CUARENTENA INTELIGENTE ¡YA!

Por: Jair Peña Gómez

 

Banderas rojas penden de las ventanas y fachadas de miles de casas en Colombia, son el signo de la miseria que empieza a azotar el país. No es alarmismo, es una realidad inocultable, la realidad del 95% de la población que vive con menos de dos salarios mínimos. Es la realidad de más del 47% de trabajadores del país que subsisten en la informalidad, la realidad de los micro, pequeños y medianos empresarios que representan el 90% del sector productivo nacional. Es la realidad de los nuestros; familiares, amigos, conocidos, vecinos, compañeros.

La situación es compleja a nivel mundial y el Gobierno de Iván Duque se las ha arreglado para pasar -hasta el momento- con 3 sobre 5, sin pena ni gloria, permaneciendo en esa zona confortable que es la medianía.

En teoría el confinamiento obligatorio busca aplanar la curva de contagios y darle a los Gobiernos margen de maniobra, adecuar infraestructura, adquirir insumos y enlistar y capacitar el personal de salud. No obstante, el Gobierno Nacional da visos de querer prolongar la cuarentena, todo en nombre de la salud.

Mantener el confinamiento producirá un estallido social sin precedentes, es el caldo de cultivo perfecto para la llegada de la extrema izquierda, esa que posa de acreedora de los derechos humanos, esa que al menos discursivamente está del lado de los menos favorecidos, aunque en la realidad diste de ello. Pero los efectos no serán simplemente políticos, serán sanitarios, miles de personas se agolparán en las calles si la actual administración persiste en mantener en sus casas a los millones que viven de recorrer las calles comprando esto y vendiendo aquello. Ya se han presentado escaramuzas en la localidad de Ciudad Bolívar en Bogotá y también en Soacha, y no dejarán de presentarse.

Se ve un Duque acorralado, presa de sus adversarios -a quienes escucha- y alejado completamente de los propios. Da la impresión de seguir milimétricamente las instrucciones que la progresista Claudia López le da con tono autoritario desde el Palacio Liévano, da la impresión de cumplir agendas ajenas, da la impresión de haber sido despojado de cualquier tipo de liderazgo, da la impresión de ser un presidente sin mando y de seguir así, sin país.

La cuarentena inteligente aun cuando incomode a ciertos sectores sociales es imprescindible, si no que levante la mano quien considere que puede vivir de sus ahorros por un periodo indeterminado de tiempo, sin certeza alguna de cuando acabará esto, sin devengar un solo céntimo, y aún cuando la respuesta fuera “yo”, que levante la mano quien no tenga en seres queridos en situación de vulnerabilidad.

Es perentorio para el Gobierno Nacional repensar la cuarentena, no como un llamado a hacer caso omiso a las advertencias de los organismos de salud nacionales e internacionales, por el contrario, se deben extremar todas las disposiciones de salubridad, pero ¿es necesario aplicar medidas dignas de un Estado fascista? Se debe creer en la gente, en la capacidad de la sociedad colombiana de ser disciplinada y cumplir con los estándares mínimos de seguridad. A su vez se debe creer en los principios que rigen nuestra democracia y que se encuentran impresos en nuestro escudo de armas: “Libertad y orden”. Es un lema que debe traducirse en experiencia vivencial y no simplemente quedarse en una frase sonora.

Salud y economía son un binomio indivisible, ahora lo vemos con total claridad, la una es garantía de la otra. Colombia está a años luz de ser un país de ingresos altos, el manejo que se le debe dar a la situación no admite extremos, ni confinamiento generalizado, ni anarquía. La respuesta que exige la prudencia es libertad. Libertad con responsabilidad, primero desde el ejemplo del Ejecutivo y cada una de las ramas del poder público, después desde el acompañamiento a la sociedad y el compromiso de todos en estos tiempos difíciles.

Se debe considerar el trabajo escalonado, turnos de 8 horas a lo largo de las 24 horas del día, para lo que se requiere total armonía con los gobiernos locales de manera que el transporte público -por ejemplo- funcione a lo largo de la madrugada. No se pueden ignorar algunas voces de expertos que proponen hacer laborables los días festivos, por un tiempo -por supuesto-, porque lo importante ahora es reactivar la economía y evitar que el país sucumba ante la pobreza patente.

Apostilla: el Impuesto Solidario “temporal” en tiempos donde la capacidad adquisitiva está tan afectada es un verdadero disparate. Austeridad, recorte de gastos y reducción de la burocracia, esa es la fórmula, presidente.