LA CUESTIÓN ES EDUCAR

Por: Gloria Díaz Martínez

 

El retorno presencial a las clases ha sido uno de los temas más debatidos desde que inició la pandemia, algunos argumentan la necesidad de proteger la salud de los estudiantes, docentes y directivos, mientras que otros exponen la necesidad de la presencialidad, o por lo menos la alternancia, teniendo en cuenta los problemas y secuelas que la educación completamente virtual ha expuesto. La solución a este dilema requiere de un planteamiento que incorpore la mayor cantidad posible de variables y permita la toma decisiones basada en evidencia.

El problema de la desconexión

La educación a distancia ha dejado ver los efectos de problemas pendientes por resolver y que han afectado en mucho la posibilidad de que los menores reciban educación de forma adecuada, además de haber generado otros que requerirán atención en los años por venir, tales como las afectaciones en la salud mental o el desempleo femenino porque las madres, en su mayoría, se han visto forzadas a dejar sus puestos por cuidar de sus hijos al no tener un lugar donde dejarlos.

En Bogotá el problema de la brecha digital ha sido una constante, a pesar de que la ciudad presenta aceptables niveles de cobertura e infraestructura, en especial en las instituciones educativas oficiales del Distrito. Este problema es más evidente en lo relacionado con la carencia de acceso al internet en los hogares o la no tenencia de dispositivos inteligentes por medio de los cuales tomar las clases (computadores, tabletas o celulares). De hecho, según datos suministrados por el DANE (29 de agosto de 2019) y por la Alcaldía Mayor de Bogotá (29 de abril de 2020)[1], apenas un 50% de los hogares poseía un computador portátil y un 75,5% de hogares contaba con Internet. Además, en estudiantes del sector oficial, un 56,1% de ellos contaba con un computador y un 60,7% con acceso a internet, siendo esta problemática muy recurrente en los estratos 1 y 2 en la ciudad.

De acuerdo con un informe hecho por la Secretaría de Educación Distrital (23 de octubre de 2020)[2], cerca del 5% de los estudiantes de colegios oficiales de Bogotá no participa del programa “Aprende en Casa”, y justamente, es la carencia de acceso a la internet una de las razones principales (80,5%), así como la falta de computador o tableta (77,2%) de no poderlo hacer, más de 362 mil estudiantes de todos los niveles carecían de dispositivos para poder asistir a clase.

Sumado a esto, se puede ver que este hecho, de tener problemas de acceso a la internet y carecer de dispositivos, podría incidir en la deserción escolar. Tal y como señala la Secretaría de Educación, un 4% de los padres de estudiantes que hicieron parte de la educación virtual han considerado retirar a sus hijos en caso de extenderse la no presencialidad. Esto puede tener graves repercusiones sociales y económicas a futuro. Adicionalmente, la encuesta COVID-19 y Educación en Bogotá (García, Maldonado, y Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes, enero 27 de 2021)[3], mostró que el 7,6% de los cuidadores y padres consideran retirar a sus hijos de los estudios, con el 36,8% argumentando que hay un temor de infectarse o infectar a otros miembros de la familia, y el 20,7% argumentando carecer de conectividad o dispositivos.

Foto: La FM

Las afectaciones más frecuentes a la salud mental y el bienestar de los estudiantes durante la pandemia son: la ansiedad, el enojo, la sensación de sobrecarga y la dificultad para la concentración.

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De nuevo, tenemos que hablar sobre Salud Mental y algo más…

La educación a distancia también ha tenido efectos en otros ámbitos que plantean problemas con graves secuelas a largo plazo. Uno de ellos tiene que ver con la salud mental. Tal y como señala la UNICEF (abril de 2020)[4], un cierre prolongado de los colegios y escuelas, junto con un aislamiento prolongado en el hogar, puede afectar la salud mental de los menores al punto de generar sensaciones de frustración y confusión.

Esta situación ve comprobada en la encuesta realizada por PROBOGOTÁ y la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes (García, Maldonado, y Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes, enero 27 de 2021), la cual evidencia que las afectaciones más frecuentes a la salud mental y el bienestar de los estudiantes durante la pandemia son: la ansiedad, el enojo, la sensación de sobrecarga y la dificultad para la concentración.

Otro tema que preocupa es que puede haber afectación al desempeño académico de los estudiantes, pues tal y como señala el Laboratorio de Economía de la Educación (agosto de 2020)[5], un cierre de 20 semanas de los colegios puede afectar negativamente el desempeño de estudiantes de bachillerato de colegios oficiales en los exámenes saber, en especial un 11.33% menos en matemáticas y un 25% menos en lectura crítica.

