BOGOTÁ YA TIENE PLAN DE DESARROLLO

Por: Gloria Díaz Martínez

 

Las dinámicas políticas han confluido en que los Planes de Desarrollo imponen la visión de una ideología durante los cuatro años en los que tienen vigencia y cada vez que llega un nuevo gobernante cambia dicha forma de entender el desarrollo, casi como si se tratara de un “borrón y cuenta nueva”, perdiendo muchas veces los avances y logros que se pudieran haber conseguido. Sin embargo, la pandemia del COVID-19 ha traído consigo efectos diversos, trasformando incluso la forma como se concibe el “gobernar”.

 

De ahí, que la prospectiva cobre gran relevancia. Entendiéndose como la oportunidad de cambiar la visión cortoplacista e individualista del “gobernar”, por visiones compartidas que respondan a las dinámicas del presente, como por ejemplo la necesidad de materializar la Bogotá-Región.

 

En ese sentido, los Planes de Desarrollo no pueden limitarse a ser un instrumento político de quien gobierna por un período de cuatro años, sino que deben convertirse en la herramienta propicia para la construcción colectiva con visión de futuro, contribuyendo a identificar las decisiones estratégicas necesarias y materializando en acción institucional los propósitos, programas y metas que se fijen.

 

Ahora bien, es importante que esa acción institucional se rija por los principios  de transparencia, por medio del suministro de la información sobre lo que está haciendo el gobierno distrital y promoviendo la rendición de cuentas ante la ciudadanía; la participación, fomentando el derecho de la ciudadanía de involucrarse activamente en la formulación de las políticas públicas y así alimentar el actuar institucional con el conocimiento, ideas y experiencia de los ciudadanos, generando nuevos espacios de intercambio que den protagonismo a los ciudadanos en los asuntos públicos; y colaboración, comprometiéndolos en la resolución conjunta de los problemas públicos, lo que genera sentido de pertenencia y, por lo tanto, apropiación de ciudad.

 

Otro tema que debe orientar la planificación es la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). En este sentido, se debe reconocer que hoy más que nunca los Planes de Desarrollo, deben estar alineados con el Gobierno Nacional, trazando una hoja de ruta que lleve a las ciudades a dar cumplimiento de esos acuerdos globales, sin desconocer las prioridades que existen en el plano local y en la realidad de la ciudad.

 

Indudablemente, justo ahora, nuestra sociedad espera de sus gobernantes respuestas claras y contundentes sobre cómo saldrán las ciudades de los estragos ocasionados por la pandemia del COVID-19 y cómo afrontarán la “Nueva Normalidad” por medio de sus decisiones sobre política pública, la formulación de objetivos y los proyectos de inversión.

El Plan de Desarrollo “Un Nuevo Contrato Social y Ambiental para el Siglo XXI”, es la hoja guía para la administración de más de 109 billones de pesos en estos tiempos de crisis

Por lo anterior, variables como el tedioso aislamiento social, la nefasta caída de la economía y el manejo sanitario, juegan un papel indispensable en el planteamiento y ejecución de los Planes de Desarrollo de cada uno entes territoriales.

 

Bogotá no es la excepción, su Plan de Desarrollo “Un Nuevo Contrato Social y Ambiental para el Siglo XXI”, es la hoja guía para la administración de más de 109 billones de pesos en estos tiempos de crisis, en los que las necesidades básicas han aumentado, así como los urgentes problemas por resolver. En este sentido, son varios los puntos por rescatar, el reconocimiento de un mínimo vital para los hogares más vulnerables, el fortalecimiento del presupuesto al sector de la mujer, la creación del Sistema Distrital del Cuidado, la prevención en materia de salud física y mental, la mejora en la gestión de instituciones de salud, la apuesta por la integración regional buscando fortalecer y potenciar a la “Ciudad – Región”, el fortalecimiento de los Fondos de Desarrollo Local, la creación de una Agencia Analítica de Datos, la creación del Fondo de Desarrollo Turístico de Bogotá (FONDETUR), la ampliación de la utilidad de los recursos recaudados por concepto de la Estampilla para el Bienestar del Adulto Mayor, el fortalecimiento de la protección de los animales silvestres y domésticos, la implementación del Sistema de Bicicletas Públicas, la creación del Plan de Prevención y Atención Efectiva, Humanizada e Integral de salud mental y de prevención de la explotación sexual de niñas, niños y adolescentes (ESCNNA), así como la implementación de la estrategia Bogotá Productiva 24 Horas, que representa un gran avance en temas que la ciudad tiene pendientes y que serán de gran importancia para su recuperación post COVID-19.

 

Si bien se reconoce la voluntad política de construir sobre lo construido y avanzar hacia una ciudad más equitativa y con mayores oportunidades, aún quedan grandes inquietudes, principalmente asociadas a la manera cómo se dará cumplimiento a dos importantes obligaciones que tiene Bogotá: salvar vidas y mitigar el impacto que ha tenido la pandemia sobre el tejido productivo asociado a la generación de empleo. Por ello, no es un desafío menor aquel al que nos enfrentamos actualmente quienes ejercemos el importante control político, tarea que es la piel viva del mandato ciudadano que nos ha sido delegado.