ALEGRÍA DE VIVIR

Por: Jorge Yarce

“La alegría está en todas partes, en la verde cubierta de nuestro planeta, en la azul serenidad del cielo, en la carne viva que anima nuestro cuerpo, en el perfecto equilibrio de la figura humana, en el vivir, en el aprender, en el luchar" (R.Tagore). La vida está diseñada con la alegría y para ella. El ser humano es el único que en la naturaleza ríe y se alegra. Así como es el único capaz de hacer promesas. Y la mejor promesa que podemos hacer es la de sembrar siempre alegría a nuestro alrededor. Los demás necesitan nuestra alegría y somos la presencia mensajera que la lleva a sus vidas.

La alegría humana, decía Escrivá, no es “la mueca del animal sano”, es sonreír auténticamente a la vida, es la fiesta que nace primero en el espíritu, es encontrar un sentido a todo lo que hacemos y hacerlo con entusiasmo. Es algo que tiene unas raíces interiores que aguantan el viento de la enfermedad, que resisten la amenaza de la tristeza: “es el signo inequívoco que revela que la vida ha triunfado” (Bergson).

  • La alegría es una satisfacción interior, fruto de hacer las cosas bien y, sobre todo, fruto del amor que es su fuente natural.

  • Si amamos tenemos razones para estar alegres. Mucho más cuando amamos más a los demás que lo que los demás nos aman a nosotros: entonces desbordamos de alegría.

  • La alegría es el buen tiempo del corazón y hay que saber aprovecharlo derramando a manos llenas la alegría que brota en él.

  • Tener una vida alegre es un premio al corazón, porque es allí donde se filtran las realidades de signo positivo o negativo, y surge su impacto emocional decisivo sobre la persona.

  • Un corazón dispuesto a ser feliz, a encontrar motivos de alegría en medio de los más diversos acontecimientos, es un corazón que impulsa a la persona decididamente a vivir alegre.

El carácter de las personas, su buen ánimo, su apertura, su visión de la vida, facilitan y disponen a la alegría. Muchas veces es resultado de un esfuerzo por realizar acciones y adquirir ciertos hábitos difíciles de mantener establemente. En ese sentido, la alegría es una valiosa conquista, resultado de buscar el bien y realizarlo.

De cara a los demás, la alegría es un don que les ofrecemos cuando en nuestra vida hay un constante esfuerzo por ayudarles. No surge espontáneamente, sino a través de una actitud de estar pendiente de que los demás estén bien, estén alegres. Y de no pensar demasiado en las propias cosas. Si se alegra uno con el bien de los demás, es mucho más fácil sentirse alegre uno mismo.

La clave para vivir la alegría está en alcanzar la armonía consigo mismo y con quienes nos rodean. Procurar hacer bien todo lo que nos toca hacer, hacerlo a gusto, con optimismo y buen humor, que son valores cercanos a la alegría y expresión suya.

Signos de alegría

  •  La alegría nace de la búsqueda del bien en los detalles y situaciones más sencillas de cada día.

  • El que está alegre promueve la alegría en los demás y estando pendientes de sus necesidades, ayuda a su alegría.

  • Una visión optimista de la vida dificulta que las situaciones negativas menoscaben nuestro ánimo y nos lleven a sentir tristeza.

  • Todos tenemos la posibilidad de estimular la alegría en el ambiente en que vivimos, para así ayudar a que las cosas salgan bien.

  • La presencia de los otros nos debe llevar a mirarlos con buenos ojos, no con prevención o cálculo, viendo primero sus cualidades que sus defectos. Eso alegra.

  • La actitud positiva de las personas es un impulso para que los demás logremos el éxito en nuestras acciones y, como consecuencia, tengamos alegría.

  • El pesimismo socaba al optimismo, tan necesario para luchar por objetivos y metas y evitar una visión negativa que hace más difícil resolver los problemas.

  • La ligereza en el obrar, como la falta de perspectiva, de ilusión o de visión para mirar el futuro, no nos permiten reconocer las razones para estar alegres.

  • Mirar las cosas que hemos hecho bien nos ayuda a encontrar el camino de la alegría.

  • El espíritu de servicio está íntimamente conectado con la alegría.

Recordemos a Tagore otra vez: “Dormía..., dormía y soñaba que la vida no era más que alegría. Me desperté y vi que la vida no era más que servir... y el servir era alegría”.