DICOTOMÍAS DE LA IZQUIERDA NACIONAL

Foto: Semana

Por: Héctor Alaguna

 

Transcurrían los primeros años del siglo XX en el denominado “Imperio Ruso”, los primeros brotes revolucionarios contra el régimen zarista surgían de manos del partido obrero, donde se atizaba la toma del poder.

Tras la revolución de octubre de 1917 y el derrocamiento definitivo del régimen zarista, facciones del partido obrero tomaron el poder y a su vez agudizaron sus pugnas por dicho control, imponiéndose finalmente los bolcheviques con Lenin a la cabeza y relegando del poder y obligando al exilio a los principales líderes mencheviques, entre esos a Martóv. Estableciendo un sistema político y económico responsable de uno de los mayores genocidios de la humanidad.

Hoy, casi 103 años después, y guardando las proporciones históricas, tenemos otro capítulo de nuestra propia “Revolución Rusa criolla”, que ha venido suscitándose desde hace algunas décadas.

De una parte, la izquierda dominante (la tibia e hipócrita), que reposa bajo los postulados filosóficos (huevitos) del señor Álvaro Uribe Vélez, ideológicamente hablando, los “mencheviques criollos”, de los que en Colombia pactan por mantenerse en el poder, en una especie de meretricio ideológico, bajo el nombre de Centro Democrático, donde confluyen cientos de liberales, decenas de criminales en la impunidad del M-19, sujetos de otras facciones de izquierda radical y uno que otro conservador exiliado por voluntad o pugna ad intra de las toldas azules.

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Foto: La Vanguardia

En contraposición, sus camaradas más radicales, aquellos que han sido las alas políticas de las narcoguerrillas que, bajo el objetivo de toma del poder mediante la “combinación de todas las formas de lucha” han ido posicionándose en la escena nacional, hoy son coalición y reductos con diferente razón social de dichos grupos armados ilegales o cuna de los mismos. Destacándose especialmente, el M-19 y los integrantes de FARC EP que hicieron la “paz”, nuestros “bolcheviques criollos”.

En lo que respecta al M-19, hay que decir, que sus miembros fueron beneficiarios de un indulto y “reindulto” ilegales en 1989 y 1992, cuyos artífices fueron el expresidente Virgilio Barco Vargas y Álvaro Uribe Vélez, respectivamente.

En lo atinente a las FARC, es un hecho notorio, que el proceso de paz que sustento su supuesta desmovilización, fue inconstitucional, por desconocer la voluntad popular consignada en el resultado del Plebiscito de 2016 y por conceder curules a sujetos inhabilitados legalmente; un sofisma para otorgarles a sus cabecillas, el poder político que nunca ganaron en urnas, auspiciados por Juan Manuel Santos Calderón, de abolengo comunista y del pupilo de “Open Society” y el actual presidente Iván Duque Márquez, ambos llevados al poder por obra y gracia del “Gran Colombiano”.

Presupuestos fácticos y consecuencias jurídicas, que, al analizarse estrictamente a la luz de las normas suscritas y ratificadas en materia de Derecho Internacional Humanitario, fueron inconstitucionales, ilegales, ilegítimos y hasta ilícitos.

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Pero más allá de sus adalides, la dicotomía de la izquierda nacional, se sustenta en el factor humano y en las cortinas de humo que distraen al ciudadano de la tétrica realidad nacional. En primer lugar, la existencia de esbirros “uribistas” y de las hordas de sus camaradas más radicales y falsos antagonistas, donde encontramos liberales de toda estirpe, verdes, militantes de la U.P., del Polo Democrático, farianos y claro la Colombia Humana del M-19, fundada por alias “Aureliano”, más conocido como Gustavo Petro Urrego, entre otros movimientos políticos y sus líderes. En segundo lugar, el grueso de la población, apática, que visto esta, les importa poco el destino del país y permiten que esas mafias sigan gestando el debacle nacional.

Es así, que la historia se repite más de un siglo después, por cuenta de los  “soviets macondianos” y de manera más jocosa —no olvidemos que somos el segundo país más feliz del mundo y uno de los más corruptos—, mientras Uribe Vélez y sus muchachos luchan por seguir atornillados al poder, sus rivales más radicales, encabezados por Petro Urrego y “Timo”, piden pista para gobernar desde el 2022 y seguramente implementar ese socialismo que tantas veces han dicho que admiran y desean para Colombia.

Esa es la cruda realidad, un juego de dados siniestro que nos han vendido falsamente como una lucha de poder entre unas extremas derecha e izquierda, pero que en realidad no es más que una pugna entre camaradas, mientras los verdaderos ciudadanos de principios conservadores, de doctrina de derecha son convidados de piedra en la escena nacional, esperando que los más célebres portadores de la “C” en la solapa, muestren más talante conservador y menos vocación contratista, pero eso es otra historia.

Mientras tanto seguirá la tergiversación a Burke… “El mal triunfa y los buenos hombres no hacen nada”.