GRACIAS,

PERO NO GRACIAS

Por: Jair Peña Gómez

 

Decenas de vídeos circulan en redes sociales sobre las manifestaciones en Estados Unidos, unos comparten las acciones delictivas y los saqueos como un triunfo de la libertad y una derrota del statu quo, el establecimiento y el capitalismo, otros difunden las imágenes con el ánimo de denunciar la barbarie y alertar a los demás acerca de los riesgos del comunismo y la anarquía. No me voy a sacar de la bolsa, acepto que yo también lo he hecho, he compartido uno que otro videíllo acompañado de algún comentario mordaz para incomodar a mis contradictores políticos.

Y es que se ha vuelto costumbre usar las redes sociales ya no para contactar o conocer gente, al menos eso hacía yo cuando era adolescente, sino para ofuscar al excompañero de colegio que sigue a Zutano o al familiar que odia a Mengano. No recuerdo -en mi relativa corta vida- haber vivido momentos tan tensos políticamente hablando como ahora.

Eso me ha llevado a reflexionar que aparentemente todo es política, al menos esa es la sensación que hay en el aire, pero no en su más alto sentido, el de dirimir las disputas, civilizar, llegar a consensos, evitar la guerra, por el contrario, la vida se ha politizado de manera oscura y maliciosa, adquiriendo cada momento un tono más agresivo.

Hemos caído en el juego de la «politización absoluta de la vida humana planteada por Marx» (Luri), y con ello no le hacemos justicia a la vida en sociedad ni mucho menos hacemos una sociedad justa. «Una ciudad es justa si cada una de sus tres partes (los comerciantes, los soldados y los gobernantes) hace cada una su tarea, y sólo su propia tarea» (Strauss). En otras palabras, cada individuo tiene unas tareas que le son propias en la sociedad, es decir que la labor de la mayoría no es gobernar, y por tanto, embarcarse en discusiones infructuosas y permanentes sobre política, en realidad le resta a la sociedad más de lo que le suma. La fractura, la divide y la hace incapaz de lograr «acuerdos fundamentales».

La política es transversal a la vida en sociedad y la condiciona, pero no la determina, hay muchas otras actividades que se escapan del ámbito de la política y por lo tanto es un error politizarlas

No todo es política. ¡No!, ¡no todo es política! Esa debería ser la consigna ahora, el santo y seña. La política es transversal a la vida en sociedad y la condiciona, pero no la determina, hay muchas otras actividades que se escapan del ámbito de la política y por lo tanto es un error politizarlas. Por ejemplo, el deporte, la vida de familia, la educación, las acciones caritativas, etcétera.

«La sociedad está constituida por personas, sus comunidades intermedias (familias, asociaciones) y el Estado» (Resico). Es una perogrullada, pero de nuevo, no todo se reduce a la política porque no todo es Estado y no todo es Gobierno. Propongo que se entienda la sociedad de la siguiente manera:

Así, en ese orden y no otro, porque las personas no son la base de la sociedad, son su cabeza, su germen constitutivo. Luego están las asociaciones intermedias, entre las que se cuentan: la familia, la escuela, la empresa, la iglesia, los gremios, entre otras tantas. Por último, está el Estado, que sirve de base para todo lo anterior y debe generar las condiciones para que la vida en sociedad se desarrolle de la manera más armónica posible, siempre al servicio de la persona humana y las asociaciones intermedias, nunca debe instrumentalizarlas.

Por todo lo anteriormente expuesto es que debemos decir: “Gracias, pero no gracias” a la politización absoluta de la vida en sociedad. “Gracias, pero no gracias” a la confrontación continua por ideologías. “Gracias, pero no gracias” a los ismos que separan y lastiman las relaciones interpersonales. “Gracias, pero no gracias” al barrismo partidista. “Gracias, pero no gracias” a las discusiones acaloradas con los que amamos. “Gracias, pero no gracias” a los reduccionismos mentales, a los prejuicios, a las estigmatizaciones, a la visión amigo o enemigo… Que hay espacio para la diferencia y para hacer política, sí, pero cuidando siempre de no romper de manera irreparable el tejido social.

 

REFERENCIAS

Luri, G. (2012) Erotismo y prudencia: Biografía intelectual de Leo Strauss. Madrid, España: Ediciones Encuentro.

Resico, M. (2011) Introducción a la Economía Social de Mercado. Buenos Aires, Argentina: Konrad Adenauer.

Strauss, L. (1964) La ciudad y el hombre. Charlottesville, Virginia: The University Press of Virginia.

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