los arquitectos polacos Tomasz Pajzderski y Władysław Marconi, y construida entre 1905 y 1910. Los ladrillos de las paredes proceden de Częstochowa, mientras que las tejas vinieron de Włocławek. Su construcción fue financiada por Edward Woynillowicz, un prominente activista cívico polaco. La iglesia fue nombrado y consagrada en memoria de los hijos fallecidos de Woynillowicz llamados Szymon y Helena. (Fuente consultada y citada: https://es.wikipedia.org/wiki/Iglesia_de_los_Santos_Simón_y_Elena).

8. Paseo por el río Svisloch. Aunque no aparece en ninguna guía, te lo recomendamos especialmente. Puedes salir del Museo dedicado a la “Gran Guerra Patria” y desde allí dirigirte hasta la orilla sobre el río y caminar hacia el centro, que está relativamente cerca andando y se divisa con facilidad porque está coronado por sus dos pequeñas y coquetas iglesias: la Catedral del Santo Espíritu y la Iglesia de los Santos Simón y Elena. Muy cerca de ambas se encuentra también la Iglesia de la Santísima Trinidad.

 

9. Centro Histórico o la Ciudad Alta de Minsk. Es pequeño, coqueto, recogido, casi resguardado de todo,  tranquilo, seguro, limpio y muy recomendable para darnos un paseo, bien recorriendo sus recobecas callejuelas, o para sentarnos en alguna de sus terrazas -si el tiempo acompaña y no ha llegado el glaciar invierno bielorruso-. Posee una buena nómina de bares y restaurantes donde podrás degustar los famosos dranikis, un suerte de pastel hecho a base de patatas que es considerado una de las mayores delicias de la comida bielorrusa, bastante parecida a la rusa y emparentada también con la polaca y la ucraniana. Uno de los restaurantes especializado en este plato tiene el nombre del mismo, Draniki, y se encuentra en el mismo centro histórico. Muy recomendable, no te pierdas los dranikis mientras bebes un buen vodka bielorruso.

10. Calle Zybitskaya. Es una de las calles más conocidas y diría que mítica de la capital bielorrusa. Tiene casi una treintena de bares, especializados en vinos o cervezas artesanales, y se puede decir, casi sin equivocarnos, que esta calle es el epicentro de la zona de “marcha” de Minsk, pareciéndose en algo a esas zonas de las ciudades de España donde la gente va de bar en bar de cañas o vinos. Los precios, por ahora, no son altos y hay que destacar que la calidad de las cervezas es comparable a muchas europeas. Los vinos que acá puedes encontrar, a buenos precios, proceden de Moldavia, Georgia y Armenia, como también podrás comprar o degustar brandies de esos países a unos precios realmente increíbles si comparas con otros países de Europa.

11. Barrio de la Trinidad. Es un pequeño barrio que debe su nombre a su cercanía con la Iglesia de la Trinidad y se trata de un conjunto de pequeñas calles y arregladas casas. En este barrio nació la ciudad de Minsk y desde ahí se fue desarrollando, desde el siglo XII, fecha de la que data el barrio, a través de su dilatada historia hasta ser lo que conocemos hoy. Se encuentra a orillas del río Svisloch y te recomendamos un paseo por su orilla desde ese lugar hasta el posestalinista pero interesante, en términos arquitectónicos, Hotel Bielorrusia, visible desde casi todos los lugares y rincones del centro de la ciudad. Por la noche, el barrio de la Trinidad se ilumina con coloristas y casi futuristas luces pero muy efectistas y que le dan un aire muy europeo a la capital Bielorrusa. 

 

12. La Isla de las Lágrimas. Sobre este lugar hemos encontrado una reseña muy ilustrativa y concisa que explica su emotivo significado para todos los bielorrusos:"Junto al barrio de Trinidad, se encuentra la isla de Lágrimas, una isla artificial construida sobre el río que se llama así porque rinde homenaje a los soldados bielorrusos caídos en la guerra afgano–soviética (1978-1992). Se calcula que, en la contienda, fallecieron unos 800 combatientes nacionales. Para llegar a la isla hay que cruzar un puente. Una vez allí, se puede visitar su capilla y ver una escultura de un ángel que llora por los fallecidos, entre otras figuras levantadas en su honor”. (Fuente citada y consultada: https://tierrasinlimites.com/2019/08/29/minsk-entre-rusia-y-europa/).

 

13. El Monumento a la Victoria. Está situado en la plaza de la Victoria y es una zona donde podrás ver el realismo socialista en todas sus mejores esencias arquitectónicas. Tiene el típico diseño y planificación de la época socialista, más concretamente posestalinista, y data del año 1954, en que dos arquitectos locales -U. Karol y G. Zagorski- se encargaron de dar forma a un proyecto que pretendía honrar a los bielorrusos que dieron su vida en la Segunda Guerra Mundial por liberar al país de la invasión alemana. Hay un gran complejo debajo de la plaza que recuerda a los Héroes de la URSS de origen bielorruso -casi 600- ,y es el lugar donde tradicionalmente se organizan las paradas militares en fechas señaladas de la historia del país. 

14. El Palacio de la República. Es un proyecto que se comenzó en el año 1982 pero que ha sufrido en esta casi cuatro décadas numerosas vicisitudes. La defunción de la extinta Unión Soviética, en 1991, provocó la paralización de las obras, que fueron retomadas por el sempiterno presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, en 1995, y finalmente concluidas en 1997. Pese a todo, tuvieron que pasar unos años, hasta el 2001, en que concluyeron las mismas. Actualmente es el lugar de recepciones y recibimientos oficiales por parte de las autoridades, pero especialmente por el presidente Lukashenko, que lleva en el poder más de veinticinco años y parece que su mandato va para largo.

El edificio, sobrio y recio, exhibe un aire de indudable estilo soviético y un cierto regusto pretencioso rayano en el mal gusto en sus interiores, al menos tal como muestran las fotos publicadas de algunas recepciones oficiales. 

15. El Teatro de la Opera. Es un edificio que fue inaugurado en 1933, en pleno esplendor estalinista y justamente antes de las grandes purgas inspiradas por Stalin, y contiene elementos arquitectónicos de indudable impronta del realismo socialista junto con otros neoclásicos. En este lugar tienen su sede oficial el Teatro Nacional y la compañía de Ballet clásico de Bielorrusia y está ubicado en un parque muy agradable, que le añade un toque campestre, casi bucólico, a esta zona del centro de la capital bielorrusa.

Página recomendada antes de visitar Minsk: 

https://www.vero4travel.com/2018/07/viajar-a-bielorrusia-consejos-seguro.html

 

Hotel recomendado para pernoctar: Hotel Bielorrusia

RICARDO ANGOSO