DE LA DOCTRINA ESCOBAR A LA AGENDA PROGRESISTA LATINOAMERICANA

Por: Andrés Villota

 

Elementos comunes en el método, la estrategia, la ideología, el discurso y hasta las fuentes de financiación, determinan grandes similitudes entre la Doctrina Escobar, creada por Pablo Escobar en el siglo pasado, y el movimiento continental del progresismo que retoma en su totalidad los postulados de la Doctrina Escobar y la adapta a los cambios tecnológicos y sociales del siglo actual para desarrollar la agenda progresista latinoamericana. Para hacer claridad, progresismo es sinónimo de comunismo. “Progresista” es un alivio semántico que busca aligerar el enorme peso del lastre de toda la barbarie, miseria y fracaso que carga la palabra “comunista”.

 

En los primeros años de la década de los ochenta, uno de los fundadores del Cartel de Medellín, Carlos Lehder, afirmó que la cocaína era “la bomba atómica de América Latina”. Según él, “con los estimulantes suaves, porque la cocaína y la marihuana son estimulantes suaves, con el mercado que, aparentemente necesitan los norteamericanos para poder funcionar, se están gestando los movimientos revolucionarios latinoamericanos”.

 

El narcotráfico emerge en ese momento como la fuente de financiación y de poder económico de los movimientos revolucionarios latinoamericanos que, inicialmente, se iban a levantar en contra del imperialismo “yanki” que se manifestaba a través de la figura jurídica de la extradición. Esa fue la base del discurso y el objetivo inicial de la Doctrina Escobar. El germen de una doctrina que mutó durante la convulsionada década de los ochenta, hasta desarrollar la estrategia y sentar las bases para convertir a los países de la región en narcodictaduras al servicio de los intereses de las élites mafiosas.

 

La financiación de los grupos guerrilleros comunistas se dio inicialmente a través de asaltos a los bancos y de secuestros extorsivos. Sin embargo, esa dinámica “financiera”, dio un giro en el momento del secuestro de Martha Nieves Ochoa a manos del grupo terrorista del M19. Los líderes del M19 se acercaron a Pablo Escobar para evitar su desaparición e hicieron un pacto de no agresión, confederación y ayuda mutua. De la mano del M19, el Cartel de Medellín, tuvo libre acceso a las dictaduras comunistas de Cuba y Nicaragua como rutas seguras para el paso de la cocaína con rumbo a los Estados Unidos.

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El M19 recibió a cambio, financiación segura y asegurada. La apertura de la ruta de Cuba también contó con los buenos oficios del Premio Nobel, Gabriel García Márquez (declarado admirador de la “astucia” de las mafias colombianas por “haberse apoderado” de los Estados Unidos) que sirvió como enlace y como estafeta de la correspondencia comercial que se cruzaba el dictador Fidel Castro con el capo de capos, Pablo Escobar.

 

El epítome de ese maridaje criminal entre el Cartel de Medellín y el M19 se materializó en la toma del Palacio de Justicia en noviembre de 1985, cuya intención fundamental era derrocar al gobierno del presidente Belisario Betancur, tras un juicio “revolucionario” por haber incumplido con lo pactado en el Acuerdo de Paz de la Uribe, Meta. Posterior a la “destitución” del Presidente Betancur, se pretendía montar un gobierno de transición e imponer una narco dictadura comunista que eliminara la extradición de nacionales, legitimara el narcotráfico y lavara la inmensa fortuna de Escobar.

 

Gracias a la retoma del Palacio de Justicia, se frustró ese plan. Por eso durante las últimas tres décadas el progresismo colombiano, en pleno, ha perseguido sin clemencia a los militares que lideraron la operación de defensa de la democracia colombiana.

 

El fracaso de esa intentona golpista demostró que era mejor llegar al poder y a las instituciones del Estado legítimo a través de la política. Pablo Escobar ya había llegado al Congreso de Colombia pero había perdido su investidura al comprobarse su condición de narcotraficante. El M19 se desmoviliza, se convierte en un partido político y hace parte de la Asamblea Nacional Constituyente colombiana de 1991 cuya principal propuesta, fue prohibir la extradición de nacionales. Pablo Escobar se entrega a la justicia colombiana el mismo día que se aprueba la no extradición de colombianos en la Asamblea constituyente.

