LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO

Por: Jonathan Delgado

La periodista Soraya Yanine el 24 de mayo se manifestó frente a otro comunicado de la señora alcaldesa de Bogotá, en los siguientes términos: “Alcaldesa Claudia Lopez amenaza ahora con suspender licencias especiales a empresas porque ocupación de Transmilenio está llegando al límite del 35%. ¿Qué ineptitud de alcaldía, o sea que fueron 60 días perdidos en cuarentena donde no prepararon a la ciudad para fin del aislamiento?”, y llego a mi mente la frase de Bolívar cuando se dirigía a Fanny Du Villars en 1804 que decía: “…solo se puede someter al cálculo las cosas cuyos datos son conocidos; entonces el juicio, como las matemáticas, puede formarse de una manera exacta”.

Lo que me llevo a la siguiente reflexión, la administración distrital no conoce la realidad de Bogotá, y mucho menos la de los ciudadanos pues que hay verdades que son irrefutables, solo por tomar un ejemplo, el asunto tributario, ya que hay personas, hogares, microempresas que van a completar ochenta días sin generar un centavo, es decir, que no tienen ingresos para sobrevivir, en muchos casos las empresas familiares ya perdieron sus mercancías, otros ya no podrán reabrir sus puertas al público simplemente porque no cuentan con los recursos para hacerlo.

En consideración de estos casos -que no son aislados-, ¿de dónde saldrá el dinero para pagar impuestos? Falta planeación en el Palacio de Liévano, muchos asesores y muy pocas soluciones.

Es inaceptable porque las autoridades públicas, en especial las administrativas solo se han dedicado a opinar y hacer unas valoraciones meramente descriptivas del escenario económico de la capital, pero tomar decisiones ejecutivas no les alcanza la pita, les da miedo asumir responsabilidades en un caso de “excepción”, pero la crisis es real, el coronavirus no conoce de buenas intenciones, ni de acuerdos inviables, la pandemia se enfrenta con disposiciones eficaces, buscando proteger los sectores que garantizan el empleo que el Gobierno Nacional no puede generar, en especial en Bogotá.

 

Esa irracionalidad administrativa, está generando en muchos ciudadanos que no son ricos, un perjuicio irremediable, pues hay circunstancias de orden gubernamental que son imposibles de solventar pero al mismo tiempo ineludibles, como el pago de impuestos, y en este punto parafraseo a Stigler, la razón de ser del derecho público frente a las dinámicas y al que hacer económico privado, es que dichas reglamentaciones deben ir encaminadas al beneficio de los particulares de los “grupos de interés” y de los “grupos importantes”, que son las microempresas y personas naturales que viven del día a día, ¡por amor a Dios!, que son en ultimas los que sostienen al Estado.

Si no existe el “beneficio señalado”, simplemente se acaba la fuente de ingreso tanto para el Estado -y en el caso de Bogotá para el Distrito- como para los trabajadores, pues no hay quien pague dichas cargas. En palabras coloquiales, seria ahorcar a la gallinita de los huevos de oro, con la excusa de que es mejor sacarle todo el oro de una vez, sin detenerse a pensar en el futuro.

Por eso creo que el imperativo de la administración capitalina es enfocarse en definir cuáles son los instrumentos concretos para asegurar la solvencia de la “gallinita de los huevos de oro”, para que en un futuro no muy lejano se aseguren los empleos y se puedan pagar los impuestos, sobre las actividades reguladas y la propiedad privada. En mi opinión es lo correcto. Se deben fijar políticas y garantizar derechos económicos de una manera eficaz, y que se deben utilizar herramientas jurídicas concretas e idóneas para racionalizar los alcances de la pandemia, sobre todo en lo que se refiera al impacto que esta ha tenido en el bolsillo de los hogares colombianos. No se trata de más “auxilios económicos”, se trata de una ayuda verdadera, que empuje a los sectores golpeados en la economía. Podría ser una condonación tributaria ajustada a la realidad, ya que en este caso la capital se puede endeudar a futuro, pero muchos ciudadanos ya no lo pueden hacer, y aunque lo hicieran los bancos tampoco les prestan.