COVID-19:

¿PUNTO DE INFLEXIÓN DEL CAPITALISMO?

Por: Mateo Montoya

 

Dejando descansar a la burgomaestre Claudia López de mis columnas de opinión ["Salidita" a mercar parte 1 y parte 2], planteo una perspectiva distinta el día de hoy. En el marco del brote del COVID-19, frente a las posiciones paternalistas, que promueven el estancamiento económico de la mano de subsidios inservibles, y las pesimistas, las cuales hablan de la crisis y e incluso del fin del capitalismo, les tengo malas noticias: el capitalismo no está viviendo un punto de inflexión como el mejor sistema político-económico en la historia de la humanidad a pesar de los estragos de la pandemia. Es más, me atrevo a decir que el capitalismo saldrá robustecido y mejorado tanto en términos teóricos como prácticos.

El cuestionamiento no debe recaer en el capitalismo sino sobre los gobernantes de Estado. Las falencias que ha evidenciado la pandemia del COVID-19 han sido principalmente tres: primera, la falta de insumos y de capacidad de los establecimientos hospitalarios para atender pacientes, provocando un aumento no proyectado de muertes; segunda, la lenta realización de pruebas, ocasionando la toma tardía de decisiones por parte de los políticos; y, tercera, la baja pedagogía sanitaria por parte de ciertos Estados, fomentando con su silencio administrativo no solo la expansión de contagios sino también un aumento no pronosticado de fallecimientos.

En ese orden, si se desea paliar dichas falencias, la solución no se encuentra en un cambio de modelo sino en los administradores públicos. Todos los países del mundo sufren en mayor o en menor proporción los problemas mencionados, sin embargo, este grado está determinado por las medidas tomadas por cada gobernante, mas no por la aplicación del sistema capitalista: países capitalistas como Alemania, Israel, Corea del Sur, Nueva Zelanda y Eslovenia han reportado excelentes resultados, mientras que otros países capitalistas como Estados Unidos, España, Italia y Brasil; no.

Seleccionando los casos surcorenano [positivo] e italiano [negativo], se observa en el primero que los gobernantes han actuado coherentemente frente a los tres problemas: adaptación de la capacidad hospitalaria, alto índice de realización de pruebas y alta pedagogía; mientras que en el segundo, en cual también es capitalista, se demuestra la falla de los administradores: respiradores escasos [ausencia de insumos], control moroso del nivel de casos y preferencia por medidas coercitivas en vez de pedagogía sanitaria. Por tanto, no es momento de cuestionar al capitalismo sino a los funcionarios públicos, sobre todo aquellos que no cumplen sus propias normas [como Claudia López].

Además, tal como predijo Francis Fukuyama, el capitalismo no cambiará la tendencia como el mejor sistema económico conocido, de hecho, este saldrá reforzado por dos motivos: por un lado, los laboratorios científicos privados ya están desarrollando la vacuna con mayor rapidez y efectividad que los mismos Estados y, por otro lado, el sistema capitalista no es incompatible con la pandemia, solo será cuestión de tiempo para que el sistema se acople a la coyuntura, donde los agentes económicos tomen las medidas sanitarias respectivas.

Ahora bien, para aquellas personas que con ansias desean ver la caída del capitalismo, deben saber que ni una pandemia global nunca antes vista, ni el agotamiento de los hidrocarburos provocará un punto de inflexión en el capitalismo como mejor sistema. El mismo capitalismo se adaptará: usará tapabocas, se lavará la manos y cambiará a un carro eléctrico si es necesario, pero su supervivencia de la mano del liberalismo es cuasincuestionable. ¡Gracias Adam Smith! Si la columna fue de su agrado, lo invito a compartirla. Un fraternal abrazo y mucha salud.