LA EDUCACIÓN COMO FENÓMENO MOVILIZADOR

Por: Gloria Díaz Martínez

La educación en general, y sobre todo la educación superior, es uno de los aspectos más fundamentales de toda sociedad y comunidad. La educación es, precisamente, la fuente del crecimiento económico, del progreso de una clase media sólida, y de grandes oportunidades de avance y movilidad social ascendente de los ciudadanos del futuro.

Pese a su importancia, es evidente que persisten ciertas problemáticas respecto a la educación, las cuales, por ejemplo, impiden a jóvenes de familias de escasos recursos acceder a una formación superior que les permitiría tener la oportunidad de superar su condición, así como de explotar sus talentos, genialidades e inteligencia. Esto trayendo como consecuencia que la ciudad y la sociedad se vean igualmente impedidos en beneficiarse de esas virtudes y capacidades que incidirían en el desarrollo y crecimiento económico, y que harían de estas  epicentros de innovación, de gestación de avances y de nuevos conocimientos e ideas. Problemáticas que también impiden a los jóvenes materializar sus expectativas y planes de vida, así como tener un avance social y profesional.

En este sentido, Bogotá hace hoy una gran apuesta desde su Plan de Desarrollo 2020-2024, la cual consiste en la creación de una Agencia para la Educación Superior que contribuya a gestionar el problema del acceso a la educación superior para los jóvenes egresados de colegios del Distrito, apoyándolos también en su transición de la educación media a la educación superior.

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Foto: La Vanguardia

De este modo, la puesta en marcha de esta iniciativa pretende permitir la concertación de los esfuerzos del sector público y del privado, posibilitando la formulación de políticas en educación superior más eficientes en la ciudad, así como una articulación entre los sectores. De esta manera, el Distrito espera que se consoliden los esfuerzos necesarios para que más jóvenes tengan la posibilidad de explotar sus cualidades y contribuyan a la innovación, la investigación y el desarrollo mediante los grupos de investigación; representando una luz para los llamados jóvenes que ni estudian ni trabajan ‘NiNi’, quienes por diversas razones se encuentran en una situación de extrema vulnerabilidad.

El paso del Coronavirus hará que la economía se contraiga, afectando así el presupuesto nacional y distrital, y dejando sin aliento muchos sectores, entre ellos, la educación; convirtiéndose ello en una piedra en el zapato para la “educación inclusiva”, un concepto que viene acuñando el Ministerio de Educación para promover un cierre de las brechas de inequidad social, un país menos desigual y más incluyente que reconoce a la educación como un derecho y bien público, y la relaciona con la productividad y competitividad del país, el crecimiento de su economía y la calidad de vida de su población.

Según la información del Sistema de Prevención y Análisis de la Deserción en las Instituciones de Educación Superior (SPADIES), la mayor tasa de deserción se encuentra en estudiantes de hogares estrato 2 e ingresos familiares entre 1 y 2 salarios mínimos. Además, según datos proporcionados por el Ministerio de Educación Nacional, referentes a los años 2015 y 2016, el estrato 2 es el nivel socioeconómico que aporta el mayor número de matriculados en primer semestre (40,2%), seguido por el estrato 3 (26,96%) y el estrato 1 (23,26%). Así pues, queda claro que la falta de recursos económicos es una de las razones que más influyen en la deserción de los estudios en educación superior.

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Sin embargo, hoy la educación no puede ser un priveligio de unos pocos, su democratización implica el ejercicio de su derecho pleno por parte de todas las personas, de forma tal que tengan garantizada la igualdad en el acceso, en aras de potencializar las libertades individuales y las funciones sociales de la población, la construcción de sociedades basadas en el conocimiento y el fortalecimiento de las estructuras productivas.

Es en este sentido, que se concibe la educación como un fenómeno movilizador de la enseñanza, que a la par de la expansión educativa, busca aminorar, y en mayor grado, erradicar las desigualdades como producto de las diferencias en los niveles de vida de las personas y de sus condiciones sociales, de los fallos del sistema educativo y de los problemas políticos y de los gobiernos.

Finalmente, nos enfrentamos al desafío de articular la educación pública con la reactivación económica, cumpliendo una función fundamental en el marco productivo, competitivo y académico de Bogotá. Por ende, se deben generar esfuerzos de fondo para la educación superior pública, con el propósito de encaminar una matrícula gratuita a los estratos 1, 2 y 3 dentro de las universidades distritales, y generar mayores recursos para investigación, desarrollo, conectividad y articulación con los demás actores sociales y productivos.

Foto: Universidad de La Sabana