LA VENGANZA DE LOS COVINGTON BOYS

Por: Cristian Rojas

 

En estos días hemos conocido la historia de Emmanuel Cafferty, un hombre de California despedido de su trabajo por, supuestamente, hacer un gesto de supremacismo blanco mientras conducía una camioneta de la empresa para la que trabajaba. Cafferty no solo no es racista, sino que desconocía el significado de la seña, solo jugaba con sus dedos. La ira tuitera quiso destruir la vida de este hombre bajo lo que se conoce como “cancel culture”, una nueva cacería de brujas con innumerables víctimas.

Pero esta nueva persecución no solo se da en las redes sociales, también está presente en la gran prensa liberal. El caso más emblemático es el ocurrido en enero de 2019 en Washington D. C. durante la March For Life, cuando un grupo de estudiantes de Covington Catholic High School, con gorras de “Make America Great Again”, se encontraron con Nathan Phillips, un nativo americano que tocaba sus instrumentos tradicionales. Una escena aislada trascendió a los medios de comunicación de masas, mostrando al joven Nick Sandmann frente a Phillips con una sonrisa “arrogante, burlona y desafiante”. Los periodistas no lo pensaron dos veces: el indígena de Omaha había sido rodeado por hombres blancos, católicos, conservadores, provida, de un colegio privilegiado y además simpatizantes de Donald Trump. Con esas características Sandmann no podía ser una peor persona y, al parecer, en el país no había un problema más grave que ese cara a cara en el Lincoln Memorial.

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La ira recorrió el país, las redes sociales estallaron, la televisión ardía exponiendo al perverso muchacho y sus amigos, el colegio suspendió actividades y la vida de Nick Sandmann se derrumbaba. Después, una versión más completa del video mostró a Phillips acercándose a los muchachos del Covington y escogiendo al inmóvil y tímido Nick para golpear su instrumento muy cerca de su rostro. Así, la noticia ya no evidenciaba el odio de la cultura del racismo, sino el odio de la cultura de la cancelación de la que han sido mártires, además de Sandmann, escritores de la importancia de J.K. Rowling o Steven Pinker, los mismos que junto a intelectuales tan variados como Francis Fukuyama o Noam Chomsky, piden el fin de la intolerancia destructora de la izquierda radical.

Nick Sandmann avanza en sus demandas contra los medios de comunicación que quisieron destruirlo. Esta semana tuvo un acuerdo con The Washington Post por 250 millones de dólares, la cifra que pagó el multimillonario dueño de Amazon, Jeff Bezos, cuando compró el mismo diario hace siete años. Eso se suma a los 275 millones que fueron acordados con CNN en enero y a lo que viene con las demandas a ABC, CBS o The Guardian. Mientras tanto, algunos medios como el Wall Street Journal toman partido por la verdad y la libertad advirtiendo a sus lectores que no cederán frente al “cancel culture” y la tiranía de la corrección política: “no somos The New York Times”, dice el valiente editorial.

La revancha de los estudiantes del Covington es una lección para medios como este último diario neoyorquino, que perdió en días pasados a Bari Weiss, la periodista que renunció asfixiada por la censura progre en la “dama gris”. Es tiempo de que los periodistas decidan, una vez más, si sirven a la persecución o a la libertad.

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Foto: La Vanguardia