EL ESPECTRO DEL CIENTIFICISMO

Por: Samuel Gregg

 

Una patología característica de gran parte del razonamiento post-Ilustración se suele denominar "cientificismo": tratar el método científico como la única forma de saber cualquier cosa y todo.

Pocas personas querrían renunciar a las mejoras materiales de la vida humana que las ciencias naturales han logrado. Con el método científico, la Edad de la Razón nos legó un cierto poder sobre los brutales caprichos de la naturaleza. Un efecto colateral de estos triunfos fue que algunos comenzaron a tratar las ciencias empíricas como la única forma de la razón verdadera y la principal manera de discernir el verdadero conocimiento...

Pocos estudiosos confesarían que están promoviendo el "cientificismo". A menudo es una cuestión de mentalidad. El elogio de Sir Francis Bacon en Nueva Atlántida -su obra póstuma- de las ciencias naturales y su comparativo silencio sobre otras formas de razonamiento tiene algo más que un tufillo cientificista. Más cercano a nuestra época, el tremendo progreso tecnológico e industrial realizado en el siglo XIX gracias a disciplinas como la biología, la química, la ingeniería y la física alentó la retórica triunfalista sobre el potencial de la ciencia para eclipsarlo todo.

A nivel ordinario, el cientificismo aparece siempre que el lenguaje de la ciencia es invocado como una carta de triunfo en el debate. Cuando alguien responde a un argumento con "La ciencia dice..." a menudo está insinuando que las ciencias naturales proporcionan el único estándar real de objetividad, haciendo del científico una autoridad cuasi religiosa a la que todos deben someterse.

El talón de Aquiles del científico es que se basa en lo que los filósofos llaman una premisa autorreflexiva. La verdad de la afirmación: "Ninguna afirmación es verdadera a menos que pueda ser probada científicamente" no puede ser probada científicamente. Es necesario desplegar otras formas de razonamiento para presentar tales argumentos. Pero estas son formas de razonamiento que el cientificismo considera irrazonables.

La verdad de la afirmación: "Ninguna afirmación es verdadera a menos que pueda ser probada científicamente" no puede ser probada científicamente

Incluso la decisión de embarcarse en esta empresa científica está respaldada por algo que precede al método científico: la convicción razonable de que existe la verdad, que podemos conocerla y, sobre todo, que es bueno saber la diferencia entre lo verdadero y lo erróneo. Por ejemplo, no nos dedicamos a la investigación médica simplemente porque queramos saber por qué la penicilina mata los gérmenes. Queremos saber por qué la penicilina mata los gérmenes para poder proteger la vida y la salud humanas. La vida humana, pensamos, es buena y digna de ser protegida de las enfermedades.

A pesar de estos serios defectos del cientificismo, su aceptación tiene dos efectos en una sociedad. En primer lugar, se cree que todo lo que no puede ser cuantificado es algo subjetivo, relativo o arbitrario, una cuestión de opinión, o un reflejo de las emociones. La idea de Dios, entonces, se reduce, en el mejor de los casos, al conocimiento de las estructuras matemáticas que sustentan la naturaleza. Esto podría apuntar a una hipótesis del tipo de Primera Causa propuesta por los deístas y algunos filósofos griegos. Fuera de este marco, sin embargo, Dios se convierte en una cuestión de opiniones subjetivas y costumbres piadosas, es decir, un sin sentido.

El segundo efecto del cientificismo es que fomenta las tendencias imperialistas en las ciencias naturales. En lugar de desestimar todo lo incuantificable como mera opinión, buscamos poner todo bajo el método científico. Un ejemplo prominente de tal pensamiento es el uso de la teoría evolutiva para explicar la moralidad. La prohibición casi universal del incesto, por ejemplo, se explica como una adaptación evolutiva que evitó la endogamia, aumentando la resistencia de la especie humana. Esa es una posición descriptiva... es decir, un intento de describir cómo se llegó a establecer una norma moral. Pero también asume - ya que no hace ningún esfuerzo por probar - que ningún conocimiento moral o razonamiento moral es innato en los seres humanos.

Pero la moral evolutiva también puede asumir un carácter prescriptivo en la medida en que define el bien y el mal en términos evolutivos. El "bien" es lo que fortalece a la especie. El "mal" es lo que debilita a la especie. Este pensamiento subyace en el tipo de argumentos morales hechos por el movimiento eugenista en defensa de prácticas como la esterilización obligatoria de los discapacitados. Lo bueno era lo que promovía una mejor cría por parte de los aptos y lo que limitaba la reproducción por parte de los genéticamente menos dotados.

El punto a tener en cuenta es que la moralidad evolutiva es profundamente científica. Pretende explicar la moralidad y resolver cuestiones morales sobre la base de lo que algunos científicos creen que se ha revelado sobre el desarrollo de la especie humana por parte de determinadas ciencias. En 1975, el biólogo E. O. Wilson llegó a sugerir que "ha llegado el momento de que la ética sea retirada temporalmente de las manos de los filósofos y biologizada".

ni el cientificismo ni el método científico pueden dar respuestas coherentes a importantes cuestiones no científicas, incluyendo las que plantean los avances de las ciencias

Los problemas con tales posiciones son múltiples. Ellas afirman, por ejemplo, un tipo de determinismo biológico que niega el libre albedrío, incluyendo, presumiblemente, la libre elección de plantear una teoría científica de todo, reflexionar sobre ella y responder a las críticas de la teoría. Una vez más, entramos en el reino de las proposiciones autorrefutables.

Peor aún, ni el cientificismo ni el método científico pueden dar respuestas coherentes a importantes cuestiones no científicas, incluyendo las que plantean los avances de las ciencias. La física nos ha permitido desarrollar la energía nuclear. Sin embargo, ni la física ni el método científico pueden ayudarnos a decidir si debemos construir plantas nucleares, y mucho menos si debemos desplegar armas nucleares.

Comenzamos a ver, entonces, cómo el cientificismo, con toda su exaltación de la razón, deprecia irrazonablemente la capacidad de la razón para conocer la verdad y su capacidad para dirigir las decisiones del hombre hacia lo bueno y lo justo. Lejos de representar la victoria de la razón sobre la superstición, el cientificismo es la amputación de la razón. No podemos preguntarnos qué usos son y no son razonables de las ciencias naturales. El cientificismo nos prohíbe usar nuestra razón para ponderar las dimensiones filosóficas de estas preguntas. Tales preguntas no se dejan de lado... se suprimen.

Por supuesto, el cientificismo no puede impedir que tales preguntas surjan en nuestras mentes. Si se le dice a la gente que la razón se limita a las ciencias naturales, sólo para descubrir que estas ciencias no pueden responder a preguntas importantes, se tiende a ir por uno de tres caminos. Algunos intentan construir nuevos sistemas para comprender y dar forma al mundo de una manera que consideran científica, enterrándose aún más profundamente en el búnker del cientificismo. Otros concluyen que fuera de la ciencia, todo es relativo. Esto puede llevarles a aceptar la proposición de que la única forma de tomar decisiones es acudiendo a quien tenga más poder y esté dispuesto a utilizarlo. Un tercer grupo encuentra respuestas al adoptar sistemas de pensamiento que exaltan el irracionalismo y la obediencia irreflexiva a las órdenes de arriba.

Y así es como nos enfrentamos a las fuerzas destructivas que la separación de la fe y la razón ha desatado.

Traductor: Jair Peña Gómez

Publicado originalmente en Acton Institute: https://www.acton.org/pub/commentary/2019/09/18/specter-scientism