LECCIÓN ÚNICA

Por: Jorge Yarce  

 

Como oportunidad de aprenderla y avanzar como humanidad o que, simplemente, nos atengamos a ver pasar la amenaza mortal del bichito minúsculo que ha causado la crisis:

 

Descubrir la vulnerabilidad radical del ser humano, que nos afecta a todos en cuerpo y alma.

Valorar lo esencial: descubrir lo que realmente somos y lo que son los otros: no somos seres aislados para evitar el contagio, sino básicamente unos con otros y unos para otros.

Darnos cuenta del gran poder del ser humano, que radica en la riqueza de su intimidad y en su espíritu, que nos hace capaces de convivir y de ser solidarios y de entregarnos a la más noble de las causas: para dar, para ayudar, para salvar y para servir a los demás, sin barreras, sin fronteras, sin nacionalidades, sin necesidad de pasaporte.

Descubrir que los demás esperan que les demos tiempo, más que cosas materiales o elementos para cuidar su salud, que de todos modos son indispensables y obligación primordial de los Estados.

Descubrir el miedo de los poderosos a perder su poder económico y político, y ante el fracaso evidente de las ideologías para resolver un problema universal y perentorio.

Descubrir que el bien común está siempre y en cualquier circunstancia por encima de los intereses personales o de grupo, y que ese bien necesita del sacrificio de todos y de cada uno, por pequeño que parezca.

Volver a lo natural, que es poner la persona y la familia en primer lugar, y luego la protección de la naturaleza, dando prioridad a su primer recurso, que  son las personas y su dignidad esencial.

Descubrir que hoy el egoísmo no tiene cabida: lo único posible es, entre todos, hacer comunidad y responder con todas nuestras fuerzas a los retos que plantea esta crisis.

Descubrir que hay que estar disponibles para lo que se necesite, y ser muy creativos para autogestionar los recursos de que se dispone.

Descubrir que sólo realmente unidos de pensamiento, voluntad y acción, podemos  derrotar la amenaza y salir bien de la crisis, siendo verdaderamente mejores como personas y como sociedad.