DIARIO PERSONAL ANTES DEL FIN DEL MUNDO

Por: José Hofmann Delvalle 

 

En éstos días, la realidad es tan desoladora que hasta acaba con el ímpetu de leer y escribir. Mi padre, asombrado por tal situación, me insta enérgicamente a que lo haga, pero el cansancio espiritual y físico acumulado por tantos días de cuarentena, hacen que ahora estas actividades tan caras para mí y para las cuales fui formado con rigor germánico, sean realmente difíciles.

No obstante, este espacio de encierro colectivo, todavía deja lugar al pensamiento, convirtiéndose así en una especie de cámara de reflexión, esto es, un espacio oscuro utilizado por las distintas tradiciones iniciáticas en las diferentes culturas desde tiempos remotos hasta la actualidad, donde el candidato que es introducido en él, debe permanecer allí meditando un largo tiempo, -días, semanas, meses-, hasta que se produzca por medio de la introspección un cambio en su interior que lo haga más consciente, permitiéndole responder 3 preguntas fundamentales: ¿Cuáles son mis deberes conmigo mismo, los demás y el universo? Creo que si la actual cuarentena se asume en este sentido, quizás salvaremos al mundo del camino alocado que lleva hacia su propia destrucción.

Así, reflexiono, el drama de los Estados Unidos es que se trata de una potencia demasiado fuerte que le otorga una instrucción pública de pésima calidad a sus ciudadanos, salvo élites económicas o intelectuales. Ese error estructural iba a reventar tarde o temprano.

Se preocuparon por formar consumidores, no ciudadanos. Por eso ese carnaval de ignorancia, donde hordas toman desinfectante, protestan contra medidas sanitarias que los benefician y claman que EEUU, "nunca será comunista como China". Sólo buscan consumir, para eso fueron programados, liderados por el idiota de comerciales de comida rápida que tuvieron a bien elegir como presidente.

Parece el argumento de un nuevo ensayo sobre la ceguera o una novela de ciencia ficción, pero no, es la realidad. Entretanto, el mundo sigue su marcha hacia su propia destrucción, en medio de la escombrera de los otrora magníficos ideales de la modernidad y yo aquí, tendido en la cama, pensando, ¡cuánta razón tenía un tal tío Ernesto cuando al ver a su primogénito, exclamó en un poema de su autoría "¡hijo de mi desesperanza, hijo temor a estar solo! / ¡Pon tus manos rosadas sobre mis ojos, para que de esa manera, no sienta vergüenza de haberte dado vida y embarcado en un viaje tan doloroso como inútil!".

Dicen, quizá con razón, que con semejante bienvenida, el tipo quedó atolondrado y luego no sirvió para nada en la vida. Que el tal tío Ernesto era, si se analiza, un mal poeta y ante todo un neurótico irredimible, no obstante lo cual, merecerá mi respeto perenne.

¡Por fin alguien, como si se tratara de un niño dentro de un grandísimo salón de escuela primaria, levantó la mano y se atrevió a decir la verdad en medio de tanta farsa, a la que estamos tan acostumbrados!

Cajicá., 1 de mayo 2020. 8:21 de la mañana.

PUNTILLAZO FINAL. No pagar primas y reducir salarios en el sector público mientras dure la crisis del COVID-19, tanto en sus cuerpos deliberativos como en sus entidades del orden nacional y departamental, en sus diversas ramas, es un imperativo de carácter moral. Al servicio público se llega por vocación de servicio, no afán de enriquecimiento. "El servicio público es la expresión más sublime del amor al prójimo después del sacerdocio", indicó San Juan Pablo II. ¡Reivindiquemos ese concepto! Digo esto, como orgulloso servidor público.

La próxima semana retomaremos el tema de la Democracia Cristiana y sus especificidades en Colombia. Por lo pronto, entenderán amables lectores, debo superar este ataque de melancolía cuyas raíces, quizá, se remontan o explican en una cierta similitud temperamental con el tan mencionado en esta columna, tío Ernesto.