CARTA A LA SEÑORA MINISTRA DE EDUCACIÓN NACIONAL
 

Por: Javier A. Prada R.

Respetada doctora María Victoria:

Soy consciente que entre todos los miembros y actores de la sociedad colombiana debemos aportar a las soluciones para salir delante de esta crisis tan profunda de salud y económica; el Estado, los partidos y movimientos políticos, el sector privado (gremios, grupos empresariales, sector financiero, mypimes), las entidades no gubernamentales, las universidades, los líderes y representantes de los distintos credos religiosos y de grupos sociales en general, y, por supuesto, nosotros, la inmensa mayoría, los ciudadanos de a pie. Cada uno desde su espacio de influencia, grande o pequeño.

 

En este sentido pongo a su consideración que, desde las autoridades e instituciones educativas, se pueda suscitar una serie de reflexiones entorno a las causas y soluciones a tanta indisciplina social -vivida por un período de casi 5 meses-, frente a las restricciones de movilidad, bien sea las cuarentenas estrictas obligatorias a nivel nacional o local, el pico y cédula, los toques de queda, entre otras medidas.

 

Pareciera que, una de las causas de la rápida y creciente propagación del virus, ha sido (y es) la falta de autodisciplina por parte de muchos ciudadanos que no han acatado el aislamiento social ni tampoco medidas como el uso responsable de un tipo adecuado de tapabocas, así como de la distancia mínima que debe haber entre las personas en espacios públicos. Amén, de las muchas personas que se han visto forzadas a salir a la calle, así no quisieran, simple y llanamente porque, de lo contrario, literalmente morirían de hambre.

¿La reflexión ética, personal y social, ocupa en el día a día de las clases y demás actividades curriculares y extracurriculares, un puesto especial? O, ¿solamente es lo que se denomina, una “costura”?

El sector de educación, todo, debería preguntarse si ha fallado en no inculcar y desarrollar, verdaderamente, las competencias básicas que favorezcan una vida social donde prime y se respeten las normas justas que buscan el bien común por encima del bien particular. Claro, los niños, adolescentes y jóvenes, también aprenden de sus familiares más cercanos, tanto lo bueno, como lo malo. Así que los papás no debemos escudarnos en los colegios y universidades. ¿Ha habido una adecuada relación padres de familia-instituciones educativas, que favorezca éste objetivo?

 

¿Cuáles son las prioridades, tanto de las autoridades como de las instituciones educativas? ¿La principal preocupación ha sido el segundo o el tercer idioma, las ciencias puras, la informática? ¿El triunfo o éxito personal es el objetivo, dejando de lado objetivos como la construcción y desarrollo auténticamente social, es decir, sin exclusiones ni favoritismos? ¿La reflexión ética, personal y social, ocupa en el día a día de las clases y demás actividades curriculares y extracurriculares, un puesto especial? O, ¿solamente es lo que se denomina, una “costura”? ¿La filosofía ha sido tenida en cuenta como un verdadero espacio para suscitar este tipo de reflexiones, o es tratada como espacios para aprender de memoria postulados planteados por distintos y distinguidos pensadores a lo largo de la historia de la humanidad? ¿Los profesores a cargo de estos temas, si existen, son los más idóneos? ¿Los profesores son conscientes que deben ser, ante todo, coherentes en sus vidas cotidianas con lo que enseñan en este tipo de espacios?; ¿enseñan desde sus posturas ideológicas, o, en cambio, procuran buscar puntos en común donde prime el respeto de todos y en consecuencia por las normales diferencias?

 

Sin lugar a dudas, pisar una escuela, colegio o universidad, sus aulas, bibliotecas, laboratorios, escenarios deportivos y culturales, no es suficiente para que sus estudiantes sean conscientes, y actúen en consecuencia, de la enorme responsabilidad que todos tenemos unos con otros, no solamente en el marco de un contrato social o constitución política y las leyes consecuentes, sino partiendo del reconocimiento y vivencia diaria del respeto por toda persona humana y por ende mis actos deben partir de este marco fundamental de reflexión y acción.

Las herramientas de la cuarta revolución industrial están diseñadas para superar mil veces el desempeño de las personas en esos campos, pero no aportan para que seamos personas

Los gobiernos nacionales y locales se han centrado en la cobertura escolar, y, últimamente, en la calidad y pertinencia, pero pareciera que, así esté planteado en el papel, la moral, la ética, la filosofía, el arte, es decir, todo lo que nos hace mejores seres humanos, en la práctica, no se está viviendo con igual intensidad y responsabilidad que el inglés, las matemáticas, la física, química, informática y tecnología, las cuales, dicho sea de paso, muchos no llegan a comprender del todo muy bien, mientras que las herramientas de la cuarta revolución industrial están diseñadas para superar mil veces el desempeño de las personas en esos campos, pero no aportan para que seamos personas que, a partir de sólidos fundamentos en principios y valores,  respetemos, valoremos y apreciemos a toda persona sin discriminación alguna, así como busquemos construir a diario y entre todos, el bien común de la sociedad (por supuesto, ¡cuidando el planeta!), contando con la vivencia de la generosidad y la solidaridad con las comunidades vulnerables, buscando al mismo tiempo que salgan para siempre de estas inhumanas condiciones de vida.

 

Este es una muy sencilla reflexión, lo sé, con la quiero aportar a salir de esta primera gran crisis que enfrentamos los colombianos en el siglo XXI.

 

Con todo respeto me despido deseándole los mayores éxitos al frente de la que es y debe ser siempre, una de las más importantes carteras del Gobierno Nacional.