CLAUDIA VS. DUQUE

Por: Jonathan Delgado

Bolívar a la convención de Ocaña, febrero 29 de 1828 planteo lo siguiente: “¿En qué potestad más eminente depondría yo el bastón de presidente, y la espada de general? Disponed libremente de estos símbolos de mando y de gloria en beneficio popular, sin atender a consideraciones personales, que os impidan una reforma perfecta".

En días anteriores el doctor Iván Duque se vio obligado a recordarle a la señora Claudia López, alcaldesa de Bogotá, que él es el presidente de la República, ya que en una clara puja por el poder político, López manifestó de forma desmedida que Bogotá no “está lista para que el 27 de abril salgan al mismo tiempo los sectores de la construcción y las manufacturas como lo ordenó el Gobierno”. Lo que originó una serie de reflexiones acerca de cómo está compuesto el poder político y administrativo en el país.

Y es que no es para menos, es necesario que surja una reflexión de todo esto, pues tenemos que las dos dignidades mas importantes de la República se encuentren enfrentadas en medio de una crisis de salud, donde urge tomar un rumbo y decisiones eficaces que conduzcan a conjurar la crisis de la mejor manera.

En ese orden de ideas, se me viene a la mente que después de ver tal espectáculo de pugilismo político, resulta más beneficioso eliminar la elección popular de alcaldes y gobernadores y de las grandes ciudades.

Porque cuando el primer administrador del municipio no garantiza eficazmente la prestación de los servicios administrativos o, lo que es peor, torpedea las decisiones urgentes de su superior jerárquico, eso automáticamente rompe la confianza de los ciudadanos.

Esa actitud por parte de la señora alcaldesa rompe la tranquilidad y la seguridad de los bogotanos y de paso del país.

No puede ser que en vez de promover el orden, la integridad y la armonía institucional del poder ejecutivo, sea ella la primera en salir a tirarle piedras a una medida que por necesidad es urgente aplicar, ya que la economía no se puede parar, si esta se detiene no habrá los recursos suficientes para solventar los gastos que esta generando la pandemia. Gústenos o no, el problema nos enfrentó a una realidad: luchar contra el coronavirus y luchar contra el hambre, de las cuales la última es el pan de cada día de muchos colombianos, una realidad que se enfrentan por las mañanas al dirigirse a la alacena y no encontrar alimento paran proveer a sus familias.

Y con ese tipo de actitudes de malandrín de barriada, no queda de otra que decir que para que opere armónicamente el poder ejecutivo no es viable continuar con la elección popular de alcaldes en los municipios ni departamentos, mucho menos en la capital del país, pues esas -elecciones populares-, al día de hoy se encuentran permeadas por populismos engañosos de dudosa solvencia moral y ética, que están soportados en intereses de predominios locales, de pasiones bajas casi que facciosas, y grupillos que lo único que hacen es daño a la institucionalidad y a la capacidad de gobernar, y por ende, impiden hacer efectivas las decisiones que tome el presidente de la República.

En una democracia tan cuestionada como la de Colombia donde el dinero sucio fluye en los procesos electorales a manos llenas y sin control en los procesos, es necesario considerar la viabilidad de una reforma constitucional que permita que los alcaldes y gobernadores san nombrados por el poder central de ternas enviadas por las asambleas departamentales y el Congreso.