 

Eso de cambiar la Constitución y hacer una Constitución tailor made, le quedó gustando al progresismo latinoamericano. Hugo Chávez al momento de jurar como presidente de Venezuela, trata de “vetusta” a la Constitución, la cambia, y termina haciendo una Constitución, literal, de tamaño bolsillo. Las FARC había exigido hacer una nueva Constitución de Colombia como requisito para firmar el Acuerdo de Paz. Y el progresismo chileno también exigió, en el 2019, cambiar la Constitución a cambio de no seguir quemando y destrozando a Chile.

 

Con la desaparición del Cartel de Medellín y el Cartel de Cali, surgen los Carteles de la droga de las FARC y del ELN. Ese hecho, determina el final de los movimientos revolucionarios románticos de las guerrillas comunistas del Siglo XX, a la vez que marca el punto de inflexión en el que surge la “amenaza terrorista” que termina con el concepto de la guerra de guerrillas y del conflicto armado en su sentido tradicional.

Foto: La Vanguardia

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La amenaza terrorista de la Doctrina Escobar es retomada por las guerrillas que dejan de ser actores en el marco de un conflicto interno para pasar a ser grupos de forajidos que defienden a sangre y fuego, territorios en los que funcionan y prosperan las economías ilegales. Así sucedió en Sierra Leona, donde el Frente Revolucionario Unido se alzó en armas contra el Estado, en un principio, hasta que tomó el control territorial sobre zonas con minas de diamantes, renunció a tomarse el poder por las armas y se dedicó, solamente, a defender el control de esas minas para favorecer el enriquecimiento de los líderes del grupo y para financiar su actividad criminal con el tráfico de diamantes.  

 

El soporte a las mafias del narcotráfico dado por las dictaduras comunistas, ha permanecido hasta nuestros días, como lo prueba la orden de captura internacional por narcotráfico y lavado de activos proferida en contra del dictador Nicolás Maduro. “Todos los cárteles latinoamericanos tienen una conexión con el régimen ilegítimo de Maduro” afirmó el almirante Craig Faller, jefe del Comando Sur de los Estados Unidos. Otra prueba de los nexos de la dictadura venezolana con el Cartel de las FARC es la indemnización ordenada por un juez de los Estados Unidos para tres victimas de las FARC, con dineros confiscados en Estados Unidos a testaferros de la dictadura venezolana.

 

Según el primo de Pablo Escobar, Jaime Gaviria, Escobar hacía las veces de un “presidente de la República” que coordinaba a todas las mafias del mundo. Al parecer el heredero del cargo de Pablo Escobar en el bajo mundo es Nicolás Maduro que, da protección a los miembros de los Carteles de las FARC y del ELN, coordina un gran clúster de las economías ilegales en donde se trafica con oro, gasolina, coltán y materiales radiactivos. A la vez que lidera un “centro financiero” del crimen transnacional que se basa en los ingresos de las economías ilegales y que ha servido, aparentemente, para financiar a los partidos progresistas de América Latina y Europa.

 

La muerte sorprendió a Pablo Escobar cuando adelantaba los contactos para integrarse a las filas de un grupo guerrillero comunista. Y aunque la Doctrina Escobar jamás contempló que, 30 años después, el narcotráfico iba a ser un delito conexo al delito político, que su amenaza terrorista iba a reemplazar al conflicto armado y que se crearía un tribunal especial para juzgarlo (que lo iba a dejar escapar en caso de ser pedido en extradición), es claro que Escobar sabía que, indefectiblemente, los postulados de su doctrina se iban a cruzar con la agenda progresista latinoamericana.

 

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*La información fue tomada de los documentales “Los archivos privados de Pablo Escobar” de Marc de Beaufort (2003) y “Los tiempos de Pablo Escobar. Lecciones de una época” de Alessandro Angulo Brandestini (2012).