¿LOCOS POR EL COVID-19?

LA SALUD MENTAL EN TIEMPOS DE PANDEMIA

Por: Hollman Salamanca

Médico de la Universidad de La Sabana

Estudiante de Psiquiatría de la Universidad Militar Nueva Granada

 

Los registros históricos de la primera cuarentena datan del año 1377, en la ciudad italiana de Ragusa donde se aislaba por un periodo de 40 días a toda persona que quisiera entrar a la ciudad, medida que demostró su efectividad a la hora de combatir la temida peste negra que arrasó con un tercio de la población europea en el siglo XIV. La pandemia por COVID-19 ha encendido las alarmas a nivel mundial poniendo en aislamiento a gran parte de los países en los cinco continentes, disposición que busca disminuir en la medida de lo posible el número de contagios, pero paralelamente una decisión con repercusiones económicas, políticas, sociales y mentales.

El aislamiento presupone ser una experiencia poco placentera al estar alejado de los seres queridos, perder libertad de movimiento, preocupaciones generadas sobre el futuro, el dinero, las necesidades básicas, entre otros diversos factores. Pensamientos e ideas que repercuten en las emociones, sentimientos y en general en toda la esfera mental. Diversos estudios han mostrado que esta situación puede provocar síntomas de diversa índole: tristeza, pérdida de interés por las actividades, ira, sensación de ansiedad, alteraciones en el patrón del sueño; condiciones que pueden ser reactivas pero que pueden persistir en el tiempo constituyendo un trastorno psiquiátrico especificado, condición agravada por la soledad, frustración, incertidumbre y exceso de información. Diversos factores que pueden explicar una mayor tendencia al consumo de cigarrillo, alcohol o incluso de sustancias psicoactivas.

Ante esta amenaza actual, situación que pone a prueba todo mecanismo de afrontamiento poseído, se puede generar un desequilibrio entre los factores desafiantes y la forma en que se enfrentan generando síntomas de estrés agudo: síntomas denominados intrusivos en que recuerdos, imágenes molestas y perturbadoras invaden el pensamiento, malestar físico o mental al pensar en la condición generadora de molestia dificultando la capacidad de experimentar emociones positivas; síntomas evitativos en los que se busca evadir toda situación que recuerde el estresor; síntomas de alertamiento en los que hay un estado constante de vigilancia por lo que ocurre alrededor, falta de atención, sobresaltos constantes y dificultades para la conciliación del sueño. Sintomatología que puede afectar la funcionalidad cotidiana perjudicando relaciones personales, capacidad de hacer labores y en general el quehacer diario.

Existen diversas maneras de afrontar estas problemáticas, inicialmente entender el riesgo y la situación actual, estar informado sobre el progreso de la pandemia, escuchar las recomendaciones, pero evitando la información excesiva que puede aumentar el miedo y la ansiedad, en algunos casos puede ser recomendable cerrar redes sociales, dejar de ver televisión o periódicos si se determinan como factores generadores de estrés. Se debe evitar guardarse las cosas, buscar hablar y expresar lo que se siente a alguien que pueda escuchar y realizar un aporte positivo evitando aumentar la sintomatología con ideas catastróficas.

Un aspecto que ha mostrado especial eficacia a la hora de afrontar el aislamiento es procurar continuar con la vida normal a través de un horario que permita aprovechar el tiempo de la mejor manera posible: realizar deporte, leer, aprender alguna nueva habilidad, nueva lengua, actividades de esparcimiento o simplemente aprovechar para compartir más con la familia. Se debe cuidar la buena alimentación, la higiene del sueño acostándose y levantándose a la misma hora, evitando ingestas grandes de comida hasta 4 horas antes de irse a dormir, evitar ver televisión o celular, limitar siestas en el día. Hay que aclarar que existen líneas telefónicas de atención psicológica, pero si en algún momento se considera que la situación está saliéndose de control se debe consultar con un profesional en psicología o psiquiatría.

Es importante destacar el papel del personal del sector salud en la pandemia actual, profesiones que tienen mayor riesgo de sufrir depresión, ansiedad, estrés postraumático e incluso suicidio por los altos niveles de estrés a los que están sometidos. Seres humanos con los mismos miedos que el resto de la población -miedo de contagiarse o de contagiar a sus seres queridos-, seres que están siendo víctimas de estigma y conductas evitativas, seres que están en la primera línea de defensa arriesgando su vida por todos, seres que merecen todo nuestro agradecimiento y admiración.

Se debe mirar esta situación con ojos de optimismo, entendiendo que el quedarse en casa, el obedecer las recomendaciones dadas es la mejor manera de aportar al fin de la pandemia; cambiando la idea errónea de hacerlo por obligación a pensar en hacerlo por voluntad propia, sabiendo que es la forma en que ayudo al final exitoso de esta problemática. Viendo esta ocasión como una oportunidad de crecer, de ser mejor persona, de reflexionar, convirtiendo este tiempo en un tiempo invertido en lugar de un tiempo perdido.