ALEGATO A FAVOR DE LA ARGUMENTACIÓN RACIONAL Y DE LA HONESTIDAD INTELECTUAL

Respuesta al artículo «La libertad de cátedra», publicado el 26 de Agosto de 2020, en el portal de noticias La Silla Vacía  

Por: Camilo Noguera Pardo

 

Un académico de vocación es, como decía Weber, el que convierte su curiosidad intelectual en profesión. Modestamente, he intentado guiarme siempre por esa estela. Lo que quiere decir convertir el debate y el cuestionamiento de las propias convicciones en una constante de mi actuar docente, teniendo por lema que la verdad es la adecuación del intelecto con la realidad, bajo la lupa del más estricto examen dialéctico. En consecuencia, siempre he recibido con interés toda crítica con un solo límite: que los contendientes compitan, rindiendole culto a la razón y a la buena fe por esgrimir el mejor argumento. Se trata, en últimas, de las normas implícitas del bello cuadrilátero por la verdad que se dio en el seno de las universidades medievales y que en los tiempos recientes se ha desarrollado por las distintas teorías del significado y teorías del discurso. Por consiguiente, se comprenderá que yo prefiera no transformar un muy serio debate académico en comidilla mediática de coyuntura, vale decir, en un pseudoescándalo alimentado por intereses políticos particulares. En resumen, no quiero llevar unas tesis que para mí son de la mayor trascendencia al terreno de lo banal. Esto no significa que desprecie la política, el derecho, la justicia o la prensa. Significa que prefiero evitar confundir en lugar de aclarar, que elijo pensar en lugar de difamar y que escojo promover el conocimiento en vez de hacer propaganda. Por esta razón, recibo la invitación de Juan Camilo Aljuri al debate y mediante este escrito público doy respuesta formal y abierta, para que académicos de todas las orillas (quienes estemos interesados en hacerlo) podamos continuar profundizando o, más específicamente (ahora todos citan a K. Popper) «someter las tesis al criterio de refutabilidad».

Pero antes de proceder con mi exposición breve (pues esto es un comunicado y no un artículo científico, ese vendrá después) debo decirle a Juan Camilo Aljuri que lamento dos cosas de su artículo: 1) las interpretaciones gratuitas, las caricaturizaciones de conceptos, la tergiversación de argumentos y la feria de sofismas que utilizó; 2) las amenazas pesudojurídicas explícitas en mi contra, amenazas estas que en el futuro podrían hacer contra cualquier académico que critique tesis que susciten desacuerdo (¿acaso nos espera a los docentes ser perseguidos y castigados a la usanza de los regímenes totalitarios?). Todo eso lo lamento porque al país no le hacen bien esas invitaciones a la persecución que se disfrazan con el traje de lo «políticamente correcto». Pero bueno, son los signos de los tiempos propios de las democracias simulativas, y prefiero, mejor, tomar lo bueno de la carta de Aljuri (que a fe tiene algunos momentos de serenidad) y pronunciarme, como es de mi talante, con respeto, sin amenazas, sin atribuciones injustas y sin desfiguraciones interpretativas. Pronunciarme, en fin, con decencia. Es este comunicado, pues, un acto de auténtico respeto para con la ciudadanía y, también, de la máxima apertura epistemológica para con la academia.  Después de todo, es de la condición de la inteligencia humana ver los muchos y los diferentes aspectos de la realidad, tanto lo reglado por el statu quo, como lo cuestionado por el disenso. Por todo lo anterior aquí presento, brevísimamente, unas pocas razones por las cuales es improcedente el escándalo que está queriendo fabricarse y, en cambio, perfectamente legítimo haber presentado dichas tesis en la Cartilla del Diplomado dentro de un «Estado laico»:

Foto: La Vanguardia

1. El asunto debe tratarse de modo claro y distinto. Lo primero y más importante es distinguir que aquí hay dos debates distintos: un asunto es el debate sobre la veracidad misma de la proposición «Los pilares de la ideología progresista [v. g. materialismo pragmático, ética relativista, mercantilización de la vida social, ateísmo, escepticismo y consumismo] pueden llegar a ser algunas de las causas teóricas generadoras de violencias secundarias que afectan la convivencia» (Cartilla, p. 12) y demás proposiciones asociadas; otro asunto muy distinto es, al margen de si dicha posición teórica es verdadera o falsa, si resulta legítimo y aceptable plantear dichas teorías en un documento de la naturaleza de la Cartilla, asociada a una entidad del Estado. Para poder satisfacer racionalmente ambos debates, deben librarse separadamente, por tratarse de preguntas distintas, y no pueden entremezclarse en la argumentación. En este espacio, entonces, me voy a concentrar en el segundo problema, o sea, en el «problema político». El primero, que es el «problema teórico», será tratado en un futuro artículo científico.

