EL MALTUSIANISMO ACADÉMICO

Por: Andrés Villota

 

Durante los últimos cincuenta años Colombia vive una situación en la que los colegios, las universidades, los programas académicos, el costo de las matrículas, los metros cuadrados de salones de clase y los estudiantes, crecen en una progresión geométrica, mientras que la Inversión, el mercado laboral y las empresas, crecen en una progresión aritmética.

 

Ese crecimiento sin precedentes trata de replicar una fórmula exitosa aplicada en los países del Sudeste Asiático durante la segunda mitad del Siglo XX en la que, la educación, era el primer paso para lograr el desarrollo económico, acompañado de altos niveles de inversión en el aparato productivo. Factores que generaron lo que se conoció como el “Milagro Económico de los Tigres Asiáticos”.

 

En lo social, ese crecimiento exponencial, tiene su origen remoto en el “Decentismo” bogotano del Siglo XIX cuando se quiso marcar una diferencia social con el nivel de escolaridad, existente o inexistente. Otro antecedente, más reciente, es la Teoría del Credencialismo de Randall Collins quien aseguraba que, el acceso a las posiciones sociales privilegiadas, se basaba en la cantidad y calidad de las “credenciales” académicas.

 

Ese hecho marcó el proceso de “industrialización” de las universidades que sacrificaron su calidad a cambio de ingresos millonarios por matrículas. Se crearon programas académicos que complementaban la oferta tradicional dirigidos a todos aquellos aspirantes a ingresar a la educación superior, con puntajes bajos en los exámenes del Estado o dirigidos a todos aquellos que entendieron que la fórmula era ser profesional en algo, sin importar en qué.

 

La lógica consecuencia fue la caída en los niveles de calidad, productividad y competitividad de los egresados de las universidades, y el aumento desbordado de profesionales en carreras sin ningún tipo de demanda por parte del mercado laboral. En el Mercado Laboral empezó a converger una masa variopinta de jóvenes que, se emplearon en cualquier actividad sin guardar ningún tipo de relación entre su formación y su ocupación.

 

Los sueldos cayeron de manera abrupta pues se empezó a contratar a personas sin el conocimiento necesario para desempeñar una labor, y el empleador, debía asumir el costo de la curva de aprendizaje. Esa fue una de las varias causas para que los sueldos cayeran tanto que, se perdió la diferencia entre la Mano de Obra Calificada y la No Calificada. Hoy pocos jóvenes se quieren matricular en las universidades porque la motivación del ingreso a futuro, se perdió.

Se habla del adoctrinamiento en las universidades, pero ese fenómeno más que ser un problema de sesgo ideológico, se trata de un problema de falta de capacidades. Se esta formando a jóvenes no aptos para vivir en una sociedad democrática y para ser productivos al interior de una economía de libre mercado.

 

Al finalizar esta coyuntura crítica de la pandemia, las universidades van a tener un fuerte remezón. Las vocaciones profesionales de los jóvenes van a ser revaluadas, sin duda. La utilidad y el pragmatismo van a primar al momento de escoger una carrera profesional, sobre el facilismo o el hedonismo.

 

El tiempo ha demostrado que el acceso universal a la educación o la gratuidad de la misma, no son garantía del desarrollo económico de un país, si no van acompañadas de altos niveles de productividad y de generación de valor. O de lo contrario, Cuba sería una potencia mundial.