EL TRASEGAR DE CARO, DEL PERIODISTA AL HOMBRE DE ESTADO

Por: Jonathan Delgado

 

Respetado profesor y columnista Mario Huertas, agradezco sus apreciaciones a mi humilde escrito entre otros muy breve y sumario titulado: “De José Eusebio Caro a don Miguel Antonio Caro: un legado nacional”, en su artículo “Rafael "Wenzel" Núñez Moledo” publicado en El Metropolitano en días anteriores, y para no cometer un acto de descortesía creo justo hacer unos comentarios a sus observaciones, no a la "manera plutarquiana", pero si guardando un estilo más Jenofontiano en la exposición de mis ideas.

 

Sea lo primero decir que no hay que reducir la realidad política que la historia nos muestra el siglo XIX, gústenos o no los personajes más importantes de la Regeneración del país y de la Constitución de 1886, eran don Miguel Antonio Caro y Rafael Núñez Moledo, y es incontrovertible que en el escenario político existía un telón de  fondo es decir una batalla entre la doctrina y la ideología, un campo de batalla donde se enfrentaban la neoescolástica y el neorracionalismo, y esto no fue ajeno a estos grandes hombres, el uno un conservador convencido y con una identidad académica respaldada con más de dos milenios de pensadores y vivencias, y por demás, bien formado, y el otro un desprendido moral consiente de su entorno, con algunas experiencias en el exterior.

 

Pero en las tablas del escenario político Jaime Jaramillo Uribe, en su escrito “El pensamiento colombiano en el siglo XIX”,  tratan de inducir la descripción de la realidad política de la época de Caro  o mejor de justificar las volutas de humo que pretenden aun al día de hoy desconocer y resquebrajar la realidad histórica de descubrirla “en torno de las cosas”, justificando el "análisis histórico dos ideas rectoras: la convicción de que todo lo valioso y grande de la civilización ha sido obra del cristianismo, y de que España ha sido el pueblo providencial encargado de llevar adelante el poder expansivo del espíritu cristiano; y la idea de que una cultura puede ser grande a pesar de que sus creaciones materiales, científicas y técnicas sean escasas, entre otras cosas porque la ciencia no está limitada al campo de la naturaleza" [1], idea que respeto, pero de la cual me distancio ya que eso equivaldría a medir un sentimiento como el amor en centímetros cuadros.

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Lo segundo y ya probado, es el hecho notorio de que don Miguel Antonio Caro, inicio sus aportes académicos a la doctrina como periodista[1] en periódicos como El Símbolo, La República y La Caridad, y al sentirse sofocado por su ingenio se vio casi que obligado a fundar el periódico El Tradicionista, trinchera ideológica que para las calendas del 21 de noviembre de 1871 manifestó que: “el Partido Conservador entre nosotros es un partido católico o al menos debería serlo. En otros países hay partidos conservadores no católicos, porque hay en ellos costumbres e instituciones no católicas que los conservadores quieren conservar y perpetuar. Pero entre nosotros si se ponen a un lado los principios católicos y las tradiciones católicas ¿Qué queda que conservar? ¿Qué principios alegará entonces el Partido Conservador?”, manifestación donde dejo en claro la diferencia del conservadurismo criollo frente al conservadurismo de otras latitudes, y que se materializo en la Carta de 1886.

 

Adicionalmente a lo anterior y si se quiere en un  tercer lugar, Caro evidenció en el ambiente neogranadino que: el ser católico era una forma real de ser de los individuos, era la cristiandad vivida en la sociedad porque la civilización occidental es el retoño del cristianismo.[2] Era la realidad más allá de cualquier comprobación metódica racionalista y por más que pretendieran menospreciarla alegando que era la ciencia la única forma de apropiarse de un conocimiento real su argumento se agotaba al enfrentarse a la realidad de cada calle y hogar de la naciente República de Colombia.

Foto: La Vanguardia

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Pero lo anterior no significa que don Miguel no conociera al enemigo, por el contrario era muy consiste de su entorno público e intelectual, basta con ver como se refería al tema del materialismo en una de sus cartas dirigidas a Menéndez Pelayo el 30 de diciembre de 1882 en los siguientes términos: "Yo también publiqué por los años de 1868 una refutación de Bentham, en que hay algunas indicaciones originales a vueltas de una exposición desigual y poco firme, con filosofía racional y tradicionalista mal concertadas. Yo leía entonces autores franceses, y seguía principalmente a Jouffroy”.[1]

 

Y no es por demeritar, pero don Miguel Antonio Caro, fue el poeta, traductor, académico, filólogo, periodista político, jurista, economista magistrado e historiador católico neogranadino que le dio identidad al país, a la República, porque la defendió frente al utilitarismo, el materialismo y el sensualismo, tal vez el pensador criollo más fiel a su identidad hispánica.

[1] JAIME JARAMILLO URIBE, en su escrito “El pensamiento colombiano en el siglo XIX”, Bogotá, Editorial Temis, 1964, pág. 83 

[2] MARCO A. DIAZ GUEVARA, “La Vida De Don Miguel Antonio Caro”, Serie La granada entre abierta, Instituto Caro y Cuervo.

[3] CARLOS VALDERRAMA ANDRADE "El utilitarismo como principio filosófico", en Obras, Tomo I: Filosofía, religión, pedagogía, Estudio preliminar por CARLOS VALDERRAMA ANDRADE, Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1962, pág. 232.

[4] Epistolario de Miguel Antonio Caro: cuatro cartas a Marcelino Menéndez Pelayo.