EL DIÁLOGO SOCIAL

Por: Jorge Yarce

 

La palabra crisis etimológicamente significa, discernimiento y cambio. Vale la pena aplicarla a esta situación de nuestra  sociedad, en un aspecto indispensable para su subsistencia y para mirar al futuro: el diálogo social, una urgencia perentoria e inaplazable para poder superar las distancias, separaciones y exclusiones que nos caracterizan. Es un ejercicio que nos viene bien a todos en la hora presente y que nos abre un horizonte que nos saca del ámbito de la calamidad. Por ejemplo, la conveniencia de reiniciar la producción no pude ser forzada por la petición de sectores de los trabajadores insistiendo en que el gobierno suspenda las restricciones de la cuarentena para desplazarse a las empresas. si se acepta eso, las consecuencias futuras podrían ser contrarias a la protección de la salud colectiva. Pero conviene llevar el tema al diálogo entre empresarios y trabajadores para razonar conjuntamente sobre el tema y tratarlo con el gobierno.

 

El diálogo, consecuencia necesaria de la naturaleza social de la persona hay que extenderlo a todo tipo de comunidades: la primera de ellas la familia, luego la escuela, la universidad, la empresa y los grupos sociales de distinto tipo. Podemos afirmar, que no existe actualmente un verdadero diálogo social, ni existe acuerdo en la búsqueda de un bien común. Hay demasiadas exclusiones y una extremada polarización, sobre todo en la política, lo cual imposibilita la discusión libre sobre opiniones y soluciones, partiendo del respeto al contrario.

 

Pienso que rige un sistema económico y sociopolítico en el que priman los individuos y sus egos e intereses individuales, con egoísmo de clase y de grupo. Quienes manejan los  grandes capitales, manejan los hilos de la sociedad en su conjunto y están uncidos al poder político, para prolongar su poderío, que extiende sus tentáculos a todos los sectores; hay explotación de la gente, hay una pobreza extrema y un clasismo inequitativo, lo cual da cabida a justas protestas y reivindicaciones, que fácilmente degeneran en violencia y la búsqueda de revancha de unos sectores frente a otros.

 

La intolerancia, y  los odios dificultan un diálogo social pleno. La inequidad social, cuyo índice es de los más altos del mundo, confirma un inaceptable abismo entre ricos y pobres, y no hemos puesto solución para acortar esas distancias y polarizaciones. Es la hora de plantearse un sí al diálogo, a la disponibilidad a la concertación, a los consensos y acuerdos en todos los campos, empezando por la política, en la que se da la mayor falta de ejemplaridad y de moralidad.  Por desgracia, pasan los años y las generaciones y el país no avanza, y se muestra impotente ante crisis como la producida por la pandemia. Todo empieza con un diálogo que nace en cada persona como actitud abierta y sincera para sentirse parte viva de una sociedad que requiere su aporte . No dejemos que la clase dirigente utilice el bien común en provecho propio, marginando a la inmensa mayoría de sus conciudadanos.

El diálogo nace y se desarrolla en el núcleo familiar donde está la raíz de la solidaridad y la base del respeto a los demás y del aprender a convivir y ser parte activa de la comunidad. Y sigue en la educación, no sólo en la discusión de sus estructuras y organización, privada o pública, para modelarla de acuerdo al progreso científico y tecnológico actuales. No basta que preparen a las personas para ejercer una ocupación productiva, sino para ser buenos ciudadanos y construir comunidades prósperas. Necesitamos diálogo para quitar poder a  los grandes monopolios, respaldados muchas veces por las grandes multinacionales, y abrir todas las empresas a la participación real de los empleados no sólo en la propiedad y la dirección, sino en los beneficios. Y suscitar  diálogos dentro de ellas, a todos los niveles un diálogo sincero y constructivo.

 

Y en la política y el gobierno que haya un diálogo para menoscabar a grupismos, partidismos, clasismos y clientelismos de todo tipo. Y, entre todos, atacar el monstruo de la corrupción, que hace inmenso daño al país, y que desangra el Estado, fenómeno que vuelve inoperantes la legalidad, la ética y la moralidad de los funcionarios y de algunos directivos y empleados sobre aspectos del diálogo social, y promover un nuevo liderazgo político, orientado al bien común.

 

¿Por qué no pensar en un diálogo para atajar el individualismo, al que contribuyen tanto el consumismo y el materialismo? Necesitamos conjugar menos el ego y el yo superlativo, y más el nosotros del servicio, el dar, la solidaridad y, sobre todo, el amor, sin el cual no es posible la felicidad humana. Con odio sólo puede haber lugar a la violencia y la desesperación.  Con amor son posibles la justicia y la esperanza, y una nueva mirada a nuestra vida y a la del prójimo. Y avivar el anhelo por construir un nuevo proyecto de país, que es lo que hoy nos puede unir, por encima  de los sectores y clases en los que se divide la sociedad. Divisemos con entusiasmo el panorama de una sociedad dialogante, capaz de encontrar en sí misma, con ayuda de otros países, las soluciones a los males actuales, así habrá menos abismos, pero, también serán más las cuestas que hay que subir con tenacidad y esfuerzo. Convivir en paz, actuar con solidaridad, y buscar un bienestar para todos, no es imposible, y hay sociedades en el mundo que lo han logrado. No es una utopía  inalcanzable para los colombianos.

 

Es la hora de soñar con una nueva Colombia, el proyecto común de país, para no dejar escapar esta segunda oportunidad única sobre la tierra, como diría Gabo, que se nos ha concedido. Seguros de que lo lograremos si ponemos en pie el empeño de todos los ciudadanos, y haremos realidad nuestro legítimo derecho a tener un mayor desarrollo económico, científico y tecnológico, y a convivir en paz. Este es el objetivo por el que vale la pena jugarse lo mejor de cada uno de nosotros, desde su ángulo de trabajo. Vale la pena recordar que no basta con pensar en cosas grandes como la nueva Colombia. Estamos obligados a volverlas reales. La patria nos espera. Dickens decía que “el peor momento es el mejor momento”. Tengamos el valor de sacar adelante el país con un nuevo diálogo social que lo restaure y haga avanzar con firmeza hacia el futuro.