El problema no solo es para los niños; la tarea del Cuidado

Otro de los aspectos problemáticos se relaciona con la relación entre el estudio en casa y la tarea del cuidado, que suele recaer en la mujer. Tal y como señalan Alaimo, Félix y Gutiérrez (13 de agosto de 2020)[6], la pandemia ha hecho que muchas mujeres tengan que apoyar directamente la educación de sus hijos, a la par que tienen que hacerse cargo de las tareas del hogar y trabajar a distancia.

Los efectos socioeconómicos de la pandemia afectan en mayor manera a las mujeres, debido a que somos nosotras quienes solemos llevar la mayor parte de las cargas en el hogar. Antes de la pandemia las mujeres, por lo menos en América Latina, ya llevábamos mucha más carga laboral que los hombres, y la pandemia ha aumentado la carga doméstica laboral.

Esta realidad sugiere una reasignación de las responsabilidades de cuidado y participación laboral al interior del hogar en el contexto de cierre de las actividades presenciales en colegios e instituciones de cuidado infantil. La concentración del empleo femenino en actividades económicas más golpeadas por la crisis también explica una parte de la fuerte afectación, pero la incidencia de este factor parece menor que la del estatus en el hogar y la presencia de hijos.

La pandemia ha hecho que muchas mujeres tengan que apoyar directamente la educación de sus hijos, a la par que tienen que hacerse cargo de las tareas del hogar y trabajar a distancia.

¿Y los colegios?

Un regreso a la presencialidad puede implicar también varios inconvenientes y problemáticas, contribuyendo a la emergencia de efectos duraderos y negativos a nivel social y económico. Para el Laboratorio de Economía de la Educación (agosto de 2020), por ejemplo, está el problema de que muchas instituciones educativas oficiales no cuentan con la infraestructura suficiente para cumplir con las medidas de bioseguridad o tienen problemas con la disponibilidad de servicios básicos, como el agua. También plantean que los planteles tendrían que invertir más recursos en la compra de insumos de bioseguridad y hasta en la capacidad de hacer pruebas o tener insumos de rastreo de temperatura. Asimismo, se expone el inconveniente de que su infraestructura les permita impartir las clases con la distancia necesaria entre estudiantes.

De acuerdo con el informe de la Secretaría de Educación (23 de octubre de 2020), la posibilidad de regresar a clases presenciales genera una sensación de inquietud en muchos padres (53%) al punto de considerar retirar a sus hijos de los colegios si la presencialidad sucede. Las razones que más aducen los padres son: el miedo al contagio del menor y las familias (98%) y la desconfianza en los protocolos de bioseguridad en los planteles (91%).

Estamos ante un reto difícil de afrontar

Evidentemente, cualquiera de las dos formas de educación trae consigo una serie de problemáticas que pueden afectar de forma considerable el acceso a la educación, o inclusive, provocar que muchos menores abandonen sus estudios, perdiendo una valiosa oportunidad de recibir una formación que les permita tener una adecuada movilidad social y superar sus condiciones de vulnerabilidad, pues particularmente la pandemia afecta en mayor medida las posibilidades de educación en los estratos 1 y 2.

Cada forma (presencial o virtual) plantea sus respectivos retos. La solución tal vez pueda hallarse en un punto medio que tome lo mejor de cada una, recoja las experiencias, avances y aprendizajes. En pocas palabras, la solución bien puede radicar en un modelo que implique una alternancia entre la presencialidad y la educación a distancia, o más que alternancia, que combine aspectos de ambas y así permitir que el retorno a clases sea de forma gradual.

Lo que podría plantearse es un modelo híbrido, para una educación Pos-COVID-19, un modelo que permita incorporar las cosas buenas que pudo haber dejado la educación virtual.

Tomemos lo mejor y aprendamos de la experiencia

Más que plantear un debate entre una u otra opción, lo que podría plantearse es un modelo híbrido, para una educación Pos-COVID-19, un modelo que permita incorporar las cosas buenas que pudo haber dejado la educación virtual, avanzar en subsanar las evidentes problemáticas que la no presencialidad maximizó y pensar en un retorno a clases con una educación completamente mixta, acorde a la realidad tras la pandemia.

De acuerdo con Cardini, Bergamaschi, D’Alessandre, Torre y Ollivier (julio de 2020)[7], un modelo híbrido de aprendizaje permite combinar la interacción presencial entre estudiantes y docentes, la interacción a distancia y asincrónica haciendo uso de las tecnologías TIC y los dispositivos digitales, y el desarrollo del trabajo académico en casa. Modelo que además permite y acelera la adopción de herramientas digitales, tan necesarias en la actualidad.

