CARO, ENTRE LA DEMOCRACIA Y LA DICTADURA

Por: Jonathan Delgado

La historia se encuentra llena de hechos que modelan el carácter de una sociedad, pero también es cierto que muchos de estos fenómenos son esculpidos por el carácter de las personas, y para el caso colombiano el ejemplo más notable después de Santander y Bolívar es el de don Miguel Antonio Caro,  porque así no les guste a muchos -a uno que otro cartagenero de su época le incomodaba-, era el pilar de civilización occidental en Santa Fe de Bogotá, pues era un hombre culto, que conocía de sobra los orígenes y evolución de la Roma republicana, a lo que se le sumaba una formación académica supremamente solida en los clásicos griegos y latinos, encumbrada sin lugar a dudas por la visión divina de los doctores de la Iglesia como san Agustín, Santo Tomás, San Ambrosio, entre otros.

Esta formación acompañada de una personalidad bien definida no le permitía capitulaciones sobre la doctrina y mucho menos sobre la lectura de la realidad.

Muestra de lo anterior y solo para mencionar uno de ellos es la reflexión del fenómeno del 20 de julio de 1810 cuando se refiere al mismo en los siguientes términos:

“Fue un punto histórico y no una cuestión política, lo que ofrecimos a la consideración de nuestros lectores en el número de El Tradicionista, correspondiente al 23 de julio, al manifestar que, en nuestro concepto, el 20 del propio mes no era aniversario de la Independencia sino de la Revolución, como dicen nuestros historiadores, o, como decían también los próceres mismos, de la transformación política de 1810”.[1]

Sin lugar a dudas, una apreciación que reconoce la naturaleza de las cosas, y que deja en evidencia la imposibilidad de hechos históricos fundados en la generación espontánea, adicionalmente, en su contexto, los argumentos de Caro reconocían la teoría constitucional o por lo menos él sí tenia claro que existía algo más allá de la constitución formal que daba identidad a la nación. Este hombre sabía de antemano cual era el tejido social sobre el cual se fundaba la hispanidad neogranadina, evidentemente resquebrajada por la Carta Política de 1863 elaborada por el diabólico Olimpo Radical.

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Don Miguel Antonio tenía en su memoria la historia de la hispanidad en la que vivía el ciudadano neogranadino bajo una Constitución (1863), texto constitucional que busco de manera premeditada despojar la identidad y las tradiciones ancestrales ibéricas que en últimas eran la sumatoria de garantías que permitía generar una identidad homogénea para la incipiente república.

Eso sin mencionar que dimensionaba con alarmante claridad la importancia y la problemática de las independencias americanas con un alto sentido conservador, ya que era consiente de la influencia de las corrientes de pensamiento europeas como bien lo señalaba Rafael Alfonso Rubiano Muñoz en su escrito “Miguel Antonio Caro y el pensamiento conservador ante las independencias hispanoamericanas”, en los siguientes términos:

“El contexto general de las batallas ideológicas que en apariencia enfrentaron a liberales y conservadores en el siglo XIX:

Si queremos una tradición de sabiduría política, ahí están no sólo los teóricos españoles de la Edad de Oro, sino la historia misma de sus grandes hombres de Estado; allí está, sobre todo, la secular experiencia del gobierno que dio siempre a sus grandes tareas políticas un contenido religioso y practicó la unión de la iglesia con el Estado como la base de la cohesión de la sociedad (…) si anhelamos una excelsa comunicación y expresión allí está la lengua española, creada por el genio hispánico y engrandecida y pulida por los clásicos de su literatura (…) seamos fieles al tipo español de vida, a sus ideales de honor, magnanimidad, honra, religiosidad y heroísmo, sin tratar de cambiar el núcleo de nuestro tipo espiritual o de mezclarlo con elementos que le son incompatibles”.

 

Y extrapolando a los pensadores de la naciente República, Caro era el que más se acercaba a la forma de pensar de Bolívar, recordemos que el Libertador en una carta del 14 de septiembre de 1826 al mariscal Santa Cruz reconocía su inevitable destino respecto de la figura de la dictadura y se refería a ella así. “La dictadura que me espera debe operar una reforma completa, porque la organización misma que tenemos es un exceso de fuerza mal empleada; y, por consiguiente, dañosa”.

Ahora bien, en ese orden de ideas y  guardadas las justas y legitimas proporciones algunos autores mencionan que don Miguel Antonio Caro se encontraba en ese dilema denominado la: “disyuntiva, democracias restringidas”.[2]

 

Que visto desde otra perspectiva no es otra cosa que la reforma, la Regeneración enmarcada en la Constitución colombiana de 1886[3], que discutible o no respondía a la necesidad de política de freno y de prudencia que requería la República o mejor aún el constituyente real primario. 

 

Pd. Espero que el columnista y profesor Mario Huertas no evada la discusión.

[1] https://publicaciones.banrepcultural.org/index.php/boletin_cultural/article/view/6428/6640

[2] Sierra, R. (Comp.). (2002). Miguel Antonio Caro y la cultura de su época. Bogotá, Colombia: Universidad Nacional.

[3]https://www.funcionpublica.gov.co/eva/gestornormativo/norma.php?i=7153