APOCALYPSE NOW

Por: Jorge Yarce 

 

No voy a hablar de la película ni a decirles que la vean de nuevo. Solo voy a hablar de la  promesa hecha por Dios en el libro del Apocalipsis, 21, 5. “Dijo el que está sentado en el trono: he aquí que vengo y hago nuevas todas las cosas”. Quisiera que fuera un aviso luminoso gigantesco para todo el mundo, que todos lo viéramos y lo tuviéramos en la pantalla de nuestros computadores o celular como primera cosa nueva que salte a nuestra mente que la confianza en que esa profecía del libro sagrado, palabra del Señor del Universo se está cumpliendo ahora, porque ya nos damos cuenta de que hay muchas cosas nuevas, signos de renovación en el mundo:
 

- Se ha dado un golpe mortal  al consumismo, con la paralización de todos los comercios y muchos lugares donde la gente suele colmar sus  ansias de comprar y comprar, así no lo necesitase, impulsada por la  frenética y manipuladora publicidad.

- Una mayor conciencia de no abusar más de la naturaleza, después de décadas de advertencias del agotamiento del medio ambiente y de muchos recursos naturales por los malos hábitos de la gente y la explotación desenfrenada de los mismos.

- Una renovación en las personas ante el dinero, para que no lo busquen con el mismo ahínco. El capitalismo salvaje que domina todas  las economías ha sufrido una herida mortal. Todo el mundo tiene menos, debido a la catástrofe, y algunos solo para sobrevivir con enormes dificultades. Los que han tenido mucho, que suelen tener muy alejado su corazón de la pobreza y miseria de la inmensa mayoría del mundo, tienen la oportunidad de cambiar y contribuir seriamente a que haya mayor equidad económica y social en todos los países. Si no lo hicieren se confirmaría lo que sea dicho a gritos: el mundo lo maneja un puñado de superbillonarios que quieren hacer cada día más dinero, y tranquilizan su conciencia creando fundaciones para los niños hambrientos de África, sin hacer nada sustancial para aminorar  la injusta distribución de la riqueza en el mundo. La oportunidad alcanza a los políticos, para que combatan en serio la corrupción, empezando por ellos mismos.

- Renovar el deporte y el espectáculo para que no sean gigantescos negocios en mano de mafias corruptas que logran una adhesión exagerada en las masas de todo el mundo.

- Que haya unos medios de comunicación comprometidos con la verdad, que no se dejen arrastrar por la mentira, el engaño y la manipulación de los poderosos del dinero o del poder político.

- Un cambio para sacar  a la educación de la marea de la tecnología y para que los centros escolares se obsesionen en formar, ante todo, para el futuro, ciudadanos de bien, constructores de sociedades más justas.

Pensar en las profesiones no para lograr una posición social y económica, sino el ejercicio de una tarea para servir a los demás y mejorar la calidad de vida y la convivencia ciudadana. Y así sucesivamente.

- Rechazar la adoración por el mundo animal, que lleva muchas veces a tratar mejor a los animales que al hombre. Muchas familias no quieren tener hijos y dedican su afecto a un perro o a varios. No olvidar que los animales tienen mucho que ver con los problemas de salud humana. Son excelentes portadores de toda clase de virus y es triste ver que en muchos casos el amor a ellos aleja del amor a las personas.

- Renovar la participación y el diálogo en todos los niveles: familia, escuela, empresa, organizaciones sociales y políticas, para que esta, más que un sistema electoral, sea la gestión eficaz del desarrollo económico y social de cara al bien común.

- Y así sucesivamente podríamos añadir muchas más cosas.

- Es tiempo para confiar en que Dios ha dado el mundo como herencia (Génesis 2), para que lo trabajara y fuera el hombre el instrumento de Dios para que se cumpla aquello de que “he aquí que vengo y haré nuevas todas las cosas”. Dios, dice la Biblia, “vió lo que había creado y que era bueno”. Es el hombre el que no ha cumplido bien su tarea y ha estropeado el mundo, pero sigue teniendo la misión delegada por Dios y ayudado por él de hacer nuevo el mundo que habitamos.