27 DE ABRIL, EL DÍA CERO

Por: Javier A. Prada

¿Qué pasará en las calles, oficinas y fábricas a partir del 27 de abril, en las ciudades y, en general, en todos los municipios del territorio colombiano? Sin lugar a dudas, saldrán muchas personas, con ciertas limitaciones, claro está. ¿La razón? Ir reactivando la economía y evitar así una mayor tragedia que la ocasionada por la expansión del coronavirus. Pero, ¿cuáles serán las consecuencias?

 

Aquí surge una gran incertidumbre, porque el colombiano promedio, pareciera[1], no es cumplidor a cabalidad de las normas que le son impuestas. No en vano, en las calles se ha visto todo tipo de incumplimientos de la norma de aislamiento, así como de las medidas de protección en cuanto al uso del tapabocas y la separación mínima entre las personas. Afortunadamente, los sistemas de transporte público estarán restringidos, y las empresas que reiniciarán operaciones deben facilitar el transporte de sus empleados, sin embargo, por lo menos en el caso de Bogotá, ¿las filas para ingresar a los portales y estaciones de TransMilenio serán peores que las ya acostumbradas?

 

Así se podría entrar a analizar cada una de las realidades que se vivirán en las calles a partir del 27 de abril. Sin embargo, lo más importante, ¿el virus presentará una mayor propagación? Seguramente, sí. Surgen más cuestionamientos, como por ejemplo, ¿estas primeras 5 semanas de cuarentena habrán servido para que el sistema de salud se pusiera a punto para afrontar una fuerte propagación similar a la que afrontan países como Ecuador o Brasil? En caso que la respuesta a la anterior pregunta sea no, ¿qué haremos? ¿El personal de salud[2] tendrá que bajar la cabeza y asumir una avalancha de trabajo, asumiendo un mayor riesgo de contagio respecto al que ya han asumido? Por lo menos, ¿ya tienen asegurada la dotación de los implementos necesarios de protección personal para evitar el contagio? ¿Ya se cuentan con el número suficiente de respiradores artificiales para afrontar un gran crecimiento de enfermos en las UCI?

 

Sectores como el de la construcción y manufactura, retomarán labores. Si bien son grandes generadores de empleo, empero, frente a la cultura de violación de las normas, tan arraigada en muchos colombianos, pareciera que hubiera sido mejor haber tenido, por lo menos, un intervalo de una semana[3], entre el reinicio de un sector y otro, para así poder tener mayor control en las calles y un poco más de tiempo para ir evaluando las medidas tomadas, acorde a las situaciones que se den de facto tanto en la propagación del virus, como en cuanto a la dinámica de miles de personas circulando por todas partes. Por otra parte, se debería extender la medida obligatoria para que muchas empresas, por lo menos hasta finales de mayo, mantengan a sus empleados en teletrabajo, tal como se va a hacer en el sector de educación.

 

¿Qué va a sobrevenir en los próximos días? ¿El gobierno nacional se apresuró a reiniciar varios sectores económicos en un mismo día? ¿Los poderosos gremios económicos influyeron en esta decisión? ¿La ciudadanía acatará con suma responsabilidad las medidas de protección en las calles, en los medios de transporte y en sus trabajos? ¿La Policía Nacional tendrá suficientes efectivos para controlar a “los vivos” que incumplan las normas? Dios quiera que la propagación del virus no se convierta en una verdadera tragedia, que después conlleve tomar medidas más severas de aislamiento social, trayendo consigo un gravísimo detrimento de la economía. Amanecerá y veremos.

 

PD: ¿Cuándo se permitirá que los niños, con los cuidados del caso, puedan salir por un momento para tener un tiempo de recreación fuera de sus hogares? Cosa distinta es volver a los jardines escolares y colegios. Por ahora, esto último no se ve conveniente, por lo menos en lo que respecta a los más pequeños. Yo soy padre de cuatro niños.

Datos[4] en Colombia a 25 abril: 5.142 contagiados, 233 fallecidos, 1.067 recuperados.

Los bancos, por lo menos en su línea de préstamos por medio de tarjetas de crédito[5], no han modificado para nada las tasas de interés de manera que hubiera, un poco así fuera, aliviado a quienes han visto disminuir drásticamente sus ingresos.

 

[1] Ver artículo https://www.elmetropolitano.com.co/covid-19-y-cultura-ciudadana

[2] Y, claro está, las familias de quienes han sido los verdaderos héroes en esta difícil situación.

[3] Soy consciente que este tipo de observaciones puede generar rasgadura de vestiduras por quienes priorizan la economía frente a la emergencia sanitaria, argumentando que, de no ser así, todo va a ser peor.

[4] Fuente: INS – Ministerio de Salud.

[5] Las tasas de interés de las tarjetas de crédito, por lo general, están muy cerca de la tasa de usura definida por la Superintendencia financiera, que para abril de 2020 es del 28,04% efectivo anual.