LA FAMILIA Y EL MERCADO

Por: Giovanni Rocha

La pandemia que conmueve a la humanidad hoy, ha puesto de manifiesto la delicada situación que atraviesan las personas y las familias ante un hecho sobreviniente como la enfermedad. Esta situación históricamente ha llevado a cambio y avances como la higiene, desarrollo científico, mejores técnicas médicas, cambios en el urbanismo y en el consumo.

 

La actual situación indica que es la cooperación la que permitirá superar el COVID-19, tratarlo y si es posible en un futuro cercano erradicarlo. Sin embargo, esta crisis ha evidenciado lo delicado que es para las familias el lograr llevar el sustento a sus casas. Y es alrededor de esta acción cotidiana, pero delicada, la que está siendo puesta en peligro por los promotores del estatismo, del control per se y la concentración de poder, que terminarán ahogando lo esencial para las familias y las personas, la libertad.

 

La situación ha llevado a que se acepten medidas como el aislamiento social, limitar el tránsito de personas y bienes, hacer seguimientos informáticos sin la claridad del uso de esa información más allá del seguimiento del contagio e ir aceptando la disminución de la privacidad, restringir el disfrute de los lugares de encuentro, pero además, y lo resaltó con importancia, ha venido afectado la interdependencia entre las familias y las empresas.  Esa interdependencia es lo que llamamos Mercado, pues esa relación social de comprar y vender, tiene que ver con el sustento diario de todos. La empresa como organización social está conformada de personas que cooperan entre sí para producir bienes y servicios y para atender las necesidades de otras personas. El hecho natural del mercado es ese encuentro entre unos y otros para proveerse de lo necesario, de lo lujoso y de lo superfluo en función a las necesidades de las personas y sus familias. Es en el mercado donde se encuentra el empleo.

 

Esta realidad que ha tenido más luces que sombras, no solo viene siendo criticada, sino puesta a prueba por muchos gobiernos que ven hoy la oportunidad de limitar, bloquear, y si fuese posible suprimir esta interdependencia de cooperación que denominanos Mercado.

 

La pretensión de alargar las cuarentenas sin un  horizonte claro de finalización, el pretender controlar los precios, la criminalización de conducta simples como andar sin tapabocas, y la pretensión de considerar que el Estado es la sociedad, y por ende sólo queda obedecer (ejemplo, las pretensiones del actual gobierno de España), o el caso ecuatoriano donde la desinformación  y la debilidad de las capacidades operativas del Estado para hacer frente a la crisis han aumentado las muertes, son señales que no solo se debe defender la libertad de las familias, sino la libre empresa. Pues estas instituciones sociales son las que garantizan el bienestar de la comunidad, su cultura y la solidaridad, la financiación del Estado, y la creación de riqueza de manera sostenible en el tiempo.

 

Hay que defender a las familias y las empresas de la pretensión ideológica y práctica de algunos sectores políticos de estatizar y controlar la sociedad, y verlas en su clara dimensión, como forjadoras del desarrollo, y a partir de esta crisis y de los problemas de ecología y de recursos naturales del mundo, repensar cómo fortalecer y mejorar esa interdependencia de unos con otros que denominamos Mercado y así no quedarnos sin sustento.