CRISIS SOCIAL,

UN BROTE PEOR QUE EL COVID-19

Por: Laura Coll

 

Múltiples disciplinas se han enfocado en entender la naturaleza del ser humano, su desarrollo moral y su comportamiento; entre ellas la filosofía, la psicología y la neurociencia. Hay dos teorías filosóficas sobre la naturaleza del ser humano; por un lado, Thomas Hobbes sostenía que el hombre es malo por naturaleza y, por otro lado, Jean Jacques Rousseau se oponía a la teoría de Hobbes, sobre la premisa de que el hombre es bueno por naturaleza, pero es corrompido por la sociedad.

No es la naturaleza del hombre solamente la que define lo bueno y malo de una sociedad, también hay otros factores que intervienen. La psicología ha establecido unos parámetros claros para definir el carácter, el temperamento y, por tanto, la personalidad. Cuando hablamos del temperamento, hacemos referencia a la parte biológica que está definida por la genética; mientras que el carácter hace parte del componente de la personalidad que se aprende y que modula las predisposiciones biológicas, dicho en otras palabras, hace alusión a lo aprendido del entorno y su influencia cultural; finalmente, la personalidad es la mezcla de estos componentes, el biológico y el entorno.

Podría afirmarse que nacen personas tanto buenas como malas, pero la verdadera esencia depende de cómo se desarrolle la personalidad del individuo. De aquí que la construcción de una buena sociedad recaiga sobre la formación de sus integrantes; es decir en la educación, especialmente desde la primera infancia hasta la educación media, ya que en esta etapa se forjan los pilares del desarrollo emocional y moral. Si la formación de la personalidad de los ciudadanos es buena, entonces la sociedad tendrá mayor probabilidad de ser buena, pero si por el contrario no lo es, tendrá una mayor posibilidad de ser mala.

Es necesario aclarar que las palabras “bueno” y “malo" no tienen una connotación única de bondad o maldad respectivamente, sino que se emplean como adjetivos que expresan un valor positivo o negativo. Para que una sociedad sea buena, es decir, que tenga un valor positivo, necesita compartir unos principios y valores mínimos, como la empatía, la tolerancia, la honradez, el respeto a la vida, el valor de la diferencia; de lo contrario sería una mala sociedad. Hay que construir una sociedad en la cual sus integrantes se preocupen por el bien común y se aparten del egoísmo, pues como afirmaba Zygmunt Bauman, “El orden del egoísmo genera una atmosfera de desconfianza y suspicacia, el orden de la igualdad inspira confianza y solidaridad”.

Los colombianos no pueden olvidar que hacen parte de una comunidad en la cual se le otorgan derechos, pero también deberes, diría que primero están los deberes y después los derechos

Esta pandemia ha sacado a relucir un problema más peligroso incluso que el virus, la crisis social. Preocupa enormemente el egoísmo, la falta de cultura ciudadana y la escasez de principios y valores. Por un lado, está la inconciencia de aquellos que no toman las medidas mínimas de precaución; no respetan el distanciamiento, no realizan los protocolos de lavado de manos e incluso hacen un mal uso del tapabocas; por otro, los escasos valores sociales, la poca tolerancia, la falta de respeto, los continuos ataques al personal sanitario, las amenazas a los familiares de médicos y enfermeras. Este tipo de conductas son inauditas y refleja que todavía nos falta aprender unas normas mínimas de convivencia.

Todo lo mencionado anteriormente es sólo una pequeña muestra de lo que se ha visto en la pandemia, podría seguir mencionando cosas tan simples como el no respetar una fila, la cultura del “vivo-bobo”, hasta situaciones más complejas como el maltrato familiar, las violaciones a menores o la cantidad de asesinatos. Para nadie es un misterio lo que está pasando en el mundo y sobretodo en nuestro país, de hecho, estamos tan acostumbrados a estas situaciones que se ha llegado a naturalizar.

Más allá del problema hay que enfocarse en las soluciones, es momento de corregir este tipo de conductas y para ello hay que evaluar: cómo estamos formando a nuestros habitantes, qué tipo de comunidad se busca y cuál se ha conseguido, qué se puede hacer para contribuir a la convivencia, qué está pasando con la formación ética y con los valores. Los colombianos no pueden olvidar que hacen parte de una comunidad en la cual se le otorgan derechos, pero también deberes, diría que primero están los deberes y después los derechos.

¿De qué le sirve a un país que sus habitantes sepan sobre física cuántica si ni siquiera han aprendido a respetar la vida? ¿De qué sirve saber hablar un mismo idioma si no se va a usar para resolver los conflictos?

Uno de los pilares fundamentales del desarrollo del ser humano recae en la educación, especialmente en la que permite a los individuos ser parte de una buena sociedad como la formación ética y ciudadana. Parece que algunos hogares y el sistema educativo han dejado de lado la formación en principios y valores ¿De qué le sirve a un país que sus habitantes sepan sobre física cuántica si ni siquiera han aprendido a respetar la vida? ¿De qué sirve saber hablar un mismo idioma si no se va a usar para resolver los conflictos?

El país está atravesando un momento coyuntural para reestructurar y restaurar la sociedad colombiana. Para llevar esto a cabo sus habitantes junto a los organismos del Estado tienen que trazarse como principal objetivo contribuir a la formación de una buena sociedad. El sector educativo debe ajustar el currículo para enfocarse más en la formación ética y ciudadana, de igual manera debe coordinar esfuerzos con el sector salud, ya que este también cumple un papel importante en la formación de la sociedad a través de un enfoque de bienestar. Mediante prácticas y talleres podrían capacitar a los pacientes en el autocuidado y el cuidado de los demás. El trabajo de estos dos sectores podría ayudar a que personas adultas participen en los procesos de formación a través de una escuela para cuidadores, de esta manera se puede transformar las prácticas de crianza y protección al menor.

Los mecanismos judiciales del Estado tienen que ser más rápidos y efectivos, además deben integrar en las medidas correctivas acciones que permitan transformar a los individuos para que sean agentes activos en la construcción de una buena sociedad, como el servicio comunitario, clases de formación ciudadana, talleres de reparación, etc. En nuestro país aproximadamente el 77% de los penitenciarios son reincidentes, lo cual es una muestra absolutamente clara de que el sistema no cumple con la finalidad correctiva y de reinserción social.

Lo mencioné en el artículo pasado y lo recalco nuevamente, no hay campo para el egoísmo en nuestra sociedad y no podemos seguir tolerando la falta de cultura ciudadana y de valores. Hay que tomar serias medidas que incluyan a todos los colombianos y a las organizaciones gubernamentales para lo construcción de una buena sociedad.