 

2. Carácter público de la teoría. Lo planteado en la Cartilla es la síntesis didáctica de toda una vertiente teórica amplamente reconocida y consolidada dentro del campo de las humanidades y las ciencias sociales. Por ende, la identificación del ateísmo como un factor de riesgo de violencia a nivel social no corresponde específicamente a una teoría, sino a un marco teórico amplio e interdisciplinar. Tal marco teórico que vertebra varias de las tesis de la Cartilla se encuentra en filósofos de la religión como William Lane Craig (el undécimo filósofo vivo más influyente según el ranking 2019 de “thebestschool.org”) y Eleonor Stump, en filósofos de la tradición comunitarista como Alasdaire MacIntyre, en psicólogos del debate en torno a la «violencia epistémica» como William Schultz, en el campo de estudios asociados con la Doctrina Social de la Iglesia y hasta en algunas de las prácticas de trabajadores sociales y psicólogos alrededor del mundo que consideran la pertenencia a una iglesia o la profesión de una fe como posibles factores de refuerzo positivo dentro de las redes de apoyo de una persona, y la amplia y muy documentada experiencia de quienes trabajan en distintos escenarios de rehabilitación, quienes encuentran la conversión a una fe como uno de los factores más (si no el más) determinantes para que las personas abandonen la vida delincuencial y estilos de vida autodestructivos: cfr. Heidi Rolland Unruh & Ronald J. Sider, Saving Souls, Serving Society: Understanding the Faith Factor in Church-Based Social Ministry, Oxford University Press, 2005. De manera que aquí queda suficientemente claro que lo que se quiso hacer pasar por una ocurrencia irresponsable y ligera, no es tal. Todo lo contrario. Es un itinerario de tesis ampliamente documentadas en la literatura científica. Desconocerlas sí que es antiacadémico y ciertamente dogmático.

Rolland y Sider: "Saving Souls, Serving Society"

3. Carácter impersonal del planteamiento. Es un requisito mínimo e indispensable en cualquier debate de los ámbitos académico y político saber distinguir lo personal de lo impersonal. Por eso, no es correcto atacar a las personas (falacia ad hominem), sino a las ideas. Tampoco es correcto asumir que cuando se ataca a las ideas, se ataca a las personas. Recalco que en la Cartilla no se habla de nadie en particular, ni aun de grupos humanos como «los ateos», «los progresistas», «los relativistas». Todo lo opuesto, pues el tonus de la redacción es respetuoso (cualquiera puede notarlo). Esto quiere decir que las tesis se socializan de modo impersonal y teórico: «ateísmo», «consumismo», «relativismo», etc. La diferencia es muy importante, pues señala que el debate es de ideas, y, de paso, excluye la posibilidad de que haya ofensa objetiva, discriminación o deshonra alguna.

 

4. Apertura de la discusión por el modo lógico hipotético y apertura de la discusión por salvedad expresamente enunciada. El planteamiento está expresado en términos hipotéticos, bajo el modal lógico de la posibilidad: «Los pilares de la ideología progresista pueden llegar a ser algunas de las causas teóricas generadoras de violencias secundarias que afectan la convivencia» (Cartilla, p. 12). Además, a lo largo de todo el texto se encuentran cuantificadores que rompen cualquier presunta conexión en términos de necesidad: «algunos», «la mayoría», «usualmente», etc. Igualmente, en la Cartilla se manifiesta el carácter discutible del marco teórico de interpretación etiológica del fenómeno enunciado [el incremento de la violencia]: «Este enfoque, sin embargo, como todas las corrientes teóricas hace parte de un debate académico permanente que invita a estudiar y revisar otras vertientes».

En la Cartilla ni se presenta ofensa objetiva alguna ni se configura el abuso de la posición docente, sino que se recurre al uso más común y cotidiano de una teoría de las ciencias sociales y las humanidades.

5. Inevitabilidad de un lugar de enunciación y un marco teórico. Como cualquier académico de las humanidades y las ciencias sociales, en todo análisis de causas de fenómenos sociales, es inevitable adoptar algún marco teórico que funcione como cuadro de interpretación, y todo marco teórico implica una postura teórica.

6. Igualdad de condiciones. Por la razón anterior, me pregunto si aquí se están considerando todos los casos análogos con la misma medida. Para no extenderme demasiado, expreso mi preocupación con una pregunta que dejo en el aire: a lo largo de nuestra historia, ¿cuántos documentos publicados por diversos entes del Estado y universidades públicas han acusado al cristianismo y otras formas de teísmo de ser causa de violencia? Considero que este psuedoescándalo (el de la Cartilla) es una palmaria hipocresía de quienes se arrogan el derecho a la censura, con la pretensión de impedir que  quienes no profesamos sus mismas ideas podamos ejercer el derecho a la libre expresión y a libertad de cátedra, en un espacio de franca lid, como corresponde a la auténtica vida académica.

 

Para concluir, y con base en esta exposición corta, se deduce que en la Cartilla ni se presenta ofensa objetiva alguna ni se configura el abuso de la posición docente, sino que se recurre al uso más común y cotidiano de una teoría de las ciencias sociales y las humanidades. Si alguien se ha sentido subjetivamente ofendido por una lectura descontextualizada de la Cartilla o por la tergiversación de que esta fue objeto, lo invitamos (y aquí hablo en plural) a que lo asuma con la madurez con que muchos de nosotros hemos tenido que asumir situaciones análogas, claras y objetivas a nuestras propias convicciones teístas a lo largo y ancho de la academia y de las entidades del Estado. Esta madurez es condición imprescindible para cualquier ejercicio académico y desarrollo científico, y una virtud de vida civil dentro de un Estado Social de Derecho, y si se quiere laico, que no es lo mismo que ateo.