Ahora bien, este modelo hibrido va a requerir – indudablemente – de varios aspectos mínimos para que pueda ser un modelo eficiente, entre ellas, asegurar que tanto estudiantes como docentes tengan acceso a la internet y cuenten con los dispositivos electrónicos necesarios, en pocas palabras, seguir cerrando la brecha digital; elaborar priorizaciones curriculares que tengan en cuenta a los estudiantes que puedan tener clases virtuales y aquellos que necesitan de presencialidad; fortalecer las capacidades de los docentes para el diseño de estrategias de recuperación de aprendizajes que comprendan elementos innovadores e incorporen lo digital; hacer uso y despliegue de otros mecanismos y medios distintos a lo digital mientras se cierra la brecha; dar especial priorización a los estudiantes vulnerables cuyo procedo formativo estuvo en alto riesgo; y garantizar las condiciones sanitarias y asegurar el distanciamiento social.

Entonces, ¿sí o no?

Desde mi punto de vista, un retorno a clases hecho de forma selectiva o por medio del modelo híbrido, puede contribuir a solucionar muchos de los problemas tanto de la educación virtual como los riesgos de la educación presencial en el marco del Post-COVID. Provee, además, una solución intermedia a la problemática en cuestión, requiriendo, eso sí, de la previa adopción de las medidas que maximicen sus ventajas.

 

Adicionalmente, permitiría seguir avanzando en el cierre de la brecha digital, tarea que debe hacerse de la mano y con total compromiso de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá -ETB-, así como reducir el riesgo de deserción por cuenta de la brecha educativa y mitigar el impacto en la salud mental, tanto de estudiantes, como padres y profesores. Asimismo, contribuiría a reducir la carga laboral doméstica en las madres y permitiría la recuperación del empleo femenino en alguna medida.

 

Para esto, es fundamental que se cumpla con la adecuación y habilitación según las normas de bioseguridad y distanciamiento de las instituciones educativas y formular una estrategia que contemple la rotación y priorización del cuerpo docente, protegiendo a aquellos con factores de riesgo.

[1] Alcaldía de Bogotá. (29 de abril de 2020). Plan Distrital de Desarrollo 2020 – 2024. Bases del Plan.  http://www.sdp.gov.co/sites/default/files/bases_del_pdd_un_nuevo_contrato_social_2020_2024_documento_uno.pdf; y DANE. (29 de agosto de 2019). Indicadores básicos de tenencia y uso de Tecnologías de la Información y Comunicación -TIC en hogares y personas de 5 y más años. Departamental. (Boletín Técnico).  https://www.dane.gov.co/files/investigaciones/boletines/tic/bol_tic_hogares_departamental_2018.pdf

[2] Secretaría Educación del Distrito. (23 de octubre de 2020). Undécimo informe y evaluación de la estrategia Aprende en Casa. Periodo comprendido entre el 16 y 30 de septiembre de 2020. Bogotá, D.C., Colombia: Alcaldía de Bogotá. https://www.redacademica.edu.co/catalogo/seguimiento-y-evaluaci-n-la-estrategia-aprende-en-casa. Este informe evalúa el desempeño de la estrategia “Aprende en casa” en Bogotá.

[3] García, S., Maldonado D., y Escuela de Gobierno, Universidad de los Andes. (27 de enero de 2021) COVID-19 y Educación en Bogotá. https://de277bf1-01bf-4c00-8890-fa4ec592f76f.usrfiles.com/ugd/de277b_d092adc85bd148c685a788f35dae3e83.pdf. Encuesta hecha en 753 hogares, del 24 de noviembre al 14 de diciembre de 2020.

[4] UNICEF. (Abril de 2020). El aprendizaje debe continuar. https://www.unicef.org/lac/media/11791/file/El-aprendizaje-debe-continuar.pdf.pdf 

[5] Laboratorio de Economía de la Educación. (Agosto de 2020). Reapertura de colegios: ¿de vuelta a la normalidad. Informe de análisis No. 20-28. Bogotá, D.C., Colombia: Universidad Javeriana. https://evb.eef.myftpupload.com/wp-content/uploads/2020/09/INFORME-20-LEE-PUJ-REAPERTURA-DE-COLEGIOS.pdf

[6] Alaimo, V., Félix, C. C., y Gutiérrez, L. K. (Agosto 13 de 2020). Trabajadora, madre, hija, profesora, cuidadora… El impacto del COVID-19 en el trabajo de las mujeres. https://blogs.iadb.org/trabajo/es/el-impacto-del-covid-19-en-el-trabajo-de-las-mujeres/ 

[7] Cardini, A., Bergamaschi, A., D‘Alessandre, V., Torre, E., y Ollivier, A. (julio de 2020). Educar en pandemia: entre el aislamiento y la distancia social. Banco Interamericano de Desarrollo. https://publications.iadb.org/publications/spanish/document/Educar-en-pandemia-Entre-el-aislamiento-y-la-distancia-social.pdf