CALIFICACIONES Y TOMA DE DECISIONES

Por: Andrés Villota Gómez 

 

Cuando John Moody publicó en 1.909 sus consideraciones sobre emisiones de Bonos de la industria de los trenes, lo que hizo fue un ejercicio de análisis en el que trató de sintetizar toda la información disponible y los riesgos de pago o impago de los Bonos por parte de las Empresas que los emitieron, en una calificación.

 

Se entiende esa labor, en una época en que la difusión de la información era bastante compleja y que tenía serias limitantes en el acceso a la misma. Sumado al desconocimiento de los inversionistas en la industria incipiente de las inversiones y de los servicios financieros que, dista mucho de ser, la que hoy conocemos.

 

Las Calificaciones son solo opiniones. Así lo dejaron claro los diferentes Directores Ejecutivos de las Calificadoras de Riesgo que comparecieron ante el Congreso de los Estados Unidos de América. Citados para esclarecer su participación en la Crisis Financiera del 2008 por haberle otorgado la mejor calificación posible a Titularizaciones de Carteras Hipotecarias formadas por una canasta de Hipotecas que no, necesariamente, todas eran de la misma y de la mejor calidad.

 

No se pudo probar ningún tipo de participación de las Calificadoras de Riesgo en la debacle del mercado porque, en últimas, el que toma la decisión de inversión es el Administrador del Portafolio de Inversión. Es decir, la calificadora de riesgo puede otorgar sus calificaciones pero es solo la opinión de un analista frente a una emisión o a un emisor que puede aportar un elemento más a tener en cuenta en el proceso de la toma de decisiones. Un tomador de decisiones responsable no tiene en cuenta, solamente, una calificación de riesgo.

 

En el Mercado de Deuda Pública externa, las calificaciones de riesgo se convierten en un termómetro de las condiciones económicas de un país con base a las expectativas que generan las realidades del presente en escenarios futuros que, no necesariamente refleja otras realidades que pueden garantizar el pago de las obligaciones contraídas por el país emisor de un bono.

 

Las mejores calificaciones se las otorgan las Calificadoras de Riesgo a los países que representen un menor riesgo relativo para los inversionistas que adquieran esos títulos representativos de deuda. Por lo tanto, a los países mejor calificados, su costo de endeudamiento se reduce. El precio de un Bono de Deuda Pública Externa, es una prima de riesgo inversa que paga el inversionista. El inversionista paga más por el Bono menos riesgoso, y paga menos por el Bono que su tenedor asume un mayor riesgo de impago por parte del país emisor del Bono.

Una forma de medir el costo de la Deuda Pública Externa, es la diferencia entre el costo del endeudamiento de los Estados Unidos de América a través de Bonos del Tesoro a 10 años (que hace las veces de benchmark) y el de los Bonos de referencia de otros países. En el caso de los Países Emergentes, existe un Índice que es el EMBI (Emerging Markets Bond Index). Viendo el comportamiento histórico de ese Índice para Colombia encontramos que, el costo más bajo de endeudamiento lo ha tenido Colombia durante el gobierno del Presidente Álvaro Uribe, cuando teníamos la calificación de BB+ (por debajo del grado de inversión).  

 

Lo anterior se explica por la importancia que tiene para los inversionistas, la Gobernanza. La Gobernanza se convierte en una medida de eficiencia por el manejo transparente de los recursos del Estado que, trasciende las mediciones macro económicas de un país y asegura en el futuro el pago de las obligaciones contraídas por un país.

 

Por eso le va tan mal a las Dictaduras con el costo del endeudamiento público externo. Porque el riesgo que ese país deje de pagar sus obligaciones, es muy probable que se materialice. Es la lógica consecuencia al perderse la división de los poderes públicos, por la falta de objetividad de los organismos de control y vigilancia, porque el gasto público se hace a discreción del Tirano de turno, y por la malversación de recursos que causa la vorágine de corrupción que campea en los Regímenes Autoritarios.

 

En Colombia, como en la mayoría de las Democracias Liberales, en medio de coyunturas económicas difíciles, se aumenta la eficiencia en el gasto público y se le da prioridad a las necesidades reales del país. Dejando a un lado los contratos a las actrices y cantantes, a los medios de comunicación y a los sociólogos que construyen baños públicos. Lo que nos prepara para responder de manera adecuada y suficiente con las obligaciones que contrae la nación. Eso los inversionistas, lo saben.