DIAMANTES,

LAS MUJERES EN LA SOCIEDAD

Por: Miguel Lloveras Naranjo

 

Las mujeres son diamantes para la sociedad, de una hermosura y un atractivo exterior e interior inigualable, junto con una resistencia impresionante.

Días de estrés, trabajo doblado por las labores de la casa y de la oficina. Nos hemos dado cuenta de que el cuidado del hogar no es una cuestión de poca monta, ni labor única de las mujeres y que es fruto de muchas horas de trabajo. ¿Cómo hacen las mujeres que trabajan fuera de la casa y tienen familia? ¿Cómo hacen las que no tienen quien les ayude en el trabajo doméstico? Algunas familias pueden contar con ayuda, pero otras no. Hace unas semanas, en un centro comercial vi una publicidad que me llamó la atención frente a este punto. Una mujer ejecutiva, con su hijo en brazos, y el texto que rezaba de la siguiente forma: “Ser Mujer significa más…. Es tener la tranquilidad de lucir como una gran ejecutiva sin deslucir como mamá”. Fascinante, un llamado de atención al papel que ha desarrollado, desarrolla y desarrollará la mujer en la sociedad y en la empresa.

 

Fuerza y grandiosidad, mujeres con una alta carga laboral, ocupando responsabilidades de alta gerencia, papeles en cargos medios, o labores más sencillas y a veces poco estimadas por la sociedad, son capaces de sacar a su familia adelante, no sólo en términos económicos junto a sus esposos, sino de un modo más material. Juegan un partido de fútbol todos los días.

 

“En el primer tiempo”, se levantan, arreglan y alistan a los niños para el colegio. Dejan listo el almuerzo o las indicaciones, se maquillan y salen. Más complicado para la logística, si tienen que llevar a los niños al colegio, porque deben maquillarse de camino al trabajo. Llegan a tiempo a la oficina y trabajan, como todos los demás, en un horario laboral exigente y competitivo.

 

Viene el “tiempo complementario”, llegan a la casa, los niños esperando la atención de “mamá”. Es momento de comer algo, revisar las tareas, y si es el caso, salir a conseguir los materiales faltantes. Trabajan un rato, calientan o preparan la comida, esperan al esposo, alistan las cosas del día siguiente. ¿Pero, qué es un buen partido sin “tiempo extra”?, la lavandería debe estar en orden, revisan que todas las ventanas y puertas exteriores estén cerradas, que el gas esté apagado, ninguna luz encendida, se desmaquillan y se van a dormir.

 

Como mamás y cuidadoras de sus pequeños, hacen compatible la perfección del trabajo y la competencia con sus iguales. ¿Cómo lo hacen sin quebrarse cuando las circunstancias se vuelven adversas y parece que no hay salida?¿Cómo logran dar esperanza y fuerza cuando ellas mismas están sufriendo? ¿cómo son apoyo de muchos aún sin ellas tenerlo? Y, para completar la situación, cuidan su belleza, delicadeza y feminidad. Las mujeres son diamantes para la sociedad, de una hermosura y un atractivo exterior e interior, junto con una resistencia impresionante.

 

¿Socialmente cómo las cuidamos? ¿Cómo pagamos la entrega incondicional, amorosa y esperanzadora de las madres, esposas, hijas y amigas? ¿Cómo cuidamos a las defensoras de los débiles y de los más vulnerables? Es absurdo que sigamos con inequidad en el salario y en oportunidades de trabajo. En las empresas e instituciones, ¿seguiremos viendo a las madres gestantes como una carga? ¿No son más bien -y perdón que sea tan material la forma de explicarlo- una inversión social a futuro?, ¿no se estaría apoyando a que la sociedad prospere, a que haya niños en las calles, a que se mueva la economía, a que haya futuros compradores? Seguimos pensando a corto plazo,  el “yo” como el fin social y no el “nosotros”.

 

A ustedes mujeres, tesoro social, las siguientes palabras. Gracias por la dedicación que han tenido, porque no se han rendido ante las dificultades, porque siguen luchando. A las que tienen hijos y trabajan, gracias, porque cuidan de nuestro futuro, y siguen llevando el peso de la economía. A las que piensan tenerlos, no les dé miedo, porque esa sí que es la “mejor inversión posible” ya que serán su alegría, su sustento, sus fuerzas en los momentos más difíciles. A las que han decidido no tenerlos por motivos más altos, gracias, porque llenan el mundo de detalles, y hacen de él un hogar. Y en último lugar, pero no menos importante, gracias y mi más alta admiración por ustedes mujeres, que han renunciado a una carrera profesional prestigiosa y prometedora, para dedicarse a la casa, para hacer de sus hogares luz y esperanza, para dedicarse exclusivamente a la formación de los hijos, porque saben que es una tarea que nadie la puede hacer más perfectamente que ustedes. 

 

Les sugiero no dejarse llevar por movimientos de protesta violentos, no permitan que perdamos los tesoros que sólo provienen de la mujer. Eso sí, defiendan y promuevan sus derechos, háganlos valer, sigan adelante con la grandeza y el amor que las caracteriza, porque iremos reconociendo el papel fundamental que ustedes desarrollan. No se les olvide que son portadoras de vida, primeras formadoras de la sociedad, fundamento y calor del hogar, protectoras del futuro social. Ustedes están hechas para Amar.