LEJOS DE CASA,

UNA CRÓNICA BOGOTANA

Por: Jair Peña Gómez

 

En abril, lluvias mil… y Bogotá luce señorial, imponente. Es la época en que las montañas del oriente se pintan de un verde opaco y se visten con nubes de mil grises. Sus grandes avenidas reflejan la luz de los semáforos que siempre están en rojo, deteniendo un tráfico que nunca fluye. Los tradicionales taxis amarillos van llenos, el agua resbala por sus panorámicos y por todos sus vidrios y espejos; afuera, por la lluvia, adentro, por la respiración de sus ocupantes, casi siempre señoras de avanzada edad ¡di-vi-na-men-te!

 

Las jóvenes corren en todas direcciones con sacos y abrigos sobre sus cabezas que se convierten en improvisados paraguas, a veces suyos, a veces no, temen que se les dañe el blower o que se les diluya el maquillaje. ¡Sabrá Dios a donde van! Los señores escampan en las puertas de los almacenes y bajo los puentes metálicos del TransMilenio, una pésima idea ya que las gotas sucias se escurren por las rendijas y todos saben que el pasatiempo favorito de muchos es lavar transeúntes en agua y lodo.

 

Todo es humedad, en el aire y bajo las ropas de la gente, todo huele a tierra mojada, todo adquiere un aire - dicen algunos pretenciosos capitalinos - “londinense”.

 

Salen los estudiantes del Rosario, La Gran Colombia y demás institutos y universidades del centro, caminan raudos al lado de la estatua de un tal Gonzalo, que dizque fundó una Santa Fe en 1538. Se aferran a sus cigarrillos como un último placer antes de entrar al tumulto de la estación Museo del Oro, les dan el “plon” final y los  tiran sobre los ladrillos a medio poner de la Av. Jiménez.

 

Un café viene bien, aquí el de $2.700 en Tostao, allá el de $6.300 en Juan Valdéz, acullá el de $9000 y pico en el Starbucks. El primero es para todos, el segundo para el que tiene con qué y el tercero para el esnob que no tiene con qué pero que no quiere ser igual a todos.

 

Los bogotanos caminan por el Parkway y la 93, los bogotanos van en cicla por la 26, los bogotanos van en moto, carro, SITP y TransMilenio por la 30, los bogotanos ansían llegar a su casa, ¿pero no es esta?, ¿la que llaman “cielo roto”?, ¿la que está “más cerca de las estrellas”?, ¿la de El Dorado que nunca encontraron y entonces construyeron?

Hoy los bogotanos no pueden caminar, montar cicla o correr, hoy los bogotanos quieren salir de sus viviendas y aguantarse el trancón, el madrazo, el empujón. Hoy los bogotanos quieren estar en Casa y sólo pueden estar en un apartamento o en una casa.

 

Apostilla: Esto fue escrito con esfero, no con lapicero.

 

Chía, 13 de abril de 2020